Las colas del hambre no salen en la foto
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Antonio Casado

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Las colas del hambre no salen en la foto

Iglesias quiere que la pobreza entre en campaña. Y la Fundación Madrina le pide que colabore “entregando comida” y “una parte del dinero recaudado por UP con las elecciones”

placeholder Foto: El candidato de Unidas Podemos a las autonómicas del 4-M, Pablo Iglesias. (EFE)
El candidato de Unidas Podemos a las autonómicas del 4-M, Pablo Iglesias. (EFE)

Los índices de pobreza se disparan en Madrid. Pero la campaña electoral se enreda en inofensivos fogonazos retóricos que ni de lejos apelan a la conciencia de los candidatos. Hojarasca de combustión rápida. Esgrima de salón sobre libertad o desmadre, subir o bajar impuestos, fascistas y antifascistas, y tú más, quinielismo, transfuguismo, empadronamientos irregulares, encuestas, frases ocurrentes, mentiras y vídeos.

Cada vez más colas del hambre, más comedores sociales y en más zonas de la Comunidad de Madrid. Empresarios arruinados, trabajadores en ERTE que no dan para llegar a fin de mes, uno de cada tres jóvenes sin trabajo, familias sin pan, sin techo, o ambas cosas a la vez. Y ahí sigue inmóvil el dato que a nadie moviliza: los 400 madrileños vulnerables atendidos mensualmente a lo largo del año 2020 que se han convertido en 4.000 diarios en lo que llevamos del año 2021, según fuentes de Cáritas y la Fundación Madrina.

Los 400 madrileños vulnerables atendidos mensualmente en 2020 se han convertido en 4.000 diarios en lo que llevamos de 2021

El fenómeno se reproduce más o menos en la misma proporción a escala nacional. Vamos camino de 10 millones de pobres (un millón más de españoles viviendo con menos de 24 euros al día, respecto a 2019), según Oxfam Intermón. Mientras, un silencioso ejército de voluntarios (Banco de Alimentos, Mensajeros de la Paz, Plaza Solidaria, Aguante Vecinal, la parroquia del barrio, Vecines en Red, etc.) recurre a donaciones, caridad, excedentes de supermercados, para llegar donde no llegan, porque no pueden o no quieren, los servicios sociales de los gobiernos (central, autonómico, municipal). Y cuando llegan, como en el caso del Ayuntamiento de Madrid, nos dan cuenta de que en 2020 proporcionaron ayuda alimentaria a 255.000 madrileños, cuatro veces más que en 2019.

Foto: Javier y Brenda esperando para recoger sus alimentos en una organización de Tetuán. (Carmen Castellón)

Las colas del hambre no han dejado de crecer con el documentado frenazo en la creación de riqueza, el más severo desde la Guerra Civil. Pero tampoco salen en los pregones de Sánchez sobre el advenimiento del maná europeo. Ni son objeto de reproche entre los que gobiernan y los que aspiran a gobernar. De vez en cuando, alguna televisión nos lo recuerda a la hora de comer como una pieza informativa más de consumo rápido.

Es como una carpeta enterrada bajo un montón de expedientes a la espera de que alguien la haga visible dándole prioridad antes de que a todos, especialmente a los servidores públicos, se nos caiga la cara de vergüenza. Y eso es lo que, al parecer, está intentando Unidas Podemos. Quiere que las colas del hambre entren en la campaña y espero que la iniciativa se contagie.

La pobreza es la carpeta enterrada bajo expedientes a la espera de hacerse visible antes de que se nos caiga la cara de vergüenza

Un vídeo promocional del candidato Iglesias Turrión ensalza la tarea “responsable y silenciosa” de la Fundación Madrina (privada, apolítica, aconfesional, sin ánimo de lucro, sin ayudas oficiales), que se ocupa de ayudar a familias en “nueva pobreza”. En su acuse de recibo, la citada entidad invita al exvicepresidente a “salir del despacho” y “hablar con las familias”. A implicarse de verdad en los “graves problemas sociales que ha generado la gestión económica de la crisis sanitaria”.

La inmediata reacción pública de la entidad aludida es un desafío para Iglesias. Una verdadera oportunidad de reconocerse en la causa de los desfavorecidos, aunque ocasionalmente solo curse por la vía del asistencialismo. La fundación le reta a demostrar con hechos su filantrópica pose electoralista. Que eche una mano “entregando comida” y que UP destine “una parte del dinero recaudado con las elecciones para la infancia más vulnerable, la más afectada por esta pandemia y de la que nadie ha hablado ni se ha preocupado”.

Espero que no malogre la ocasión de taparnos la boca a quienes le hemos reprochado su codicia al reclamar lo que le debe el Estado por sus meses de servicio en el Gobierno.

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