15-M y Podemos: hijos del 'régimen del 78'
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Antonio Casado

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15-M y Podemos: hijos del 'régimen del 78'

Si la aventura de los indignados fue de más a menos, si 10 años después se habla de decepción y sueño malogrado, no fue culpa del régimen coronado por la figura de un Rey

placeholder Foto: Pablo Iglesias, en Vallecas. (Ana Beltrán)
Pablo Iglesias, en Vallecas. (Ana Beltrán)

Al fulgor mediático y político de las celebraciones por el décimo aniversario del 15-M le ha faltado un homenaje al régimen del 78. Los finos analistas pasaron por alto que el movimiento de la Puerta del Sol nació, creció y escaló hasta el poder en el marco de una Constitución ampliamente ratificada por los españoles en diciembre de 1978.

Si la aventura fue de más a menos, si 10 años después se habla de decepción, desencanto, sueño malogrado, no fue culpa del régimen coronado por la figura de un Rey. El sistema vigente entonces y ahora arropó aquella revuelta con democrática tolerancia de la única forma prevista para canalizar la voluntad popular: la formación de un partido político.

Un justo malestar malversado en el discurso de un líder vanidoso, arrogante y peliculero, cuyo mejor servicio ha sido su fuga de la política

Ni tres años habían transcurrido desde las acampadas en el kilómetro cero cuando nació Podemos. Se inscribió en el registro del Ministerio del Interior (11 de marzo de 2014), con el objetivo de ganar las elecciones generales y desplazar del poder a los “secuestradores de la democracia”, según declaró entonces Iglesias Turrión, cuya ascensión al liderazgo se hizo irresistible entre gritos de “no nos representan”.

Lo que ocurrió después es historia. La historia de un justo malestar que acabó siendo malversado en el discurso de un líder vanidoso, arrogante y peliculero, cuyo mejor servicio a la causa ha sido su reciente fuga de la política. Se va el gran malversador de una idea inicialmente saludada en la izquierda contrariada y confusa por unas decisiones económicas del Gobierno Zapatero que supusieron una ruptura del contrato ideológico con los votantes del PSOE.

Pero procede recordar que el movimiento de los llamados 'perroflautas' (así los llamó la derecha, alarmada por la ocupación de las glorietas) fue posible, entre otras cosas, gracias a la tolerancia de Zapatero y su ministro del Interior (Rubalcaba, también vicepresidente). En ningún momento les pudo la tentación de reprimir por ocupación de la vía pública un malestar lógico en plena crisis económica, negro futuro para los jóvenes e incapacidad manifiesta de la clase política para resolver los problemas de la gente de a pie.

A Zapatero y a Rubalcaba nunca les pudo la tentación de reprimir a los acampados en las glorietas por ocupación de la vía pública

Dicho sea todo lo cual en favor del régimen del 78, la bestia negra de Iglesias, como si su demolición fuera a ser el principio de todos los bienes sin mezcla de mal alguno, tal y como cursaba en su cansino relato sobre la mala calidad de nuestra democracia, incluso cuando ya ocupaba la vicepresidencia de un Gobierno inequívocamente comprometido con la monarquía parlamentaria, que es el vértice de la pirámide constitucional.

No me invento nada. Iglesias fue escalando en el sistema mientras se ensanchaba la distancia entre lo mal que le iba al partido (el 4 de mayo ha estado a punto de quedar fuera de la Asamblea de Madrid, su última apuesta) y lo bien que personalmente le estaba yendo a él. Galapagar es la metáfora de sus mal cabalgadas contradicciones. Atrás quedaron las esperanzas fundacionales a partir de la sorprendente irrupción en el Parlamento Europeo (mayo de 2014) con 1.249.158 votos. Al año siguiente, en las generales de diciembre de 2015, la marca y sus confluencias superaron los cinco millones de votos. Una soberbia cosecha que no ha hecho sino menguar desde entonces.

Foto: La vicepresidenta tercera, Yolanda Diaz. (EFE)

Nadie podrá sostener seriamente que si en las últimas elecciones generales (noviembre de 2019) ya se había dejado en las cunetas un volquete de logros fallidos y más de dos millones de votos, fue por falta de oportunidades. Ni por rechazo de un sistema al que, según Juan Carlos Monedero, uno de los fundadores, se habían incorporado solo “por imperativo legal”. "Hechos y no ruido" es el nuevo salmo de Unidas Podemos, ahora bajo la directora mirada de la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz. Menos redes sociales y más gestión. Más cercanía a la gente y menos teatro. Que cunda.

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