Illa 'for president': el sueño de Sánchez
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Antonio Casado

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Illa 'for president': el sueño de Sánchez

El TSJC, la encuesta del CIS y la fe en los milagros instalan en Moncloa la expectativa de acabar con cuarenta años de reinado nacionalista

placeholder Foto: El ministro de Sanidad, Salvador Illa, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El ministro de Sanidad, Salvador Illa, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Si se puede ir a tomar un café o pasear por las Ramblas también se puede ir a votar. El estado de alarma no prohíbe los desplazamientos, recuerda el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, cuya defensa del interés público y la necesidad de salir del bloqueo institucional (seis de siete magistrados lo firman) nos llevan a dar por seguro el 14 de febrero como fecha de las elecciones, aunque la sentencia definitiva la conoceremos el 8 de febrero a más tardar, en plena campaña.

Todos los partidos ya asumen la inevitabilidad de ir a las urnas cuando tocaba. Se palpa en el cabreo de los 'indepes' (¿otra vez el agravio como aglutinante?) y en la euforia mal disimulada en el componente socialista del Gobierno. Como Martin Luther King, Sánchez ha tenido un sueño: poner fin a cuarenta años de reinado nacionalista en Cataluña. Siete de ellos, 2003-2010 en coalición con PSC-ERC ¿Podría repetirse la jugada?

Habrá elecciones el 14-F. Lo prueba el ataque de contrariedad del independentismo y la euforia del componente socialista del Gobierno

Una inesperada brisa de talante zapaterista (que no zapatista, ojo) ha entrado en la Moncloa. Dicho sea a modo de reseña, pues a estas alturas de la película no está el comentarista para mecerse en licenciosos brotes de lirismo. Tal cual. No es la demoscopia de Tezanos sino la fe en los milagros. O en la magia. Si crees en la magia, promuévela. Las señales están ahí. El sueño lo puede materializar "una buena persona", el socialista Salvador Illa, que el próximo martes asistirá por última vez al Consejo de Ministros. Dimitirá el jueves 28 para desempeñarse solo como candidato a la presidencia de la Generalitat con el comienzo de la campaña, desde las 0,00 horas del viernes 29.

La justicia catalana devuelve al candidato Illa la escalera que le quitó el aplazamiento electoral indebidamente decretado por el Govern. Ahora es el preferido de los catalanes, según los sondeos, y en él ha puesto Sánchez todas sus complacencias como adalid del "reencuentro" de Cataluña con España y de España con Cataluña, porque ambas se lo merecen.

Tres dinámicas enmadejadas: la judicial, la política y la sanitaria. Con alineamientos tan inesperados como Cs con JxCat o PSC con Vox

Sigo con la reseña del clima reinante en la sala de máquinas del Gobierno: "Sin ira, con humildad y trabajo, sin cometer errores". O sea, con inteligente y calculada renuncia a la confrontación de estos últimos años marcados por el desafío secesionista. Por mí, amén. Indolencia es decadencia. Si de verdad la fe de Moncloa en los milagros se tradujera en cerrojazo al largo periodo de dominio nacionalista, sería la mejor noticia de la década en la política nacional.

"Pasar página", he ahí la clave del sueño. Como alternativa a la decadencia de la Cataluña insurrecta del 'procés', aunque sin caer en la tentación de confrontar entre bloques. Son lemas cosidos al escudo de armas de Illa, que sigue con la brocha y ha recuperado la escalera por imperativo de un automatismo legal (artículo 75 del Estatuto de Autonomía de Cataluña).

La neutralidad del virus iguala a los votantes y no permite afirmar que tal o cual partido saldrá más o menos perjudicado por miedo al contagio

Me refiero a la inalterable convocatoria electoral para el 14-F, causada por agotamiento de plazos sin candidato a cubrir la vacante de Quim Torra, el inhabilitado 'president'. La condición provisional del sustituto, Pere Aragonés, carece de fuero para alterar ese automatismo con una convocatoria 'ex novo', como la que pretendía llevarse hasta el 30 de mayo, o más adelante, según dictase la evolución de la pandemia.

Enmadejadas llegan la lógica judicial, la lógica política y la lógica sanitaria. Con alineamientos inesperados como el de Ciudadanos con los independentistas, partidarios de aplazar las elecciones; o el de los socialistas con los ultraderechistas de Vox, partidarios de ir a las urnas el 14 de febrero. La salud pública, como coartada. Pero la neutralidad política del virus iguala a los votantes y, por tanto, impide afirmar que tal o cual partido saldrá más o menos perjudicado en las urnas por miedo al contagio.

Que la legalidad del caso coincida con las preferencias del PSC no justifica las acusaciones del Govern contra el TSJC por supuesta judicialización de la política catalana. Y mucho menos remitirse una vez más al "Estado represor", como hace Laura Borrás, que utiliza esa muletilla para rotos y descosidos como Franco utilizaba la "conspiración judeo-masónica".

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