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El otoño caliente del volcán y las cosas de comer
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Antonio Casado

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El otoño caliente del volcán y las cosas de comer

Las lágrimas negras de La Palma compiten con un palpitante temario socio-económico en el entierro mediático de Puigdemont y otros chiquilicuatres de la política nacional

Foto: El presidente del PP de Murcia, Fernando López Miras, y el presidente nacional del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)
El presidente del PP de Murcia, Fernando López Miras, y el presidente nacional del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)

El otoño del volcán y las cosas de comer entierran a Puigdemont y otros chiquilicuatres de la política nacional. Buena falta nos hace un baño de realidades. El suministro de gas argelino, por ejemplo, desborda el quinielismo sobre la euroorden del juez Llarena. Y el arropamiento material y afectivo a los palmeros siempre importará más que la actuación de Pablo Casado en la plaza de toros de Valencia.

Hasta el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, entre llamamientos del independentismo a tomar la calle en el cuarto aniversario del fallido golpe al Estado, ha redoblado su apuesta por el diálogo con el Gobierno de Sánchez para apremiarle no en la instauración de una república catalana, sino en mejorar las condiciones de vida de los catalanes.

En los circuitos mediáticos solo las lágrimas negras de La Palma compiten con la palpitante agenda social aquí y ahora: pensiones, desempleo juvenil, alquileres, impuestos, recibo de la luz, huelga de trenes, el paro de las empleadas de hogar, etc. Y lo último, el hachazo a nuestro poder adquisitivo. El brote inflacionista es el mayor de los últimos 13 años.

Aragonès redobla su apuesta por el diálogo por mejorar la vida de los catalanes y no por la instauración de una república catalana

El otoño se estrenó con una subida de precios que, en descriptivo titular de un diario madrileño, "castiga a las familias y desborda al Gobierno". El consabido rifirrafe parlamentario de la sesión de control, el debate sobre política general en el Parlament, la Convención del PP, quedaron en segundo plano. Desaparecieron bajo las cenizas del volcán y el ardiente debate sobre la situación económica y social del país.

Cierto. Pero eso no quiere decir que la política no ande entre los pucheros y las dificultades de las familias para llegar a fin de mes. Son debates vinculados a los intereses de franjas electoralmente decisivas (funcionarios, pensionistas, autónomos, pequeños empresarios) y tensionan a los partidos de la coalición del Gobierno (PSOE y Podemos) en agria disputa por la bandera social en plena negociación de los PGE.

Aunque todo eso no quite relevancia política a las cosas de comer, sirve para arrinconar los absurdos debates denunciados por los expresidentes González y Rajoy.

La política anda entre las dificultades de las familias para llegar a fin de mes y tensiona a la coalición gubernamental

Las siglas de los partidos contaminan el aire cuando Vargas Llosa nos enseña a votar. Se nos va la fuerza por la boca en polémicas estériles, como la de Ayuso con el papa Bergoglio o los pueriles desplantes del independentismo catalán al rey Felipe VI. Y nos distrae de la ola de malestar social que se avecina con el cantado retraso en las previsiones de remontada económica.

Sin embargo, nada tiene de absurdo reparar en las consecuencias políticas de lo que afecta al bolsillo de los españoles. La revisión a la baja de las previsiones de PIB en una economía que debe más de lo que produce y el eruptivo brote inflacionista de septiembre (hasta un 4%) amenazan el plan de recuperación al que Sánchez fía su continuidad en el poder.

La nube negra ya flota sobre los equipos de Moncloa: ¿y si la inesperada subida de la inflación (hasta un 3,4% en la eurozona) acaba pinchando la doctrina expansionista de Bruselas, como se temen algunos analistas?

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