Los chicos de la gasolina condicionan el futuro Govern catalán
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Antonio Casado

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Los chicos de la gasolina condicionan el futuro Govern catalán

ERC y JxCAT no acaban de encontrar las palabras para defender a los Mossos y condenar el vandalismo sin soportar odiosas comparaciones con el Gobierno del 155

placeholder Foto: Manifestantes prenden fuego a un vehículo de los Mossos en Barcelona. (Reuters)
Manifestantes prenden fuego a un vehículo de los Mossos en Barcelona. (Reuters)

No ven tierra las negociaciones para la formación del nuevo Govern. Entre el independentismo 'nítido' o la transversalidad, todo sigue abierto. Abierto y estancado seguirá mientras ERC no haga buena la declaración de su portavoz en el Congreso, Gabriel Rufián, cuando dice: “No somos criados de nadie”.

¿Se atreverá ERC a romper con JxCAT? Tendrá que hacerlo si, según dice, reniega de la unilateralidad y declara su vocación gradualista, obstruida por JxCAT, que defiende la confrontación en el Parlament y en el Congreso. Sin descartar el recurso a la desobediencia civil. Los de Puigdemont y Borràs no se apean de su apuesta por el “Gobierno de concentración independentista” (ERC-JxCAT-CUP) coreado este domingo en una concentración convocada por la ANC (“Nuestro presidente es Puigdemont”, decían las pancartas).

ERC se debate en esa duda existencial. Su eventual salto de la 'rauxa' al 'seny' sería la forma de capitalizar por el bien de todos los catalanes la propuesta socialista del 'reencuentro' (“España quiere a Cataluña y Cataluña quiere a España”, dice el salmo de Iván Redondo), tras los años perdidos del 'procés'. Eso no remite inexorablemente al tripartito (ERC-PSC-comunes), aunque tampoco se descarta. Los contactos telefónicos con el PSC no se han interrumpido. Lo único que está sobre la mesa es la delirante propuesta de los comunes de un bipartito (ERC-ECP) con apoyo exterior de los socialistas.

Foto: Los manifestantes atacan la comisaría de La Rambla con cócteles molotov. (EFE)

Con los tratos para formar Gobierno en ese punto de ebullición, los violentos disturbios por el caso Hasél han caído sobre la mesa de las negociaciones, donde la CUP habla sin rodeos de la “represión de la Generalitat”, mientras que republicanos y exconvergentes sugieren un cambio del modelo policial. Se resisten a pinchar su discurso sobre el Estado represor de libertades: autodeterminación, expresión, manifestación. No quieren ser acusados de hacer lo mismo que hace el Gobierno de la nación frente a las alteraciones del orden público.

Por decirlo de otro modo: la represión cambió de bando en los averiados marcos mentales del independentismo. Ya no es la Policía Nacional ni la Guardia Civil la que se enfrenta a los chicos del adoquín y la gasolina. Ahora un guardia urbano ha estado a punto de arder y los Mossos se sienten monedas de cambio en los tratos de ERC, que es la fuerza llamada a presidir la Generalitat en la legislatura entrante, con sus posibles costaleros. En pie está la demencial exigencia de la CUP: no habrá trato sin disolución de la unidad antidisturbios de los Mossos.

Cinco días tardaron los dirigentes de ERC y JxCAT en regañar a los hijos de la ira que, por la libertad de un rapero enjaulado, atacaron a los agentes, quemaron contenedores y saquearon comercios en el centro de Barcelona. Tras los incidentes del fin de semana, el todavía 'conseller' de Interior en funciones evitaba una condena firme de la violencia y se quedaba en la simple reseña: “Inaudita”. Eso es todo lo que se le ha ocurrido decir sobre los últimos episodios de guerrilla urbana a Miquel Sámper. Hace días, tuvo menos prisa en responder a las carencias materiales de los Mossos que en anunciar un nuevo modelo de “fiscalización y control” de las actuaciones policiales.

¿Se atreverá ERC a romper con JxCAT? Tendrá que hacerlo si, según dice, reniega de la unilateralidad y declara su vocación gradualista

Ante tanto despropósito, lo previsible era que el aspirante socialista a presidir la Generalitat atacase cerca de la portería contraria. Dicho y hecho. Salvador Illa ha denunciado la escasa contundencia de republicanos de Junqueras y exconvergentes de Puigdemont, aún titulares de la coalición del Gobierno catalán en funciones, a la hora de condenar el vandalismo callejero de activistas perfectamente organizados para generar el caos. Claro como el agua: ERC y JxCAT no encuentran las palabras para defender a sus policías y condenar el vandalismo sin soportar odiosas comparaciones con el Gobierno del 155.

Razón de más para que Salvador Illa insista en postularse en una sesión de investidura y, de no conseguirlo, convertirse en el líder de la oposición y alternativa creíble para devolver la racionalidad a la política catalana. Pero nunca aceptará lo que proponen los 'comuns': que Illa se haga el harakiri o que Sánchez lo sacrifique apoyando desde fuera un Gobierno que defiende el derecho de autodeterminación sin atenerse a lo previsto en el marco constitucional.

No ven tierra las negociaciones para la formación del nuevo Govern. Entre el independentismo 'nítido' o la transversalidad, todo sigue abierto. Abierto y estancado seguirá mientras ERC no haga buena la declaración de su portavoz en el Congreso, Gabriel Rufián, cuando dice: “No somos criados de nadie”.

Pablo Hasél Parlamento de Cataluña