La trastienda de los PGE 21 y el drama de Ciudadanos

“Si Sánchez sale más fuerte, será al precio de una degradación política y moral que le hará más débil que nunca” (Cuca Gamarra, portavoz parlamentaria del PP)

Foto: La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE)
La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE)

Salvo muy improbable sobresalto de última hora, el Congreso rechazará mañana las siete enmiendas a la totalidad de los Presupuestos Generales del Estado para 2021. Primera señal verificable, no hipotética ni especulativa, de la consolidación política de Sánchez al cumplirse el primer aniversario de la relativa victoria del PSOE en las urnas. La segunda se producirá con la votación del dictamen final, a principios de diciembre, a la que el Gobierno llegará sobrado de costaleros.

Así se ha convertido en incontestable lugar común que Pedro Sánchez tiene garantizada la gobernabilidad de la legislatura (tres años más) y está más fuerte que nunca. “Al precio de una degradación política y moral que antes o después le hará más débil que nunca”, oigo decir en distancia corta a Cuca Gamarra, portavoz del grupo parlamentario del PP, aludiendo al deterioro de instituciones como la monarquía, la separación de poderes, el idioma común, la política penitenciaria, el derecho de gracia, la integridad territorial, etc.

O sea, razones para apoyar las cuentas públicas hasta alcanzar e incluso superar una mayoría suficiente, gracias al alistamiento de los nacionalistas periféricos y toda la izquierda. O líneas rojas para rechazar el proyecto, con base en los argumentos del PP (88), principal grupo de la oposición, secundados con unos u otros matices por Vox (52), que quedan en minoría, aun con la eventual incorporación de Ciudadanos (10), que mañana se alineará con el PSOE en el debate de totalidad.

El empeño de Arrimadas en salir de la foto de Colón choca con el empeño de una parte del Gobierno en mantener a Cs confinado junto al PP y Vox

Eso nos remite al drama del partido liderado por Inés Arrimadas. Los ritos de apareamiento presupuestario con el PSOE, inspirados en su intento de aminorar la influencia de los 'populistas' de Iglesias y los 'separatistas' de Rufián, le han causado un severo brote de esquizofrenia política. Su empeño en salir de la foto de Colón para instalarse en el centro choca con el empeño de una parte del Gobierno (léase Podemos) en mantenerlo confinado junto al PP y Vox.

En vísperas de su cantado descalabro en las elecciones catalanas, tres contratiempos han roto la estrategia de Arrimadas, que pudo ser decisiva y ya no lo es. Uno, el coincidente y sobrevenido giro del PP hacia los mismos caladeros. Dos, la ruptura de los exconvergentes de Puigdemont (cuatro escaños más en la causa presupuestaria de Sánchez). Y tres, el volquete de millones de la UE, convertidos en panal de rica miel donde se acude para que el que parte y reparte no se sienta solo.

Así se ha malogrado el pretendido 'bisagrismo' de Cs. Pretende repararlo con su doble alegato de ayer. Aunque mañana vote contra las enmiendas de devolución (sostiene que eso solo es votar a favor de que se tramiten), solo apoyará los PGE si el Gobierno se desdice de su veto al castellano como lengua vehicular y se compromete por escrito a impedir un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Tres factores rompen la estrategia de Cs: el giro del PP hacia el mismo caladero, la ruptura de los exconvergentes y el volquete financiero de la UE

Puede ser una reacción tardía, en el caso de que sea sincera. Si bien se insiste en que “no hemos comprometido nuestro voto final”, lo cierto es que la interlocución con el PSOE sigue abierta. Y que su dirección sigue aferrada al discurso de que “mientras otros gritan, Cs trabaja”, en referencia a su presunta labor moderadora de los aliados de Sánchez.

Pero el mensaje se encoge mientras gana terreno la convicción de que los planes de Sánchez no pasan por recostarse en el 'bisagrismo' estatal, tal y como ayer le reclamó el presidente de Aragón, Javier Lambán (PSOE), sino por cambiar cromos con ERC en Madrid y Barcelona. Al tiempo, bulle el malestar interno en Cs por la aceptación de un proyecto de PGE que lleva la impronta de Podemos y de ERC. Ese malestar ya ha provocado el abandono de algunas figuras del partido, incluido otro de los fundadores, Xavier Pericay.

Al Grano
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