Cuenta atrás hacia el drama social

La palabra "dantesca" reina en los relatos patronales y sindicales, de momento acolchados por la consigna de no envenenar más la situación con declaraciones catastrofistas

Foto: Una mujer pasa ante un cartel de defensa de la Sanidad pública en Madrid. (EFE)
Una mujer pasa ante un cartel de defensa de la Sanidad pública en Madrid. (EFE)
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Tres de cuatro. Peste, hambre y muerte ya cabalgan juntos en la España del coronavirus. El desastre económico, cantado por Euroestat, Funcas y el Banco de España, suele ser el antecedente inmediato del drama social. Y detrás de la crisis social va la crisis política. Estamos en esa cuenta atrás. Pero los coreógrafos del poder nos distraen con tutoriales sobre la guerra de los fiscales, revoluciones pendientes del vicepresidente Iglesias, sueños tribales de Torra, el micrófono chivato del ministro Campo y los fallidos "espacios de cooperación" de Iván Redondo.

Crecen las colas en los comedores sociales y decrece la esperanza de vida, se hunde la economía a niveles desconocidos desde la guerra civil, los empresarios se ahogan, los ERTE selectivos cabrean a los agentes sociales y el Gobierno chapotea en el caos, mientras las cifras de la pandemia confirman que la segunda ola de contagios era peor de lo imaginado. Pero corren ríos de tinta para comentar la vomitona del ministro Garzón contra el Rey o la faena del ministro de Justicia cuando enseña el pico de la muleta (indultos) mirando al tendido independentista.

La palabra "dantesca" reina en los relatos patronales y sindicales, de momento acolchados por la consigna de no envenenar más aún la situación con declaraciones catastrofistas. Salud y bolsillo de los españoles, seriamente amenazados. La prensa internacional ventea a diario la confusa, descoordinada, errática, tardía y politizada gestión de la pandemia en el país con más contagios y más muertos de Europa.

Las noticias sobre el virus y la economía se ceban en la marca España. De mal en peor. Sin embargo, desde la vuelta al cole nada nuevo ha ocurrido realmente para desinstalar la incertidumbre que atenaza a empresarios y trabajadores. El "fracaso español" es ya lugar común en los informes de los embajadores extranjeros que buscan datos fiables en las sedes de la CEOE y el Círculo de Empresarios. Desalentador minuto y resultado de los partes diarios. No solo en seguimiento de la pandemia, con el sistema sanitario de nuevo amenazado por el colapso, a falta de medios materiales y humanos. También por el inexplicable retraso en la elaboración de los PGE, que es la pauta política y económica del año (2021) en la vida de un Estado.

A menos de una semana de dejar el proyecto de cuentas públicas en el telar parlamentario, según la previsión constitucional, el Gobierno aún no sabe con qué apoyos políticos piensa sacarlos adelante. Ni media palabra sobre el techo de gasto y la previsión de ingresos para el año 2021. Apagón total en esa luz de situación que debería aportar certidumbre al inmediato futuro económico y político, y orientar a la Europa que nos vigila. "Antes o después el Eurogrupo nos pondrá firmes", oigo decir a un alto representante de la patronal, muy preocupado por la impredecibilidad que transmite el Gobierno PSOE-Podemos.

No se trata de cebar la nube negra que nos sobrevuela cada vez más cerca de nuestras cabezas. Pero algo parecido a una ola de pánico se está formando en la inquietante percepción de la realidad edulcorada por la retórica de un Gobierno cuya agenda política, pautada sobre la frágil convicción de una legislatura "estable, dilatada y fecunda" (Sánchez dixit) parece ajena a la gota fría que se avecina.

Sigue insoportablemente vigente el dilema de Sánchez en la búsqueda de costaleros para los "presupuestos de país", mientras Bruselas espera recelosa (nos precede un largo historial de incumplimientos) el plan de inversión y reformas que el Gobierno español debería presentar antes del 15 de octubre para empezar a acceder a los fondos de la reconstrucción (140.000 millones a lo largo de seis años) si los socios dan luz verde.

Y todo lo demás es caldo de tertulia enriquecido por unos cuantos fogonazos que nos distraen de las cosas de comer. Sánchez pide "paciencia, colaboración y confianza". Y en sus oídos resuena la insidiosa sentencia de la señora Stockman en 'El enemigo del pueblo': "¿Qué importa que no tengas la razón si tienes el poder?".

Al Grano
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