Sánchez echa a Casado de la campaña (favor que le hace)
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Sánchez echa a Casado de la campaña (favor que le hace)

El presidente reconoce su descenso de categoría para medirse con una figura regional, mientras ningunea al líder del PP asignándole un puesto entre el público

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El presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)

Cosas que ocurren en un país repoblado por genios asintomáticos de la política. El presidente del Gobierno quiso humillar a su adversario, Pablo Casado, líder del PP y referente principal de la oposición, pero le hizo un favor cuando el miércoles pasado, en sede parlamentaria, lo echó de la campaña electoral madrileña por presunto rechazo de los suyos, que “no le dejan”.

De ese modo asume Sánchez su implicación en la lucha por el poder durante los dos próximos años en esta emblemática parte del país. No necesita jurarlo. Pone a disposición de su candidato, Ángel Gabilondo, a su propio jefe de Gabinete, Iván Redondo. No solo. Entrega además a la presidenta del Senado (Llop), una ministra (Maroto) y dos secretarias de Estado (Lozano y Jallou). Se enreda en pleitos judiciales de menor cuantía contra actores secundarios de la lista del PP. Y condiciona decisiones nacionales a razones de partido en unos comicios autonómicos.

Reconoce así su ocasional descenso de categoría, como el Real Madrid y el Alcoyano en la Copa del Rey, para medirse con una figura regional. Al tiempo, ningunea al líder de la oposición asignándole un puesto entre el público. En primera fila, eso sí, porque es el jefe de Ayuso, la emergente figura regional que no reta a Gabilondo sino al presidente del Gobierno.

¿Será consciente Sánchez de que secunda el ascenso de Ayuso al entrar en su juego?

Sánchez se regionaliza con su desembarco en la campaña para las elecciones del 4 de mayo en Madrid, hasta el punto de incomodar a los socialistas madrileños. ¿Será consciente de que secunda la irresistible ascensión de Ayuso al entrar en su juego, que consiste en dar dimensión nacional a unas elecciones territoriales?

Favor que hace a Casado cuando lo expulsa retóricamente de la campaña y le invita a esperar sentado, como un espectador más, el desenlace de la batalla de Moncloa contra la doña. O de la doña contra Moncloa, que viene a ser lo mismo.

La derivada perversa de todo lo anterior es que si se acepta el pulso regional en clave nacional se está legitimando de antemano la interpretación de la victoria o la derrota también en clave nacional. Me explico. Ya no servirá aquello de que si gana Ayuso de ella será la victoria, pero si pierde el derrotado será Casado. Al dejarlo fuera de la batalla, el presidente del Gobierno le reduce ese riesgo. Si Ayuso se estrellase, en contra de las previsiones circulantes, Casado siempre podrá apoyarse en la argumentación de Sánchez: ¿No pregonó mi alejamiento de la campaña por imposición de la candidata del PP? En cambio, si se cumplen las previsiones con la cantada victoria de esta, y su continuidad al frente de la Comunidad, cualquiera podrá endosar la derrota de Gabilondo a los genios asintomáticos de Moncloa, tras una campaña en la que se implicaron hasta las cejas.

Véase hasta qué punto Sánchez se la juega en la campaña que arranca este domingo. Repito: si pierde Gabilondo, habrá perdido Sánchez.

Hay trampa en la amenaza de paralización de las vacunas por falta de viales, cuya disponibilidad no depende de Moncloa sino en Bruselas

Con estos precedentes no sorprende el grito conminatorio de Ayuso: o el Gobierno nos da más vacunas o dejamos de vacunar. Es el enésimo punto de fricción entre el poder regional del PP y el poder estatal del PSOE por el cronificado desencuentro Sánchez-Ayuso. Cuestión de fondo de la que casi nadie habla: la insensata falta de voluntad de ambas partes para ponerse de acuerdo en nombre de un interés superior.

Hay trampa en la amenaza de paralización de las vacunas por falta de viales, cuya disponibilidad no depende de Moncloa sino en Bruselas. Y hay trampa de Moncloa en el sistemático y politizado endose de todas las culpas al Ejecutivo de Ayuso.

Por la incidencia acumulada en el territorio (muy por encima de la media nacional) y el aumento de las hospitalizaciones, al menos la primera mitad de la campaña que arranca este domingo va a desarrollarse con casi medio millón de madrileños confinados a partir del lunes que viene. Medio millón de votantes en busca de un culpable de su encarcelamiento y de su hambre atrasada de besos y abrazos.

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