El tronante silencio del vicepresidente Iglesias

Dina tiene nombre de huracán y puede llevarse por delante al líder de Podemos si no despeja las sospechas que planean sobre su figura

Foto: El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias. (EFE)
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias. (EFE)

Le faltó tiempo para rasgarse las vestiduras y apelar a la Justicia cuando alguien dijo que era hijo de un terrorista. Sin embargo, responde con un atronador silencio a quienes le acusan de mentir, manipular y ser un habitante de las cloacas, además de estar judicialmente investigado por un delito informático y otro de revelación de secretos, en relación con el teléfono robado a su asesora europea, Dina Bousselham.

Olor a cloaca o chismografía nacional, esa es la cuestión. ¿Cuál es la sustancia del asunto? Algunos pensamos en un enredo de farsantes baratos, como adolescentes en los pasillos del instituto, pero sin farsa digna de tal nombre. Casi mejor que se quede en historias de cama o brotes de machismo-leninismo y no haya necesidad de adentrarse en escándalos de mayor cuantía, como la burla a la Justicia, la delincuencia de Estado o el uso de las instituciones en la guerra política.

Olor a cloaca o chismografía nacional. ¿Cuál es la sustancia del asunto? Algunos pensamos en un enredo de farsantes sin farsa digna de tal nombre

Como acusador o como acusado, a la vista del vuelco sufrido en el caso de la tarjeta digital donde Iglesias Turrión había dejado sus huellas, incluida la de macho alfa, en las cloacas hay sitio para todos. Desde un policía corrupto hasta un idealista que degeneró en vicepresidente del Gobierno, pasando por el pequeño Nicolás, el tráfico de bulos, la compraventa de trapos sucios y ciertas formas del periodismo de 'investigación'.

Erigiéndose en defensor del Estado de derecho, un acreditado profesional de la difamación y el chantaje con fines lucrativos como el comisario jubilado Villarejo denunció ayer los “métodos antidemocráticos” de Unidas Podemos que envilecen la política nacional.

Tal cual, oiga. Ya solo nos faltaba eso. Que desde la prisión que habita hace dos años y medio por presuntos delitos de cohecho, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal, el famoso comisario acabase acusando a un vicepresidente del Gobierno de utilizar como “felpudo” la Fiscalía Anticorrupción, en implícita referencia a la relación personal del fiscal Stampa y la abogada de Podemos Marta Flor.

El comisario Villarejo, un profesional del chantaje con fines lucrativos, acusa a la Fiscalía de dejarse utilizar como el felpudo de Iglesias

Pero todo eso cuelga del culebrón Dina. Tiene nombre de huracán y puede llevarse por delante al líder de Podemos si no despeja las sospechas que, en forma de nube negra, planean sobre su figura. Si no, entenderemos que tiene algo que ocultar. Una deducción lógica en un adicto a los micros y las cámaras, que nos deja pendientes de su reaparición pública del domingo que viene en Vigo.

Seguimos echando en falta una explicación convincente del porqué y el para qué retuvo en secreto durante seis meses la memoria digital de su asesora, robada en su día (noviembre de 2015) por un descuidero, y en qué condiciones la devolvió (¿machacada, como dijo su dueña antes, o en buen estado, como dijo más tarde?), después de haberla recibido de manos del editor de la revista 'Interviú', a cuya redacción fue a parar la tarjeta robada.

Al Grano
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