Adanismo feminista: las chicas con las chicas
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Antonio Casado

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Adanismo feminista: las chicas con las chicas

Mientras la realidad de los camioneros cabreados se quedó a las puertas del teatro, las cinco rosas del Olympia no dejaron de agitar los tópicos de siempre con aire fundacional

Foto: Colau, García, Oltra, Díaz y Hamed, en Valencia. (EFE/Ana Escobar)
Colau, García, Oltra, Díaz y Hamed, en Valencia. (EFE/Ana Escobar)

A la vicepresidenta segunda del Gobierno y presunta abanderada de una alternativa política a la izquierda del PSOE, Yolanda Díaz, solo le faltó adornar con música de violines su canto del sábado en Valencia: “Esto es el comienzo de algo que va a ser maravilloso”. Suficiente para entrar y salir del teatro Olympia entre gritos de “¡presidenta, presidenta!”.

“¿Pero hay alguien más?”, gritaba el montañero a punto de despeñarse cuando una voz cavernosa le anunciaba la presencia de un ángel de la guarda que le depositaría suavemente en tierra firme después de recogerle en el aire.

Arropada por un cartel de cuatro activas ejercientes de la política territorial (Mónica Oltra, Ada Colau, Mónica García y la ceutí Fátima Hamed Hossain), tiñó de adanismo feminista los lugares comunes de una campaña electoral: “Aquí tenemos un proyecto de país”. Es más viejo que la tos y queda plasmado en programas que “aburren a las vacas”, según Yolanda Díaz. Antes o después, ella también pondrá su proyecto por escrito.

Foto: Las lideresas de izquierda en el acto de Valencia. (EFE/Ana Escobar)

A quienes ya tenemos unos cuantos programas electorales en el disco nos cuesta encontrar algo realmente nuevo en la declaración de principios de quienes pregonan otra forma de hacer la política. Lo de Valencia da para levantar acta de la formación de un frente feminista arrogante, gesticulante, excluyente, más allá de las propuestas inevitables. Aparte la 'descarbonización' y alguna otra figura de reciente factura, no hay programa electoral que no se comprometa a garantizar “protección social, educación, sanidad y vivienda digna”.

En este caso, nos quedamos en la “política bonita” ('copyright' Mónica García, de Más Madrid). Y enunciados emocionales que, eso sí, quieren desbordar los límites de las siglas, entenderse en la diferencia (“Nos encanta ser diversas”), resolver los problemas reales de la gente, la empatía como forma de resolver conflictos, hacer camino al andar, prometiendo mundos nuevos con palabras viejas.

Las cinco rosas usan el "nosotras" pero se reservan el derecho de admisión, como se ha visto en las señaladas ausencias

Mientras la realidad de los camioneros cabreados se quedó a las puertas del teatro, las cinco rosas del Olympia (tres en el poder, dos en la oposición) no dejaron de agitar los tópicos de siempre con aire fundacional, como si por primera vez en la historia fuese en serio la apuesta por un país diverso, justo e igualitario, en boca de unas profesionales de la política.

Por eso sostengo que las descargas verbales del desbordado acto público de Valencia vienen cargadas de ese adanismo que sus cinco protagonistas consideran triunfante con carácter preventivo: volver a “la política con mayúsculas”. Como si hasta ahora la política hubiera sido un espacio irremediablemente machista y libre de talento. Y tampoco es eso, señoras.

Foto: Protesta de los transportistas a la puertas del Teatro Olympia de Valencia. (EFE/Ana Escobar)

Las oradoras prometieron “un tiempo necesario de liderazgos femeninos y feministas” (Ada Colau). Chispeantes, animosas y encantadas de haberse conocido, disponibles para los finos estudiosos de la sociología moderna, hablaron de “caminar juntas” y usaron el 'nosotras' para definir el activismo del cambio. Pero se reservan el derecho de admisión, como se ha visto en las señaladas ausencias.

Se puede entender en la lógica de su ubicación en el espectro ideológico. No en el de su profesión de fe en el hemisferio femenino como esperanza de la Humanidad por un mundo más habitable.

Valencia