Sánchez y Casado prefieren la confrontación

Continúan cómodos en sus barricadas, mientras Moncloa nos miente sobre su ficticio deseo de contar también con el PP para sacar adelante los Presupuestos

Foto:  El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe al líder del PP, Pablo Casado. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe al líder del PP, Pablo Casado. (EFE)
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PP, Pablo Casado, tiran por elevación en asunto de tanta cuantía como el manguerazo europeo —140.000 millones de euros— para nuestra recuperación económica. Gracias al Gobierno, según Sánchez. A pesar del Gobierno, según Casado.

Ni rosas ni libros entre ambos. Nada nuevo. Su cruce parlamentario en la última sesión de control confirmó el recíproco interés en mantener la lógica del enfrentamiento entre quienes tienen el poder y quienes aspiran a tenerlo.

No es mal síntoma en el sano funcionamiento de una democracia cuando la matemática ofrece al Ejecutivo la posibilidad de formar una mayoría que garantice la gobernabilidad del Estado sin comprometer la alternativa de poder reservada al principal partido de la oposición. Es justo y necesario que, cuando las cosas vienen mal dadas, sepan los ciudadanos que hay otra forma de hacer las cosas.

A eso juega Casado. En ningún caso apoyará los "presupuestos de la reconstrucción" (PGE 2021, cuyo proyecto saldrá de Moncloa antes del 1 de octubre), aunque respalde causas de interés general, como la mejora del sistema sanitario o la apuesta europea. O iniciativas que "al menos no hagan daño", suele decir antes de precisar: "Pero no me pidan que forme parte de los planes de Sánchez".

Y a eso también juega Sánchez cuando reclama del PP su imposible adhesión inquebrantable.

Ambos están cómodos a uno y otro lado de la barricada, esperando rentabilizar en las urnas sus respectivas estrategias, mientras Moncloa nos miente sobre su ficticio deseo de contar también con el PP para sacar adelante los PGE. Aunque vayan irremediablemente juntos en la defensa de la Monarquía.

Casado no está en eso, convencido de que "apoyar los PGE es apoyar una segunda investidura de Sánchez". O sea, quedar atado de pies y manos durante tres años. Eso es tanto como desarmar a la oposición real. En lo que está el líder del PP es en la optimización del voto de centro-derecha, una vez que Ciudadanos ha decidido pescar en nuevos caladeros de centro.

Por supuesto que estas estrategias están amenazadas por la incierta evolución de los acontecimientos, a sabiendas de que la iniciativa le sigue correspondiendo al Gobierno. Aquí y ahora el reto inmediato es acceder al maná financiero aprobado en la reciente cumbre de la UE, cuya condicionalidad no permite una salida de la crisis por la izquierda. No, al menos, mediante las propuestas del socio de coalición.

No hay que hacerse trampas en el solitario. Las ayudas europeas de hoy son los recortes de mañana, por mucho que el Gobierno, en lenguaje creativo de la ministra González Laya, declare que no se trata de recortar sino de "una gestión prudente de nuestros recursos".

Ya me contarán cómo llamamos al hecho de reducir el gasto público no productivo como condición necesaria del imprescindible arropamiento financiero de la UE, clave de nuestra recuperación económica, siempre que el coronavirus no impulse un nuevo estado de alarma en otoño.

Al Grano
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