Neutralidad aparcada y Gabilondo 'for president'
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Antonio Casado

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Neutralidad aparcada y Gabilondo 'for president'

De las musas de la filosofía a la política de las cosas ante el riesgo de quedarse en tierra de nadie. El candidato Gabilondo se mete en harina. Hora de concretar

placeholder Foto: El candidato socialista para la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo. (EFE)
El candidato socialista para la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo. (EFE)

Hace una semana me mostré dispuesto a rendir la neutralidad del columnista a la voz racional y sosegada de Ángel Gabilondo ('Política nacional: la isla de las tentaciones') en tiempo de farsantes, histriones y adictos a la reyerta.

O sea, los mismos motivos del desencanto de Unamuno cuando empezó a dolerle la república por la “electorería de los políticos profesionales” (noviembre 1932), unos meses después del famoso “no es esto, no es esto” de Ortega.

Debutó en la precampaña rebatiendo la “naturalización del insulto” defendida por el ya exvicepresidente del Gobierno Iglesias Turrión

Insisto porque vale la pena ahora que, como escribe Manuel Cruz —otra luz de posición frente al envilecimiento de la política—, “vivimos en una sociedad enferma” y nos hemos acostumbrado a vivir con la mentira y la descalificación del adversario. En esa línea debutó Gabilondo en la precampaña electoral, rebatiendo la “naturalización del insulto” defendida por el ya exvicepresidente del Gobierno Iglesias Turrión.

Y no se diga que rehúye las concreciones a la hora de afrontar los verdaderos problemas del ciudadano. De las musas de la filosofía a la política de las cosas. Cuando entra en campaña la cuarta ola de la pandemia, cuya incidencia ya ha hecho saltar las alarmas (255 por 100.000 habitantes, 300 en algunos barrios), Gabilondo se mete en harina. Acusa a Díaz Ayuso de confundir libertad con desmadre (“turismo de borrachera”) y la declara adalid del “negacionismo de la plaza de Colón”.

Foto: El candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo. (EFE)

Menos ideología y más pragmatismo en la agenda del candidato Gabilondo. Detectó el riesgo de quedarse en tierra de nadie, emparedado entre los que persiguen fantasmas. El del comunismo, los de Ayuso. El fascismo, los de Iglesias. Tan teatral y obsoleto lo uno y lo otro, pero con igual ánimo de reyerta. “Absurdos enfrentamientos que nos distraen de lo importante”, dice el profesor de Metafísica.

Y entonces se puso las pilas: la fiscalidad no se toca, 15.000 viviendas municipales de alquiler para jóvenes en dos años, prohibición terminante de que los ayuntamientos —como ocurre ahora— puedan vender vivienda pública, restricciones a la movilidad, pero apoyando con 80 millones de euros a los 145.000 trabajadores de la hostelería.

Si la matemática lo permite, se declara dispuesto a impedir que Madrid se convierta en la primera capital europea gobernada por la ultraderecha

Pero sin olvidar la ideología. Mirando a Iglesias Turrión, no a sus votantes, como un socio indeseable por su “radicalidad” y su “extremismo”. Luego, ay, vendría el ministro Ábalos a recordarle que en política de alianzas el PSOE todavía no ha decidido nada. Por el otro lado del tablero, ve a Díaz Ayuso como un “sucedáneo populista de Donald Trump”.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), choca el puño con el candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo. (EFE)

Con la ayuda de los de Errejón (MM) y los de Bal (Cs), si la matemática lo permite y Ábalos no manda otra cosa, se declara dispuesto a impedir que Madrid se convierta en la primera capital de la Unión Europea gobernada por la ultraderecha. Palabras mayores que desbordan el marco autonómico de las elecciones del 4 de mayo. Convocadas por si acaso, se han convertido en un selfi de la devaluada política nacional.

Abascal se pone al frente de la campaña en Madrid y promete lealtad a Ayuso.

Y Gabilondo, escoltado por Llop, Lozano y Jalloul por exigencias del 'marketing' de Redondo y el guion feminista de Sánchez, es el alfil de Moncloa en sus primeros posicionamientos de cara a las elecciones generales, que pueden llegar antes de lo previsto. Mientras tanto, los nubarrones de la economía son cada vez más negros y los españoles hacen cola ante el psicólogo por consejo de Errejón, angustiados por el miedo a quedarse sin trabajo y por la exasperante lentitud en los planes oficiales de vacunación.

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