El desgobierno se cronifica en Cataluña
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Antonio Casado

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El desgobierno se cronifica en Cataluña

No se habla de vacunas y recuperación económica en la mesa ERC-JxCAT, sino de recrear las condiciones que acabaron con los líderes independentistas en la cárcel y fugados

placeholder Foto: El líder de ERC, Pere Aragonès, y la presidenta del Parlament, Laura Borràs. (EFE)
El líder de ERC, Pere Aragonès, y la presidenta del Parlament, Laura Borràs. (EFE)

Después del paréntesis de Semana Santa, siguen muy distantes las posiciones entre el encarcelado Junqueras (ERC) y el prófugo Puigdemont (JxCAT). No se soportan. Y aquí el factor humano, amén de las diferencias políticas, se suma a los diversos factores que cronifican el desgobierno y arrinconan las preocupaciones reales: vacunaciones, recuperación económica, seguridad jurídica y estabilidad política.

Esos problemas no son prioritarios en la mesa negociadora del pacto de legislatura previo a la investidura de Pere Aragonès tras dos votaciones fallidas. Ahí se habla sobre todo de recrear las condiciones (desafío al Estado, desobediencia y desbordamiento de la ley) que acabaron con los dirigentes independentistas en la cárcel, el autodestierro y la inhabilitación, mientras su país se empobrecía partido en dos.

Foto: Salvador Illa. (EFE)

Ahora, los independentistas de izquierdas y los independentistas de derechas solo están de acuerdo en impedir la repetición de elecciones. Lo juran por sus muertos, aun a sabiendas de que su nuevo horizonte, el 'pacto de Sant Jordi' (esperan anunciar la fumata blanca en torno al 23 de abril), también puede malograrse por inalterable rechazo de ERC a las exigencias de JxCAT: tutela de Puigdemont, voz única en Madrid y arrinconamiento de la CUP, básicamente.

Si persistiera el desacuerdo, según fuentes neoconvergentes, los de Puigdemont-Borràs facilitarían la investidura de Aragonès, que es lo comprometido, sin entrar en el Govern. Pasarían a la oposición dispuestos a apoyar las iniciativas del nuevo 'embate democrático' hacia la independencia y a desmarcarse de la agenda social pactada por ERC con la CUP. Y entonces ERC sumaría seguramente a los comunes, mientras que a JxCAT eso le permitiría quedarse con la llave de la gobernabilidad y ejercer de guardián de la ortodoxia soberanista durante dos años. Los que faltan para que Aragonès ponga su cargo a disposición del Parlament a mitad de legislatura en la cuestión de confianza pactada con la CUP.

Tras la Semana Santa, se habla del 'pacto de Sant Jordi': un acuerdo ERC-JxCAT en torno al 23 de abril como hipótesis más probable

La base parlamentaria de esa ecuación (50 diputados de ERC-JxCAT-ECP frente a una oposición heterogénea de 80), sería una vía hacia el desgobierno tan perturbadora como la vuelta a las urnas y, ante el inalterable veto mutuo entre los independentistas de Aragonès y los socialistas de Illa, tan cargada de inestabilidad como cualquier otra imaginable antes del 26 de mayo. Es la fecha tope para la investidura del 132º presidente de la Generalitat antes de una convocatoria automática de nuevas elecciones, que serían las sextas de la última década.

Aunque no se descarta el divorcio de JxCAT, la hipótesis más probable sigue siendo la del 'pacto de Sant Jordi'. De eso se habla en los medios políticos y mediáticos catalanes tras la pausa de la Semana Santa. O sea, que ERC y JxCAT acaben acercando posturas sobre la representatividad del llamado Consejo de la República, la autonomía de trato con el Gobierno de Sánchez, el papel de la CUP, el reparto de carteras en el futuro Govern y la gestión de los fondos de recuperación de la UE.

En la desquiciada política catalana, con hambre atrasada de 'seny', Aragonès está abocado a gobernar con un elefante en la mochila

Todo eso es relativamente fácil. Más difícil es que ERC, ansiosa por volver a presidir la Generalitat 90 años después, quede bien al mismo tiempo con JxCAT, Moncloa y una imprevisible CUP. No parece que una ERC acomplejada quiera plantarse ante los chantajes de una JxCAT sin prisas por cerrar el acuerdo y resentida por haber perdido el poder, la iniciativa y la primacía soberanista en favor de los desarrapados de ERC y la CUP.

En la desquiciada política catalana, con hambre atrasada de 'seny', Aragonès está abocado a gobernar con un elefante en la mochila. La orografía parlamentaria del 14 de febrero, lastrada por el temerario compromiso de cumplir el mandato del 1-O y por el veto mutuo ERC-PSC, lleva dentro el germen de la implosión. El fantasma del desgobierno planea sobre el territorio. No es una opinión, es una simple reseña sobre los efectos de la guerra entre los 'indepes', que ni siquiera se ponen de acuerdo en la forma de canalizar su común aspiración segregacionista.

Después del paréntesis de Semana Santa, siguen muy distantes las posiciones entre el encarcelado Junqueras (ERC) y el prófugo Puigdemont (JxCAT). No se soportan. Y aquí el factor humano, amén de las diferencias políticas, se suma a los diversos factores que cronifican el desgobierno y arrinconan las preocupaciones reales: vacunaciones, recuperación económica, seguridad jurídica y estabilidad política.

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