¿De qué va Iglesias?, se preguntan en el PSOE
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Antonio Casado

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¿De qué va Iglesias?, se preguntan en el PSOE

La insoportable comparación de Puigdemont con los exiliados del franquismo solo puede tomarse como efecto secundario de una patología narcisista-leninista

placeholder Foto: Pablo Iglesias, el pasado domingo, en 'Salvados'.
Pablo Iglesias, el pasado domingo, en 'Salvados'.

Con el último desahogo televisado del vicepresidente del Gobierno y secretario general de Podemos, Iglesias Turrión, reaparecen los dos sambenitos cosidos al personaje. Uno, su condición de cuerpo extraño al sistema sin alcanzar ni de lejos el garbo del patito feo. Y otro, la burla permanente del lema 'dos partidos, una sola voz', que ni siquiera hace gracia al componente socialista.

Si Pedro Sánchez es incapaz de limarle las uñas, será cada vez más insoportable la convivencia entre diferentes dentro del Ejecutivo. Tomo prestada la verbalización del estupor en boca de los socialistas catalanes para titular mi columna de hoy, ¿de qué va Iglesias?, aunque esta vez el desmarque de su última deposición pública no se queda en sus socios. También alcanza a compañeros y compañeras del propio partido morado.

Iglesias, figura dañina de la España de la pandemia mientras sube el paro, baja la esperanza de vida, se van los turistas y crecen las colas del hambre

Una más. Y así es como Iglesias ha devenido una figura dañina de esta España atormentada por la pandemia que vive de prestado mientras sube el paro, baja la esperanza de vida, se van los turistas y crecen sin parar las colas del hambre.

El vicepresidente segundo la ha vuelto a liar con su obscena comparación del exilio republicano tras la Guerra Civil que escapó de una dictadura con la espantada de Carles Puigdemont que escapó de una democracia reconocida. He ahí las dos categorías: un golpista huyendo de la legalidad y aquellos defensores de la legalidad huyendo de un golpista.

Iglesias no retira sus palabras sobre el exilio de Puigdemont

No concibo semejante comparación en una mente sana. Estamos hablando de una personalidad forjada en el laboratorio de una Facultad de Ciencias Políticas. Entiendo que se le hiciera tentadora la insoportable comparación de Puigdemont con los miles de españoles que, cargados de dignidad, tuvieron que salir de su país huyendo del cruel revanchismo franquista. En alguien así también entiendo que ayer no quisiera rectificar ante las peticiones de propios y extraños para al menos pedir disculpas a tantos españoles que se han sentido agraviados.

Sin ir más lejos, imagino lo que habrán sentido los familiares de Companys, o de Zugazagoitia, entregados por la Gestapo a los pelotones de fusilamiento de Franco en 1940. ¿Cómo encontrar similitudes entre lo que le ocurrió a Companys y lo que le ocurre a Puigdemont? Solo pensarlo produce dolor físico.

Imagino lo que habrán sentido los familiares de Companys, o de Araquistain, entregados por la Gestapo a los pelotones de fusilamiento de Franco

Buscar el parecido entre las dos situaciones me parece un insulto a los exiliados del franquismo en general, que defendieron un régimen democrático como el que Puigdemont y los suyos quieren reventar. La comparación solo puede entenderse como efecto secundario en la patología narcisista-leninista del hombre que lidera Podemos. Por cierto, en régimen de diarquía matrimonial, como Ceaucescu en Rumanía, Perón en Argentina, Ortega en Nicaragua, Marcos en Filipinas, y algunos otros casos que en la historia han sido. Todos, en la estirpe populista que emparenta a Iglesias con el Donald Trump de EEUU, el Farage de Reino Unido, el Orbán de Hungría, el Puigdemont de Waterloo, y así sucesivamente.

Lo que entiendo menos es este empeño de Iglesias en hacer campaña a favor del independentismo catalán so pretexto de no contribuir a criminalizarlo. En este caso, ante el Parlamento Europeo, que tiene pendiente decidir si, a petición del Tribunal Supremo, le retira o no su inmunidad de eurodiputado. La posición de Iglesias es difícil de entender, políticamente autodestructiva para él y para su partido, porque puede esperar sentado si cree que adherirse a las tesis de Puigdemont, Rufián, Borràs y compañía va a mejorar la facturación electoral de Podemos dentro o fuera de Cataluña. Sus afines 'comunes' ya lo notan en las encuestas. Y Ada Colau ya ha dado muestras de que prefiere a Iglesias calladito en relación con los asuntos más motivantes en la acción de los independentistas.

Con el último desahogo televisado del vicepresidente del Gobierno y secretario general de Podemos, Iglesias Turrión, reaparecen los dos sambenitos cosidos al personaje. Uno, su condición de cuerpo extraño al sistema sin alcanzar ni de lejos el garbo del patito feo. Y otro, la burla permanente del lema 'dos partidos, una sola voz', que ni siquiera hace gracia al componente socialista.

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