El narcisismo-leninismo ya no tiene futuro
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Antonio Casado

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El narcisismo-leninismo ya no tiene futuro

El portazo de su excompañero Íñigo Errejón, con lección de feminismo incluida a cargo de Mónica García (candidata de Mas Madrid), es la primera señal de que Iglesias será pronto un líder agonizante

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Pablo Iglesias. (Reuters)

Al todavía vicepresidente Iglesias Turrión, ahora en modo 'Juego de Tronos', se le había hecho insoportable ser un cero a la izquierda en el Gobierno de Pedro Sánchez. Perdió el sitio en la política nacional y ahora lo busca en la política madrileña. Una tabla de salvación carcomida para quien pregona la república plurinacional a los pies del Guadarrama.

¿Sabrá Iglesias cómo suena eso en Chinchón, en Villaverde bajo o en Alcalá de Henares?

Hasta en el campo de la izquierda, incluidas las desalentadas filas de Podemos, ya ni aglutina ni suma. Ayer lo vimos. El portazo de su excompañero Íñigo Errejón, con lección de feminismo incluida a cargo de Mónica García (candidata de Más Madrid), es la primera señal de que Iglesias será pronto un líder agonizante. Ha empezado la cuenta atrás en la carrera del ilustre representante del narcisismo-leninismo en la política española. Va camino de convertirse en un decimal del tablero.

Iglesias recibe el no de Errejón.

¿De verdad esperaba que desde la clara posición de superioridad que actualmente ocupa MM (20 diputados, frente a los siete de UP) los que desdeñó en su día iban a ponerse de nuevo a disposición del macho alfa? No tenía ninguna lógica suponer que un Errejón escarmentado iba a volver donde solía.

Sin embargo, Iglesias aún se cree el ángel exterminador de la izquierda para acabar con la derecha. No pasarán. Excelente manera de motivar a los seguidores de Ayuso. Pero el grito no cala entre los votantes del PSOE, los mencionados de MM y lo que queda de Podemos, un partido de facturación descendente desde sus 71 escaños de 2016 en el Congreso.

Iglesias aún se cree el ángel exterminador de la izquierda para acabar con la derecha. Excelente manera de motivar a los seguidores de Ayuso

No parece que de repente los votantes de Ángel Gabilondo o de Mónica García, nada sospechosos de connivencia con el PP, estén por la labor de alinearse con la causa del narcisimo-leninismo como única forma de evitar que la región madrileña, según la furiosa doctrina de Iglesias, caiga en las manos “criminales” de estos “delincuentes” que “reivindican la dictadura, hacen apología del terrorismo de Estado y promueven la violencia contra los migrantes, los homosexuales y las feministas”.

Se equivocan quienes creen que con ese discurso polarizará la campaña hasta el punto de visualizar una contienda limitada a dos candidatos, Ayuso e Iglesias.

Ese lenguaje guerracivilista movilizará a los votantes del PP y de Vox, por supuesto, pero también favorecerá a Gabilondo por la creciente demanda de centralidad, moderación y sentido común que el candidato socialista, ya ganador en las pasadas elecciones autonómicas, ofrece sin aspavientos desde la izquierda.

Unas elecciones polarizadas.

De ese modo, a mi juicio, en las elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid vamos a ver el comienzo de una nueva vida del bipartidismo. Es una de las cuatro consecuencias políticas del extraño culebrón murciano-madrileño. Las otras tres son: la derechización del PP (Casado a rebufo de Ayuso), el hundimiento de Ciudadanos (lógico final para un partido de aluvión) y el harakiri de Iglesias (el Gobierno se desprende de un cuerpo extraño).

Algunos dijeron que, una vez aprobados los Presupuestos Generales del Estado para 2021, con dos años por delante sin elecciones, Sánchez ya había encontrado el tesoro de la estabilidad para vivir sin sobresaltos el resto de la legislatura y capitalizar la remontada apoyado en la vacunación y los fondos europeos. ¿Cómo?

Al todavía vicepresidente Iglesias Turrión, ahora en modo 'Juego de Tronos', se le había hecho insoportable ser un cero a la izquierda en el Gobierno de Pedro Sánchez. Perdió el sitio en la política nacional y ahora lo busca en la política madrileña. Una tabla de salvación carcomida para quien pregona la república plurinacional a los pies del Guadarrama.

Pablo Iglesias
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