El TC, cerca de Vox y lejos de la gente
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Antonio Casado

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El TC, cerca de Vox y lejos de la gente

Cuesta imaginar que, en los días duros del confinamiento en defensa de la salud pública, los españoles se fueran a la cama angustiados por la "falta de encaje constitucional" de la decisión del Gobierno

placeholder Foto: Santiago Abascal frente al Congreso de los Diputados. (EFE)
Santiago Abascal frente al Congreso de los Diputados. (EFE)

Más allá de hipótesis insidiosas y elucubraciones doctrinales, he aquí dos verdades de fácil verificación. Una, el fracturado Tribunal Constitucional no nos ha hecho más libres al descubrir que, en su lucha contra la pandemia, el Gobierno quiso limitar derechos sin decirlo. Y dos, el Gobierno de la nación, digan lo que digan los discursos de partido, no es un depredador de los derechos fundamentales.

¿Cuántos españoles se enzarzaron en discusiones sobre el peligro de que la definición de la sustantividad de los conceptos "suspensión" o "limitación" quede en manos del Gobierno, o bien sintieron el confinamiento por razones de salud pública como una restricción de derechos de "altísima intensidad"?

Sinceramente, me cuesta imaginar que durante los días más duros del confinamiento los españoles se fueran a la cama angustiados por la "falta de encaje constitucional" de la decisión del Gobierno. No recuerdo ninguna discusión de balcones sobre "limitación" o "vaciamiento" de derechos, al modo de los personajes de José Luis Cuerda ('Amanece, que no es poco') discurriendo sobre lo necesario y lo contingente.

Foto: Tribunal Constitucional. (EFE)

Recordemos el dogma del pueblo español como fuente de todos los poderes del Estado (artículo 1.2 de la Constitución). Si la voluntad popular inspira la Constitución y convierte al TC en su máximo intérprete, es palmario que una parte de sus componentes (la mitad más uno) no han hecho bien sus deberes, puesto que el pueblo soberano aceptó, asumió, cumplió y dio por buenas las medidas contempladas en el estado de alarma decretado por el Gobierno en marzo de 2020.

No podemos olvidar que estaba en juego el más preciado de los bienes a proteger en una comunidad políticamente organizada: la salud de las personas. Y si hablamos del interés general como razón última de la tarea encomendada a los gobernantes, a los ojos de la gente no puede haber nada mejor que la salud pública para justificar la coincidencia de sus instituciones representativas. Por eso se entiende el malestar del Gobierno cuando se refiere a la falta de sentido de Estado en la sentencia del TC que, un año y cuatro meses después, declara parcialmente inconstitucional ese decreto. Nada del otro jueves. Si discrepan de la sentencia los propios magistrados, ¿por qué no iba a discrepar el Gobierno que resulta desautorizado?

"No puede haber nada mejor que la salud pública para justificar la coincidencia de sus instituciones representativas"

Por seis contra cinco, a falta de un magistrado dimitido que hubiera cambiado la decisión en tanda de penaltis (voto de calidad del presidente González Rivas), tan legítimo es hablar de derrota como de victoria del Ejecutivo. Nadie habló del mejor juego de Italia por la única razón de que acertase en un penalti más que España. Pero aquí hablamos sin parar de "varapalo al Gobierno" y nos ponemos estupendos en defensa de principios que no han sido vulnerados en absoluto.

Un periódico titulaba el otro día: "El confinamiento de Sánchez fue ilegal". Como si fuera algo personal. Como si eso de encerrar a la gente en sus casas por razones de salud fuese la ocurrencia de un peligroso enemigo de la Constitución.

A ver si va a resultar que Vox, partido intolerante y xenófobo donde los haya, es el guardián de las esencias constitucionales. Dicho sea no por emparentar con esa estupidez de Echenique que habla del Tribunal "Voxtitucional", sino porque fue el partido que presentó el recurso y resultó que tenía razón. Razón jurídica, se entiende, a ojos de quienes están facultados para ello. Solo hecha esa precisión me atrevo a decir que el Tribunal Constitucional ha resultado estar más cerca de Vox que del pueblo soberano.

Más allá de hipótesis insidiosas y elucubraciones doctrinales, he aquí dos verdades de fácil verificación. Una, el fracturado Tribunal Constitucional no nos ha hecho más libres al descubrir que, en su lucha contra la pandemia, el Gobierno quiso limitar derechos sin decirlo. Y dos, el Gobierno de la nación, digan lo que digan los discursos de partido, no es un depredador de los derechos fundamentales.

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