Indultos: la apuesta de Sánchez cotiza al alza
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Antonio Casado

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Indultos: la apuesta de Sánchez cotiza al alza

En la semana del indulto y la mascarilla, Sánchez se abre al futuro en versión libre: rebatir el grito de Ayuso (“hoy empieza el fin del sanchismo”) y ser el pacificador de Cataluña

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Si no le amarga la fiesta el Consejo de Europa (guardián de las esencias en derechos humanos y libertades fundamentales) con un informe contrario a la actuación de nuestra Justicia por supuesta penalización de las ideas, Sánchez puede salir airoso del Liceo barcelonés, un templo civil del catalanismo, donde hoy presentará en sociedad su apuesta por el reencuentro.

Así prepara el terreno antes de ponerse dos medallas en sendas reuniones del Gobierno. Una, por "fomentar la convivencia en Cataluña" con el decreto de los indultos (martes). Y otra, por quitarnos la mascarilla (jueves). La derecha ataca la coincidencia. Ve en el pregonado fin de las mascarillas un suavizante del cabreo social por los indultos, aunque perdona la instrumentalización de una medida sanitaria. Que se politice el derecho de gracia es lo suyo, pero ¿quién es Pedro Sánchez para tomar una decisión sanitaria sin remitirse a los expertos ni haberlo pactado con las comunidades autónomas?

Por tanto, la actualidad política sigue anclada en el perdón de la pena pendiente de cumplir a los golpistas del 'procés' con la esperanza de que sirva para desinflamar el llamado conflicto. Pero sigue pendiente la tarea de convencer a los discrepantes de que no se trata de alfombrar el camino del independentismo hacia una república emancipada del Estado español. Unos la temen y otros la desean. Y entre las versiones libres de unos y otros sobre el futuro, bracea Sánchez con su versión propia. A saber: rebatir el grito de Ayuso ("hoy empieza el fin del sanchismo") y pasar a la historia como Pedro el pacificador.

Junqueras liberó el voluntarismo de muchos sectores con mala conciencia

Reseña y no opinión: la apuesta de la magnanimidad (yo la veo como claudicación, pero celebraría estar equivocado) cotiza al alza. Además de la verificada mayoría parlamentaria que arropará la comparecencia de Sánchez prevista para el día 30, hemos visto en los últimos días el aumento de adhesiones a los indultos "parciales, limitados y reversibles". Así figuran en los informes de la Abogacía del Estado, que con toda probabilidad hoy mismo la comisión de subsecretarios pasará al índice verde del Consejo de Ministros del martes.

El punto de inflexión fue el escrito de Junqueras celebrando los indultos y renegando de la unilateralidad. La que estaría de nuevo condenada al fracaso, no la que imponga una imparable mayoría "autodeterminista", según explica el líder de ERC. Aunque ahora asocie la medida a la "debilidad del Estado", aquel gesto pactado con Moncloa impulsó el voluntarismo de muchos sectores no independentistas que, como el genio de la lámpara, estaban deseando liberarse de su mala conciencia por no estar en el bando del Tribunal Supremo, la Fiscalía General y la parte ofendida por el intento secesionista.

Luego vendría el apoyo por parte de los dos grandes sindicatos (UGT y CCOO), una mayoría parlamentaria aplastante (190 frente a 152) contra una moción del PP que reprobaba la medida, pronunciamientos favorables de empresarios, obispos y distintas asociaciones civiles de Cataluña, la ministra Margarita Robles y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi.

¿Quién es Sánchez para anunciar el fin de las mascarillas?

Es lugar común señalar que los empresarios quieren previsibilidad y certidumbre. Sobre esa premisa mayor descansa la discutida posición de Garamendi. Pero su ecuación argumental sobre los indultos es inatacable: "Si es para bien, bienvenidos sean". Es el razonamiento de sentido común que se está abriendo paso en otros sectores de la vida pública, mejorando el horizonte de la apuesta política de Sánchez.

Insisto en lo de 'apuesta' a la luz del principio de oportunidad no reñido con el de legalidad. Aquel es aleatorio en la mente del jugador. Puede ganar o perder. Lo relevante es que el resultado nos afecta todos. Saldrá bien o mal en función del interés general. Que salga bien es mejorar la convivencia y desinflamar la colisión del independentismo con el Estado sin que se resienta el orden constitucional. Que salga mal es que la generosidad acabe favoreciendo pretensiones de imposible cumplimiento, como la amnistía y la autodeterminación.

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