Así arde el Gobierno cuando Pedro choca con Pablo

La sed de visibilidad de una parte arruina los llamamientos de la otra a unirse en los PGE, mientras UP apadrina el frentismo y torpedea la transversalidad pregonada por Sánchez

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias (d). (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias (d). (EFE)

Sediento de protagonismo, Pablo se acerca a Pedro con los desahucios, los alquileres, el Rey, Bildu, las devoluciones en caliente, el Sáhara, Calviño, Margarita, a modo de explosivos adosados a la cintura. La inmolación, si hace falta, como mandato ético del insobornable creador del escudo social del Gobierno. Si vuelo yo, volamos todos.

A Pedro no le queda otra que tranquilizar al socio, mientras cuenta los días que faltan para amarrar los PGE-21, su presunto seguro de vida política. Ya hablaremos luego con calma, porque no podemos seguir así. Una sensación de fractura interna creada contra toda lógica por el propio Ejecutivo y no por el trabajo de sus adversarios naturales.

Lleva dentro el germen de la autodestrucción un Gobierno que se enmienda a sí mismo en el acceso a su principal herramienta de poder. La sed de visibilidad de una parte arruina los llamamientos de la otra a unirse en los Presupuestos de país. Podemos apadrina el frentismo (vía ERC-Bildu) y torpedea la transversalidad pregonada por Sánchez. Si los dos partidos del Gobierno están desunidos, ¿cómo van a sumarse los demás?

El Gobierno habla con dos voces y el problema es saber cuál es la verdadera. Discursos paralelos que nunca llegan a encontrarse

El estupor de quienes votaron PSOE por la muy aireada aversión del candidato a pactar con populistas y secesionistas revive entre quienes dieron por bueno el lema fundacional de la coalición: “El Gobierno siempre hablará con una sola voz”. Otro salmo fallido. Estamos escuchando dos voces bien diferenciadas. Por un lado, la de Sánchez, Calviño y Margarita. Por otro, la de Iglesias, Irene y Garzón. El problema lo tiene ahora la ciudadanía en saber cuál de las dos es la verdadera. Discursos paralelos. Lo aprendimos en la geometría de nuestra infancia. Por mucho que se prolonguen, nunca llegan a encontrarse.

Culturas políticas diferentes. El PSOE tiene memoria viva de su participación en la forja del sistema con la mejor hoja de servicios a la paz, el progreso y la convivencia en libertad de la historia de España. Así lo pregonarán este jueves Felipe González, Eduardo Madina y Elena Valenciano, convocados en torno a la figura del desaparecido Rubalcaba. Por contra, UP y su jerga superpuesta al lenguaje de la izquierda son recientes secreciones populistas cuyo líder juega a encabezar las fuerzas de ruptura. Y eso incluye la destrucción del PSOE, el partido del Ibex, la cal viva y el régimen del 78.

El PSOE tiene memoria de su participación en la forja del sistema con la mejor hoja de servicios a la historia, mientras que UP quiere romperlo

No hay futuro para este matrimonio de conveniencia. Con la aprobación de los PGE a principios de diciembre, los contrayentes se garantizan los bienes gananciales. No el amor. Les vale para ir tirando la legislatura, por la cuenta que les trae a ambos, pero el clima será desapacible. El incendio no se apagará de la noche a la mañana. Y las llamas no serán precisamente las de la pasión amorosa.

La vocación de centralidad crece en la parte socialista que mira a Bruselas. Si queremos vivir de prestado, no podemos desairar al acreedor, por mucho que la parte populista necesite financiar la conciencia social del Gobierno. Habrá divorcio. Seguramente, con elecciones por medio. Y entonces será de alquilar balcones ver cómo Sánchez vomita las ruedas de molino que vienen siendo de comunión diaria como peaje para seguir en Moncloa.

La vocación de centralidad crece en la parte socialista que mira a Bruselas. Si queremos vivir de prestado, no podemos desairar al acreedor

Necesitado de visibilidad para frenar su caída en las encuestas, eso ya lo hace Iglesias cuando solapa al Rey en Bolivia, se queja del ninguneo en asuntos sensibles (fusiones bancarias, espantada del Rey emérito, ciertas informaciones del CNI, gestión del ingreso mínimo vital, ayudas al sector taurino), se ofrece a los enemigos del Estado como caballo de Troya (“burro de Troya”, según una Cayetana Álvarez de Toledo contagiada del estilo Rufián), o cuando por boca de su número dos en vicepresidencia primera, Ione Belarra, habla del PSOE como “partido de rentistas” frente al “sindicato de inquilinos”.

Continuará.

Al Grano