Su Majestad España: la república era esto
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Antonio Casado

Al Grano

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Su Majestad España: la república era esto

Las aspiraciones republicanas se hicieron sitio en la monarquía constitucional de 1978: una España tolerante, plural, laica, descentralizada y reconocida como una democracia avanzada

placeholder Foto: La familia real, en el Congreso durante la apertura de la legislatura. (EFE)
La familia real, en el Congreso durante la apertura de la legislatura. (EFE)

Fue un domingo 12 de abril, tal día como hoy hace 90 años, cuando el hartazgo de un pueblo con hambre atrasada de libertad y justicia derribó la monarquía, que había unido su suerte a la de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).

La carga plebiscitaria de aquellas elecciones municipales, en las que se manifestó civilizadamente el sentimiento antimonárquico en todas las circunscripciones urbanas, hizo inexorable dos días después la proclamación de la República (Eibar, Barcelona, Oviedo, Zaragoza, Bilbao… por ese orden) y la apresurada salida de Alfonso XIII hacia el exilio.

El cambio de régimen, iluminado por un grupo de intelectuales de acreditada confesión liberal (Ortega, Pérez de Ayala, Marañón, Unamuno, Azaña, Araquistain y otros), reforzó la autoestima de un país atrasado en todos los terrenos (económico, científico, social, cultural, sanitario, etc.) que pedía a gritos un inaplazable plan de reformas. Básicamente, en los estamentos militar y religioso, en el sector agrario y en la educación, sin olvidar las asignaturas pendientes de catalanes y vascos por sendos estatutos de autonomía dentro del Estado español.

La proclamación de la República, hace ahora 90 años, reforzó la autoestima de un país atrasado que pedía a gritos un plan de reformas

Lo que vino después (1931-1936), en un periodo equivalente a poco más que una legislatura de las de ahora, es sobradamente conocido. Un fecundo reformismo en el primer bienio (1931-1933) frenado en el segundo (1933-1936) y la inicua rebelión militar del 18 de julio del 36, planeada por el general Mola y acabada de perpetrar por Franco, que nos volvió a hundir en la miseria con su desdichado balance: una sangrienta Guerra Civil (1936-1939) y la larga dictadura franquista (1939-1975) que dejó a media España vencida y transterrada.

“Somos la antipatria —dice Azaña en voz de uno de los personajes de 'La velada en Benicarló'—; es decir, otra nación, proscrita, abocada al suplicio o al destierro”.

Los sueños interrumpidos y aplazados de la Segunda República se hicieron realidad en el régimen alumbrado en la Constitución abrumadoramente apoyada por los españoles en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. Volvimos a constituirnos en Reino, pero la titularidad del poder ya no la ostentaría un rey, sino el “pueblo soberano”. Y así se vio cumplido el comprometido deseo de Miguel de Unamuno, feliz por la caída de Alfonso XIII, en nombre de “Su Majestad España”.

Foto: Retrato del que fuera presidente de la II República, Manuel Azaña. (EFE) Opinión

Noventa años después del ocurrente sincretismo unamuniano y 43 después de implantarse la vigente monarquía constitucional, el histórico problema de la forma del Estado es un decimal en la jerarquizada lista de problemas que quitan el sueño a los españoles de aquí y de ahora. Sin embargo, todavía hay quienes reclaman —legítimamente, por supuesto— la vuelta a la forma republicana como sistema ideal para alcanzar la plenitud de una democracia en la que realmente —perdón por la diáfora— queden abolidos los privilegios de cuna y todos los ciudadanos seamos iguales ante la ley.

Los valores y objetivos de la Segunda República, en su espíritu fundacional, malogrado luego por el trágico choque entre fascistas y comunistas (por resumir la persistente fobia de unos y otros a la democracia liberal), encontraron su mejor caldo de cultivo en lo que los grupos políticos que se confiesan 'republicanos' llaman con desdén “el régimen del 78”, al verlo como una continuación del franquismo con distintos collares.

El problema de la forma del Estado es un decimal en la jerarquizada lista de problemas que preocupan a los españoles de aquí y de ahora

Es la desubicada cantinela de los Rufián, Iglesias, Echenique, Belarra, Junqueras, Otegi, Garzón, etc. Otros creemos que los contenidos republicanos de esta España tolerante, plural, laica, descentralizada, inserta en la comunidad internacional y reconocida como una de las 20 democracias más avanzadas del mundo, han encontrado su sitio en la arquitectura formal de la vigente monarquía constitucional, en la que el Rey, más allá de poner la cara en representación del Estado, no puede dar un paso sin el respaldo político del Gobierno.

Un sistema democrático, en fin, absolutamente compatible con todas y cada una de las aspiraciones formuladas por los teólogos de la Segunda República.

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