La Constitución no es el sepulcro del Cid

Además de salvar vidas, como dijo Sánchez, la CE desactiva golpes de Estado, dobla el brazo a las bandas terroristas e impide aventuras secesionistas planeadas fuera de la ley

Foto: Celebraciones por el día de la Constitución. (EFE)
Celebraciones por el día de la Constitución. (EFE)

De nuestras ocho constituciones de la historia, la de 1978 es la que presenta mejor hoja de servicios. Ha colocado España entre las 20 democracias más avanzadas del mundo. Sin embargo, algunos quieren matarla antes de tiempo y echarle siete candados al régimen del 78, como si fueran las siete llaves de Joaquín Costa al sepulcro del Cid. Eso dicen. Pero decir no es hacer, ni que otros lo permitan.

Cuarenta y dos años después, el texto constitucional del 78 sigue siendo una fuente de salud en términos de paz, progreso y convivencia entre diferentes. Incluso en términos de salud física. "La Constitución salva vidas", dijo el presidente del Gobierno en la celebración oficial del aniversario. Algunos hubiéramos preferido que, solo como dosis de recuerdo, Sánchez hubiera añadido que, además, desactiva golpes de Estado, dobla el brazo a las bandas terroristas e impide aventuras secesionistas planeadas al margen de la ley.

Ahora se debate sobre la salud de la propia Constitución. Hay tres estados de opinión. Uno, el de quienes la asedian (Echenique 'dixit') con base en meros fogonazos verbales. Dos, el de quienes sobreactúan dándola ya por muerta y anunciando los funerales tras la supuesta entrada de los enemigos del Estado en la sala de máquinas del Estado. Y tres, el de quienes hacen-hacemos sonar las alarmas para evitar un presunto asalto.

La misma aversión que por un extremo del espectro político se declara contra el Gobierno social-comunista se declara por el otro contra el régimen del 78. Y aunque la simple formulación de que el futuro de España está en manos de Iglesias, Rufián y Otegi pone los pelos como escarpias, no conviene exagerar.

Me explico. Iglesias necesita ganar en los telediarios lo que pierde en las encuestas. Rufián es un decimal cuando el imperio de la ley, a través del Tribunal Supremo, vuelve a poner en su sitio a los presos del 'proces' por revocación del tercer grado penitenciario. Y Otegi es la prueba viviente de la derrota de ETA frente al Estado democrático.

Más allá de reconocer que el Gobierno de España ha dejado de ser un órgano colegiado respecto a la Constitución, con los dichos antecedentes sobre la mesa, no le veo mucho futuro al presunto cambio de régimen que parece apadrinar el tridente subversivo adosado a los planes de Pedro Sánchez.

La misma aversión que por un extremo del espectro se declara contra el Gobierno social-comunista se declara por el otro contra el régimen del 78

Para dar por bien fundado ese temor, tendrían que ocurrir dos cosas hoy por hoy inverosímiles. Una, que el PSOE (que no es Sánchez, ojo) renunciase a su proyecto socialdemócrata de inequívoca adhesión al régimen del 78, incluida la forma monárquica. Y dos, que Unidas Podemos, como partidario de la forma republicana y caballo de Troya del independentismo, mejorase su débil estructura organizativa y su decreciente facturación en las urnas a escala nacional.

Pese a todo, las alarmas frente a un peligro de asalto al sistema vigente no dejan de sonar. Y se han hecho tan recurrentes que, por segunda vez en una semana, Sánchez se ha visto en la obligación de comprometerse a defender la vigencia de la Constitución "de norte a sur, de este a oeste, mientras el PSOE esté al timón del Gobierno".

Admito que lo dijo con la misma convicción con que en su día se comprometió a no contar con populistas ni separatistas para gobernar. Pero en esta ocasión creo que desatornillarse de ese compromiso es precisamente lo que le inhabilitaría para seguir gobernando.

Al Grano