Dos golpes al caudillismo de Puigdemont

La insumisión del PDeCAT y el nacimiento del PNC podrían estar anticipando la deconstrucción del personaje.Ya no hay un bloque político, el trabalenguas está servido

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Detrás de los pre-pandémicos Torra y Puigdemont, ya no hay un bloque político. Hay un trabalenguas. Pujolismo deconstruido. Nacionalismo confuso que perdió la brújula cuando su falso profeta perdió el oremus y se instaló en Waterloo huyendo de la Justicia española. La insumisión del PDeCAT y el nacimiento del PNC, dos golpes al caudillismo del 'expresident', también podrían estar anticipando la deconstrucción del personaje.

A imagen y semejanza del PNV (Partido Nacionalista Vasco), moderado, pragmático y, en su peor versión, adicto a las nueces desprendidas del árbol que agitan los falsos profetas, acaba de fundarse el Partido Nacionalista Catalán, cuyo independentismo remite a “un referéndum legal y pactado que tenga cabida en la UE”, dice su flamante portavoz, Oriol Puig.

En su carrera de sacos por ser más antiespañol que nadie, Torra sufre un ataque de contrariedad porque el nuevo partido declara su lealtad a España

Igual de independentista, aunque sin prisas, por lo legal y en concierto con el Gobierno de España. Es decir, 'vía escocesa' y 'catalanismo integrador', incompatibles con el choque de trenes, el bilateralismo y la desobediencia civil. Los tres componentes de la desdichada operación secesionista (octubre de 2017), que siguen vivos en el conminatorio discurso del nacionalismo gobernante. Con Puigdemont fugado, Torra a punto de la inhabilitación y Laura Borràs bajo la lupa del Tribunal Supremo, ese discurso va camino de quebrarse. No solo porque el socio, la ERC de Junqueras, ya tiene agenda propia ante las urnas. También por la disgregación de la antigua CDC de Pujol, que es una familia política absolutamente desestructurada.

Véase la reacción del todavía presidente de la Generalitat ante el nacimiento del PNC, liderado por Marta Pascal. En su estúpida carrera de sacos por ser más antiespañol que sus conmilitones, Torra ha escenificado un grotesco ataque de contrariedad porque, según él, "el nuevo partido declara su lealtad a España". Lo cual ha suscitado una sonrojante puntualización exculpatoria de Pascal: “No hemos dicho que debe haber lealtad de Cataluña hacia España, sino lealtad entre Cataluña y España”.

Los restos del naufragio de CiU se han convertido en un trabalenguas de grupos que buscan su lugar al sol en las próximas elecciones catalanas

Las pautas del nuevo partido nacen del movimiento civil El País de Demá (empresarios, profesionales liberales, académicos y exdiputados) y podrían asimilarse perfectamente a las de un sector del PDeCAT, liderado por David Bonheví, cuya ejecutiva (no el Consell Nacional, pendiente de pronunciarse) rechazó hace tres días el requerimiento de Puigdemont a disolverse. Dos formas de disidencia en la familia posconvergente. Ambos rechazan los llamamientos del 'expresident' a integrarse en un futuro partido único y, de momento, en JxCAT (el poder de hacer las listas), los dos controlados desde Waterloo, claro.

Por tanto, si en el PDeCAT gana el sector reacio a perder su autonomía como partido, aunque otro sector (el más cercano a los llamados 'presos políticos') se vaya con JxCAT, en las próximas elecciones podrían competir cinco candidaturas nacionalistas (las tres posconvergentes, más ERC y CUP), aunque tampoco es descartable una confluencia del nuevo partido (PNC) con un PDeCAT libre de la tutela de Puigdemont. O incluso con los democristianos de Units per Avançar, que fueron a las últimas elecciones con los socialistas de Iceta.

Si han sido ustedes capaces de mantener la atención, habrán advertido ya el carajal reinante entre los restos del naufragio pujolista. El trabalenguas está servido, si tenemos en cuenta que también buscan su lugar al sol otros asteroides de la antigua CiU. Empezando por el citado Units per Avançar (refundación de Unió), de claras coincidencias de planteamiento con el recién fundado PNC. Sin olvidar a Lliures (catalanismo liberal de Fernández Teixidó) o a Convergents (catalanismo moderado de Germà Gordó).

Al Grano
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