España se la juega en Bruselas

Nuestro país no está en las mejores condiciones de lograr un acceso ventajoso al manguerazo de inspiración franco-germana propuesto por la Comisión

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
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La recuperación económica y la estabilidad política de España dependen del maná financiero de la UE. De momento, solo un borrador, pendiente de ultimar cuantía y criterios de reparto.

Entre valores y números, esa batalla se está librando este fin de semana en Bruselas. El resultado es muy incierto. Y más lo será si Moncloa no se hace a la idea de que el maná de hoy —es un decir, pues no estará disponible hasta la primavera de 2021— son los recortes de mañana.

Por lo visto y oído en estas primeras horas de la cumbre de presidentes, se abren paso dos conclusiones provisionales. Una, España no está en las mejores condiciones de lograr un acceso ventajoso al manguerazo de inspiración franco-germana propuesto por la Comisión —750.000 millones de euros—. Y dos, la 'fumata' blanca necesitará de una segunda cita de los 27, sin que podamos descartar una tercera.

En la pugna entre hormigas y cigarras, frugales contra derrochadores, rigor fiscal y pólvora de Rey, España aparece como un socio poco fiable

Los precedentes no juegan a nuestro favor. En la pugna entre hormigas del norte y cigarras del sur, frugales y derrochadores, rigor fiscal y pólvora de rey, España aparece como el socio poco fiable que predica europeización mientras ignora la ortodoxia presupuestaria incumpliendo sus compromisos en materia de reformas, gobernando con ministros comunistas, resistiéndose a suprimir gasto público improductivo —pensionistas y funcionarios se tientan la ropa— y proponiendo subidas de impuestos que incentivan la deslocalización de empresas en medio de un pospandémico derrumbamiento del PIB.

El presidente del Gobierno se defiende apelando al "diálogo" y la "unidad", en nombre de los valores fundacionales de la UE. Es su argumentación preventiva frente al rigorismo fiscal de los llamados "frugales", que están encontrando un insospechado eco entre los países de la antigua órbita soviética y otros, aunque duela en Moncloa, ideológicamente próximos a Sánchez. Pero, ojo con el narcisismo de los valores —unidad, diálogo, respuesta común—, porque también lo son el rigor, el compromiso y la coherencia, manejados por quienes quieren saber de antemano cómo piensa gastarse, España, por ejemplo, el dinero del Fondo de Recuperación que pueda corresponderle en modo préstamo o en modo subvención.

Ojo con el narcisismo de los valores —unidad, diálogo, respuesta común—, porque también lo son el rigor, el compromiso y la coherencia

Y por eso, frente a la apremiante necesidad española de afrontar ya mismo el hundimiento de una economía recostada en el sector servicios —el más afectado por la crisis del coronavirus—, los "frugales" oponen la "condicionalidad" de la ayuda. Muestran una firme oposición al modo subvención —genera deuda europea—, son más receptivos al modo préstamo —a devolver con intereses— y exigen garantías de que se acometerán las reformas pendientes por incumplimiento de anteriores compromisos.

Ese es el fondo de la cuestión en la batalla de Bruselas, donde, como se ha dicho, Europa se la juega y España también. Y no estamos en las mejores condiciones para hacernos valer. Se vio en la fallida candidatura de la vicepresidenta, Nadia Calviño, a la presidencia del Eurogrupo, y se desprende de la imagen tóxica de un Gobierno desatento con la ortodoxia fiscal.

No todos esos vectores del problema salen a relucir, pero todos cuentan hoy por hoy en la forja de una credibilidad de la que España carece por unas y otras razones. Y nada de rasgarse las vestiduras ante el muro que este fin de semana nos van a plantar en Bruselas. Es lógico que Europa nos exija una memoria económica creíble.

Al Grano
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