Iglesias y Felipe VI, compañeros de viaje

En el avión militar de ida y vuelta a Bolivia habrá foto, pero no un cara a cara. El Rey tendría todas las de perder, debido a su indefensión constitucionalizada

Foto: El vicepresidente, Pablo Iglesias, y Felipe VI, durante la investidura del presidente boliviano, Luis Arce. (EFE)
El vicepresidente, Pablo Iglesias, y Felipe VI, durante la investidura del presidente boliviano, Luis Arce. (EFE)
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Una delegación española encabezada por el Rey, acompañado del vicepresidente del Gobierno, Iglesias Turrión, asistió ayer a la toma de posesión del nuevo presidente de Bolivia, Luis Arce. La larga duración del viaje invita a fantasear con un cara a cara del primer mandatario del reino con el más significado objetor de la monarquía en nuestro país.

Por ahí pasan la foto y los cálculos de quienes en Moncloa han querido pintar calva la ocasión para un eventual acercamiento de posiciones entre Felipe VI e Iglesias. Pero eso no calza en las respectivas intenciones de estos dos compañeros de viaje a la República Plurinacional de Bolivia.

Quítenselo de la cabeza. Primero, por 'overbooking' en el reducido espacio del avión militar, donde el Rey, el vicepresidente y la ministra González Laya llevan a sus equipos de trabajo. Segundo, porque el Rey tendría las de perder, dada su indefensión constitucionalizada. Neutralidad frente al argumentario ideológico del líder podemita. Sin embargo, es palmaria la necesidad que Iglesias tiene de pregonar su fe antimonárquica para hacerse visible en la política nacional.

Por tanto, ninguno de los dos resultará afectado por el síndrome de Estocolmo. Iglesias está de subidón con el retorno de los bolivarianos de Evo Morales al Gobierno de La Paz, en cuyas celebraciones ha coincidido con el número dos de su grupo parlamentario, Enrique Santiago, públicamente dolido por la falta de condiciones para hacer con el Rey de España lo que Lenin hizo con el zar de Rusia en 1917. Y en cuanto a Felipe VI, perdería la neutralidad si pidiese a un caracterizado líder republicano que cambie de bando. Por menos que eso ya le acusó Iglesias de haberla perdido cuando el monarca excusó su ausencia, decidida por el Gobierno, en un reciente acto judicial.

Bastaría que estos reñidos compañeros de viaje, sobre quienes planean las últimas noticias del Borbón autodesterrado, se pusieran de acuerdo en la doctrina oficial de Moncloa. La monarquía parlamentaria es una pieza más del armazón constitucional, inequívocamente decidido por la voluntad de los ciudadanos, que conforma el funcionamiento de nuestro sistema democrático. Ergo, desprestigiar la monarquía es desprestigiar la democracia española. Y ese viaje sí que deben hacerlo juntos, por la cuenta que les trae a los dos.

Iglesias necesita pregonar su fe antimonárquica para hacerse visible en la política nacional

La doctrina de Moncloa es de aplicación tanto a los ataques de Iglesias (léase también, por supuesto, los de Alberto Garzón, Gabriel Rufián, etc.) como a los comportamientos poco ejemplares del rey emérito, don Juan Carlos de Borbón. Aunque son de distinta factura y obedecen a distintas razones, el daño a la monarquía, a la democracia y a la imagen de España es el mismo. Felipe VI ha demostrado con hechos que lo ha entendido. No diría lo mismo del vicepresidente del Gobierno, aunque algunos finos analistas hayan interpretado su silencio ante el ampliado horizonte judicial del emérito (tarjetas opacas, blanqueo, paraísos fiscales) como prueba de que quiere aprovechar el viaje a Bolivia para estrechar relaciones con la Zarzuela.

Tampoco es obligatorio. Bastaría encomendarse al normal funcionamiento del Estado democrático, que se resiente cuando se cuestiona una de las cuadernas de la nave. En otras palabras: frente a conductas personales presuntamente delictivas, reproche penal. No hay otra. Sin perder de vista que, en todo caso, son las personas y no las instituciones las que delinquen.

Tal y como ha evolucionado el caso del Rey emérito, los jueces pueden y deben tratar el desgarro. Solo los tribunales pueden curarnos de la vergüenza por haber tenido un Rey poco ejemplar. De momento, la pelota está en el tejado de la Fiscalía, con varios procesos indagatorios en marcha. Esperemos que haga su trabajo.

Al Grano
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