Por valiente o por temerario: ¿arde el PSOE?
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Antonio Casado

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Por valiente o por temerario: ¿arde el PSOE?

La manifestación rojigualda del domingo 13 de junio puede frenar el avance de las llamas en el PSOE. La derecha furiosa une mucho al votante socialista

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Concentración contra Sánchez en Colón (EFE)

Solo la manifestación rojigualda del domingo 13 de junio, de nuevo en modo foto de Colón, podría frenar el avance de las llamas dentro del PSOE. La derecha furiosa une mucho al votante socialista. Eso podría retrasar la salida del armario del antisachismo. Lo demás es hoy por hoy malestar y riesgo de fractura por la declarada intención del Gobierno de indultar a los doce condenados del “procés”.

La doctrina Redondo hace estragos al exaltar la valentía del liderazgo frente a quienes respetan la ley y no frente a quienes tratan de reventarla. Colocarse frente al Supremo, la Fiscalía y la parte ofendida por los delitos cometidos no es valentía. Es temeridad y desprecio al riesgo de hundir a su partido con los indultos como lo hundió Rodríguez Zapatero en 2011 con los recortes. En ambos casos queda roto el pacto político e ideológico entre representantes y representados.

Colocarse frente al TS, la FGE y la parte ofendida no es valentía del líder. Es temeridad y desprecio al riesgo de hundir a su partido

Entonces como ahora era una apuesta segura para perder votos. No para ganarlos ¿O alguien cree que los indultos van a llenar el zurrón del PSOE de votos agradecidos a una apuesta por la concordia y la inesperada disposición de los independentistas a aceptar la legalidad?

En realidad, no hay desgarro. Hay una anomalía en el liderazgo. No hay división interna. Lo que hay es disidencia sanchista. No solo de carácter político, frente al sentir mayoritario del PSOE. También de carácter institucional, frente al Tribunal Supremo y la Fiscalía General, cuya posición contraria a la concesión de los indultos, porque no hay razones de justicia, equidad y utilidad pública que los justifiquen, encaja en el aberrante argumento de Sánchez sobre la justicia “revanchista”. Indultos que acercan al Gobierno a los enemigos del Estado y le alejan de un poder del Estado (el Tribunal Supremo). No tiene sentido.

En realidad, no hay desgarro. Hay una anomalía en el liderazgo. No hay división interna en el PSOE. Lo que hay es disidencia sanchista

En el origen de esa doctrina divisiva está una figura ajena a la memoria política e ideológica del partido fundado hace 140 años por Pablo Iglesias, pero con una inequívoca capacidad de condicionar al líder. Por encima de los anestesiados órganos del partido. Me refiero al alter ego de Sánchez con mando en plaza: Iván Redondo, su jefe de gabinete.

La influencia de Redondo trae causa de los argumentos forzados y escandalosamente frágiles de quienes aplauden la decisión de indultar a los doce del “proces”. Abochorna escuchar a Sánchez, a Carmen Calvo, a los ministros Campo y Ábalos, obligados a dar la cara (¿por qué callan Planas, Marlaska, Robles y Calviño?), diciendo obviedades, tales como que el derecho de gracia es constitucional, que la potestad de conceder indultos es exclusiva del Gobierno, que la medida es “legal”.

Eso nadie lo pone en duda. Lo que se discute es la conveniencia o inconveniencia de la medida. Es decir, si la decisión es o no de utilidad pública, si trae más beneficios que perjuicios, si favorece la reconciliación con los catalanes separatistas (menos que los españolistas, según la última encuesta del CEO de la Generalitat), si realmente va a mejorar la convivencia entre diferentes o, por el contrario, se regala la razón moral a quienes se reiteran en el desafío al orden constitucional sin atenerse a las reglas del juego, mientras la parte ofendida sigue aguantando carros y carretas.

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