Lo que esconde el veto de Podemos a Ciudadanos

El vicepresidente Iglesias se deja limar las uñas en vísperas del encuentro de Sánchez con la líder de Cs, Inés Arrimadas, previsto para hoy en Moncloa

Foto: Un grafiti del artista J. Warx del vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias. (EFE)
Un grafiti del artista J. Warx del vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias. (EFE)

El presidente del Gobierno pone al Ibex y los sindicatos por testigos de su aireada apuesta unitaria por él encabezada. Pero la realidad no le copia. La realidad es que Podemos, el socio preferente, se declara incompatible con Ciudadanos, el socio ocasional, y Ciudadanos se declara incompatible con Podemos. Uno de los dos cederá para avalar el compromiso de estabilidad formulado por Sánchez. Y ese será Podemos porque “fuera del Gobierno no tiene vida”, me dice un habitual del Consejo de Ministros.

Lo que esconde el veto de Podemos a Ciudadanos

Lo demás son razones añadidas, aunque no menos relevantes. Por ejemplo, la salida de la crisis por la izquierda, apadrinada desde dentro del Gobierno por el vicepresidente Iglesias Turrión, no calza ni de lejos en el tutorial europeo que guiará la elaboración de los “PGE de la recuperación”. El que paga manda. E ignorar el tutorial de Bruselas en favor de una salida de la crisis al gusto de UP, ERC y Bildu sería un irresponsable brindis al sol, si hemos de acceder a los generosos y solidarios fondos destinados por la UE a superar los efectos de la pandemia.

La salida de la crisis por la izquierda, apadrinada por Iglesias, no calza ni de lejos en el tutorial para los “PGE de la recuperación”. El que paga manda

El vicepresidente lo sabe y por eso se deja limar las uñas en vísperas del encuentro del presidente con la líder de Cs, Inés Arrimadas, previsto para este miércoles en Moncloa. Acepta la doctrina incluyente de Moncloa, siempre que las líneas generales de los PGE 21 a negociar hayan sido previamente consensuadas por los dos socios del Gobierno. Una obviedad que hacía innecesario el reparo de Podemos, 24 horas después de que los portavoces del partido hubieran amenazado: “Si hay un proyecto acordado por el PSOE con Ciudadanos, el Gobierno sería otro”.

Un órdago de mayor cuantía, pero el farol es indisimulable. De buena gana se lo hubiera comprado Sánchez, a sabiendas de que Bruselas celebraría la espantada de Podemos. El problema es que sin UP los números no le dan para cumplir la promesa de estabilidad que hizo a los empresarios. El derrocamiento de Iglesias, que se iría vomitando las ruedas de molino que ahora está obligado a tragar, y con nulas esperanzas de volver a tocar poder, precedería irremediablemente al de Sánchez, a menos que este quedase a merced de un improbable apoyo externo del PP como premio de consolación por deshacerse de Podemos. Esta es la condición de Casado, líder del PP, para alistarse, por responsabilidad de Estado, en la remada conjunta pregonada desde Moncloa para salir del atolladero.

El derrocamiento de Iglesias, que se iría vomitando las ruedas de molino que ahora está obligado a tragar, precedería al de Sánchez

No es eso lo que quieren. Ni Sánchez ni Iglesias. Pero la imagen del Gobierno sufre serios desperfectos con el órdago de su vicepresidente. Aunque solo lo haga por llamar la atención, como un niño enrabietado, escenifica la fragilidad del Ejecutivo. Mal empezamos si uno de los socios no comulga con las apelaciones a la unidad de las fuerzas políticas en unos “Presupuestos de país”. Y además confirma el problema de gobernabilidad negado una y otra vez.

Solo tiene una parte buena la rabieta de Iglesias. Es uno de los efectos de las benditas causas que han venido a desguazar lo que echa de menos. El llamado 'bloque de la investidura', donde el odio a España se amontona con el rastro de ETA, la desafección constitucional y los ataques a la monarquía.

Al Grano
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