Fuego fatuo en la política nacional
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Antonio Casado

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Fuego fatuo en la política nacional

El bulo de Malasaña y la no ampliación del aeropuerto del Prat marcan un debate en el que se discute sobre lo que no existe y los odiadores dan la cara

placeholder Foto: Marcha contra la homofobia en Madrid. (EFE)
Marcha contra la homofobia en Madrid. (EFE)

El bulo de Malasaña y la no ampliación del aeropuerto del Prat. No se habla de otra cosa en los dominios del reino. Llamaradas de indignación sobre lo que no existe, lo que no ha sucedido. Como en la balada lorquiana, "quién dirá que el agua lleva un fuego fatuo de ríos", quién se atreverá a decir que discutir por si acaso es un signo de inmadurez.

Con la inexistente agresión homófoba de Malasaña dieron la cara todos los odiadores. Contra el diferente valió todo. Y conste que no me refiero solo a la libérrima opción sexual y afectiva del individuo. También la diferencia ideológica destapa al odiador. Por la derecha y por la izquierda.

Foto: Vista de la mesa presidencial del hemiciclo del Parlament de Cataluña. (EFE)

Eso es el fascismo en su forma más actualizada. Aunque sea más bien de pensamiento y rara vez de obra, persigue la eliminación del adversario político. No ya la eliminación física, como hacían los nazis de Hitler, el estalinismo o los matones de ETA.

A ver si nos entendemos: el odio como un vil patrimonio de los odiadores. Y solo un pensamiento sectario se negará a admitir que esos aparecen a uno y otro lado de las barricadas ideológicas deformando la realidad. Manipula la izquierda cuando se erige en víctima del odio de la derecha y también la derecha tiene motivos para sentirse víctima del odio de la izquierda.

Es odio que una concejal del PP desee la muerte de Sánchez y que Rufián celebre con sonrisa "progre" la propuesta de "matar a los de Vox"

Es odio que una concejal onubense del PP (Moguer) desee en redes sociales la muerte del presidente, Pedro Sánchez, y es odio lo que siembra Gabriel Rufián, azote de "fachas" y representante del pueblo soberano, cuando celebra con una sonrisa "progre" la propuesta de "matar" a los de Vox por parte de una atrabiliaria chica "progre".

La mentira de Malasaña no deroga la verdad de una homofobia real, verdadera y denunciable. Pero el odio al diferente que destilan algunas posiciones de la ultraderecha no me hace olvidar que también en la izquierda han vendido odio al exagerar la homofobia de la derecha, como si fuera algo consustancial a la derecha (falso de toda falsedad), a propósito de una agresión sexual que nunca existió.

Foto: El portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros. (EFE)

Tampoco olvido como la inconsistencia de nuestros gobernantes está causando el segundo gran culebrón de la política nacional. Grandes llamaradas retóricas sobre la frustrada ampliación del aeropuerto del Prat. Encendidos debates de fuego fatuo en torno a lo que, por contradicciones internas en el gobierno de la nación y, sobre todo, en el de la Generalitat, ha quedado aplazado al menos por cinco años más.

Como en el bulo de Malasaña, un algo que no existe porque el populismo medioambiental y las soflamas independentistas han atropellado, una vez más, la política de las cosas. Las cosas de comer, quiero decir. Y eso no es política.

Con la frustrada ampliación del aeropuerto de Barcelona, el independentismo ha atropellado, una vez más, la política de las cosas

Son fuegos artificiales que brillan en el aire y se desvanecen, en la oportunista comisión de seguimiento de los delitos de odio o las marchas convocadas por los independentistas catalanes en un nuevo 11-S contra la España que odian desde la república "que no existe, imbécil", así caracterizada por un mosso d`esquadra, mucho antes de que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la calificara de "tontería".

Simplemente, no existe. No existió la víctima de Malasaña que disparó el celo gubernativo del ministro Marlaska, ni la ampliación del aeropuerto del Prat, la malograda lanzadera de la recuperación económica de una Cataluña harta de 'procés'.

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