Una absurda forma de celebrar el 20-N
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Antonio Casado

Al Grano

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Una absurda forma de celebrar el 20-N

Lo mejor que podía pasarle a la ley de Memoria Democrática es acabar en el sumidero de aguas fecales del Congreso. Pudiera ocurrir, a la vista de las dificultades para sacarla adelante

Foto: Exhumación de Franco en el Valle de los Caídos.
Exhumación de Franco en el Valle de los Caídos.

En la España del malestar por el paro endémico, las colas del hambre, el aumento de la desigualdad y una nueva ola del covid en vísperas de las Navidades, la clase política se entretiene con un extemporáneo debate sobre los crímenes de lesa humanidad del franquismo. Debate desencadenado por el Gobierno, todo hay que decirlo. Es su absurda forma de celebrar el 46º aniversario de la muerte de Franco.

El paso de la llamada Ley de Memoria Democrática por el telar parlamentario nos enseña dos cosas. Una, la insoportable levedad de las decisiones que se toman en Moncloa, que nacen peleadas por los propios componentes de la coalición. Y dos, aplicado al caso que nos ocupa, aquello de que el hombre es un ser racional solo es una licencia poética de Aristóteles.

Lo mejor que podía pasarle a este proyecto de ley es acabar en el sumidero de aguas fecales del Congreso. No descartable a la vista de las dificultades del Gobierno para sacarla adelante con sus disparatadas enmiendas: inconstitucional desaparición del título de Rey, declaración de "ilegalidad" de un régimen felizmente desaparecido, imprescriptibilidad de los crímenes franquistas o la derogación de aquella Ley de Amnistía de 1977 celebrada por los demócratas concertados para acabar con la dictadura.

Es justo y necesario ahondar en los crímenes del franquismo. Para la historia y las nuevas generaciones. No para los tribunales de justicia

Al hablar de esas desatinadas enmiendas no aludo al contenido, discutible en todo caso, sino al hecho de querer imponerlo desde una ley ordinaria a leyes penales y principios jurídicos de mayor cuantía en el derecho nacional e internacional.

Es justo y necesario ahondar en los crímenes del franquismo. Para conocimiento de la historia y las nuevas generaciones. Casi medio siglo después y a la luz de la legalidad nacional e internacional, no para los tribunales de justicia.

A estas alturas da pereza remitirse al Estado de Derecho y el principio de legalidad en relación con los llamados delitos de lesa humanidad. Si en su nombre proponemos el enjuiciamiento por figuras delictivas inexistentes cuando se cometieron los crímenes, ¿por qué no aplicar la imprescriptibilidad a las purgas del estalinismo en España o a los asesinatos terroristas cometidos en nuestro país antes de ratificar el Estatuto de Roma en 2002 y de incorporar el delito de lesa humanidad a nuestro Código Penal (ley orgánica 15/2003, artículo 607 bis)?

Los Otegi y Cía quieren castigar a criminales muertos, pero no parecen interesados en investigar los 379 crímenes de ETA sin resolver

Por suerte, el franquismo y el comunismo ya se han perdido en la polvareda de la historia. Es una cabriola boba presumir de antifranquismo cuarenta y seis años después de la muerte de Franco. Totalmente naif. Diría lo mismo de quienes se declaran anticomunistas a estas alturas. Fogonazos verbales de consumo rápido en la barra del bar.

Solo por el dudoso gusto de declararse más antifranquistas que nadie, con casi medio siglo de retraso, algunos dirigentes políticos se embarcan en querellas alejadas de las reales preocupaciones de la gente. El Gobierno de Sánchez no solo lo permite, sino que se suma. No tanto por ratificarse en su aversión al régimen nacido ilegítimamente de un golpe de Estado, sino por mantenerse en el pedestal, donde hay partidos más interesados en perseguir a los criminales franquistas muertos que a los criminales de ETA vivos y con cuentas pendientes con la justicia.

Da que pensar. Pero es verdad: los Otegi, Iglesias, Rufián, Rego, etc., reclaman todo el peso de la Justicia sobre unos criminales franquistas que se han tragado los cementerios y las páginas de la historia, aunque no los veo muy interesados en investigar los 379 crímenes de ETA sin resolver, según la delegación del Parlamento Europeo cuyo reciente paso por España no despertó el menor interés político ni mediático.

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