Illa rompe el tablero y Sánchez se viene arriba
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Antonio Casado

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Illa rompe el tablero y Sánchez se viene arriba

Sánchez confisca el 'efecto Illa', interrumpe su luna de miel con ERC y lanza un inesperado desafío al nacionalismo: ganarle en las urnas, como siempre propuso Rubalcaba

placeholder Foto: Pedro Sánchez (d) y Salvador Illa. (EFE)
Pedro Sánchez (d) y Salvador Illa. (EFE)

La transformación del ministro Illa en candidato a la presidencia de la Generalitat, materializada del todo con la dimisión de ayer, ha ocasionado un movimiento sísmico en la política catalana y, por tanto, en la nacional. El desenlace es incierto, pero los efectos colaterales ya están operativos a punto de comenzar la campaña para las elecciones del 14 de febrero.

A saber:

Rompe la cintura del independentismo. La fecha del 14 de febrero recorta a sus partidos la posibilidad de mantener sometido el bloque 'españolista', aunque se abrazan al dicho del mal que por bien no venga. Castigados por la división interna y el cansancio de sus seguidores, ahora aparcan sus diferencias, hablan con una sola voz contra la “judicialización de la política catalana” y denuncian una conjura del Estado (Gobierno y jueces) para desalojar al nacionalismo del poder. Otra vez el victimismo como principio activo en el que reconocerse.

ERC y JxCAT aparcan sus diferencias y denuncian una conjura del Estado (Gobierno y jueces) para desalojar al nacionalismo del poder

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y líder del PSOE, confisca para su personal causa política el llamado 'efecto Illa', interrumpe su luna de miel con ERC y se viene arriba con un inesperado desafío al nacionalismo. Ganarles en las urnas, como siempre propuso Rubalcaba. Y en su propio terreno. Instalado en su doctrina del reencuentro sin confrontación, Sánchez se marca el objetivo de poner fin a la fallida década del 'procés' (véase su discurso del sábado último ante el comité federal del PSOE celebrado en Barcelona). Y cree haber dado con la persona adecuada, de la que se limita a destacar su “enorme vocación de servicio público”.

Illa confiesa en su despedida cuál ha sido para él el momento más duro

Sigamos: la jugada cambia el paso de la derecha constitucional. PP y Ciudadanos entran en campaña muy condicionados por los planes de Pedro Sánchez y el discurso antiindependentista del candidato socialista. Contra esos planes y ese discurso, solo pueden denunciar el inconfesado propósito de formar un tripartito con ERC. Eso lo van a negar por tierra, mar y aire tanto los de Junqueras como los de Illa. Así que PP y Cs tendrán que modular muy mucho su confrontación con la fuerza política que será hegemónica en el bando constitucional. Inés Arrimadas ya ha dicho: “Si las fuerzas constitucionalistas suman, nosotros estaremos a la altura”.

Los favorables augurios demoscópicos (a favor de Illa, se entiende) generan una confusa maraña político-sanitario-judicial, aún sin desmadejar oficialmente. Hasta el punto de que su instrumental apuesta por el 14 de febrero como jornada de urnas ha hecho extraños compañeros de cama. Independentistas y Ciudadanos, a favor del aplazamiento. Por otro lado, socialistas y Vox. Quién lo hubiera dicho.

Claro que hay tacticismo en la apuesta de Moncloa de ir a las urnas cuanto antes. Quien se haga de nuevas, que tire la primera piedra

Otra curiosa consecuencia del pateo socialista al tablero es cómo Sánchez y Salvador Illa han dejado hablando solos a quienes en ámbitos políticos y mediáticos les acusan de tacticismo. El reproche está fundamentado, pero ignora que el tacticismo es el estado natural de la clase política. Claro que es instrumental la renuncia al cargo de ministro de Sanidad cuando la guerra contra la pandemia (descentralizada, todo hay que decirlo) está en la fase más difícil. Y claro que es táctica la apuesta de ir a votar cuanto antes, subordinando el riesgo para la salud pública al excelente momento demoscópico de Salvador Illa. Quien se haga de nuevas, que tire la primera piedra.

Aunque pronto se perderá en la polvareda, también queda para la fungible historia de nuestros días el papel del TSJC respecto a la fecha electoral. Algunos analistas y una parte de la clase política se escandalizan por que, según ellos, sean los jueces quienes convocan unas elecciones. Pedrada insidiosa contra la judicatura. Los jueces son guardianes de la legalidad. Si se vulnera la ley, lo dicen en exposiciones razonadas. Eso no es convocar unas elecciones, que es una función encomendada al que gobierna. Ese, como el que aspira a gobernar, sí se inspira en razones de oportunidad al fijar la fecha más conveniente a sus intereses. En eso no está el juez. No será problema suyo si el efecto colateral de su decisión altera los cálculos del político.

Pedro Sánchez Salvador Illa