ERC se queda con la llave
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Antonio Casado

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ERC se queda con la llave

Volver a las andadas renovando el pacto independentista es el pasado. Significa mantener Cataluña cautiva de un sueño imposible que envenena la convivencia social

placeholder Foto: El candidato de ERC, Pere Aragonès, con el presidente de su partido, Oriol Junqueras, tras las elecciones. (EFE)
El candidato de ERC, Pere Aragonès, con el presidente de su partido, Oriol Junqueras, tras las elecciones. (EFE)

ERC no gana (pierde en votos y empata en escaños con PSC), pero decide. Una de dos: enfriamiento de la crispación entre bloques por medio de la transversalidad (tripartito de izquierdas) o vuelta a las andadas (bipartito nacionalista). No hay ninguna otra combinación verosímil capaz de formar un Gobierno estable. Cualquier otro intento de forzar este marco instalaría en la vida política catalana el riesgo de la ingobernabilidad o la repetición de elecciones.

Las otras noticias de la noche: la baja participación (récord de abstención en unas elecciones catalanas), la victoria de Illa, el desplazamiento de JxCAT por ERC en la primacía soberanista, la irrupción de Vox como cuarta fuerza y el estrepitoso fracaso de la derecha nacional, al confirmarse el cantado derrumbamiento tanto del PP como de Ciudadanos, en cuyas respectivas sedes ya se escucha el ruido de cortinas.

Y una noticia reconfirmada anoche en la sede del PSC: la intención de Illa de presentarse a la investidura, aunque no tenga garantizados los escaños suficientes para gobernar. Como primera fuerza, tiene derecho a reclamar la investidura. Que el presidente del Parlament lo permita o lo impida ya será una pista sobre el signo del futuro Gobierno.

Insisto: la llave la tiene ERC, cuya oferta electoral anticipó su apuesta por un Gobierno de izquierdas e independentista. JxCAT, su incómodo rival en campo propio, da el peso en lo uno, no en lo otro. En el caso del PSC y 'comunes' es al revés, pero aportarían transversalidad e influencia en el acceso a los fondos europeos de recuperación económica.

Volver a las andadas renovando el pacto independentista es el pasado. Significa mantener Cataluña cautiva de un sueño imposible que envenena la convivencia social y aleja a los creadores de riqueza. El tripartito sería lo nuevo, el futuro, lo que está por explorar en clave de diálogo y acercamiento entre los dos bloques. Desmentiría los vetos cruzados del PSC y ERC. No sería difícil justificarlo en nombre del bien superior de Cataluña. Ni Aragonès, como muy probable presidente de la Generalitat, ni Salvador Illa, como principal exponente del constitucionalismo, pueden desentenderse de los verdaderos desafíos de la legislatura que viene: vencer la pandemia y recuperar la economía.

Antes de conocer el signo de la futura ecuación del poder, hemos de pasar por el trámite de la constitución del Parlament. Nos dará pistas. No es en absoluto descartable la repetición de un Gobierno independentista (sus tres grupos superan la mayoría absoluta de 68 escaños). La novedad es el cambio en la parte dominante de la coalición, pero justamente esa preponderancia republicana conquistada en las urnas es lo que podría precipitar la ruptura con JxCAT, después de unos años de evidente tensión entre las dos principales facciones del independentismo.

Foto: El candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat, Salvador Illa. (EFE)

No olvidemos que Quim Torra ya dio por rota la alianza en época prepandémica, cuando anunció la inminencia de una convocatoria electoral una vez aprobados los Presupuestos. Y no olvidemos tampoco que el independentismo de ERC, recostado en la doctrina de la 'vía amplia' como repliegue para la acumulación de fuerzas sin forzar el calendario, es incompatible con el incendiario discurso del gurú Puigdemont y la presidenciable Laura Borràs, que viven del conflicto y del ya fracasado choque de trenes con el Estado. En eso no está ERC, que ya se ha manifestado a favor de entenderse con el Estado (mesa para el diálogo), así como en contra de la unilateralidad (ni con más del 50% de los votos) y las prisas por llegar al objetivo máximo de la independencia.

Todo sería más fácil si ERC asume que, pensando en acabar con la pandemia e iniciar la recuperación económica, la independencia puede esperar. A Junqueras y Aragonès les interesaría presidir la Generalitat y divorciarse de JxCAT para hacer una política de izquierdas. Y, por supuesto, le interesaría a Sánchez para consolidar una base parlamentaria que le garantice terminar la legislatura con la ayuda de la vacunación y el volquete multimillonario de la UE.

(Confieso que en este tema, con rango de asunto de Estado, a mi juicio, me dejo llevar por la lógica de los deseos).

ERC no gana (pierde en votos y empata en escaños con PSC), pero decide. Una de dos: enfriamiento de la crispación entre bloques por medio de la transversalidad (tripartito de izquierdas) o vuelta a las andadas (bipartito nacionalista). No hay ninguna otra combinación verosímil capaz de formar un Gobierno estable. Cualquier otro intento de forzar este marco instalaría en la vida política catalana el riesgo de la ingobernabilidad o la repetición de elecciones.

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