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Antonio Casado

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El emérito, lejos del banquillo

En las dichosas fechas que se avecinan, don Juan Carlos de Borbón seguirá siendo el ausente porque no han cambiado las circunstancias que motivaron su alejamiento

Foto: El rey emérito, don Juan Carlos de Borbón, en una imagen de archivo. (Getty)
El rey emérito, don Juan Carlos de Borbón, en una imagen de archivo. (Getty)

No eran regalos navideños para el emérito lo que los españoles compraban en las atestadas zonas comerciales el pasado fin de semana. En las dichosas fechas que se avecinan, don Juan Carlos de Borbón seguirá siendo el ausente porque no han cambiado las circunstancias que motivaron su alejamiento de España el 3 de agosto de 2020.

Fue del propio emérito la “meditada decisión” de trasladarse por ser “lo mejor para España y para la Corona”. Con base en esa lógica públicamente declarada, suya será la decisión de volver cuando considere que el regreso no dificulta “el ejercicio de la función del rey Felipe VI con tranquilidad y sosiego”.

Es la doctrina oficial. Se sobrepone a la generalizada impresión de que el verificado deseo de don Juan Carlos de volver a casa por Navidad estaría en todo caso condicionado por la opinión del Gobierno o la Casa del Rey. Lo demás son estados de opinión creados en los entornos del ausente, no en los de Zarzuela o Moncloa.

Sobre la Fiscalía dirigida por una exministra del Gobierno, pende el dilema de pedir el archivo o acusar al exjefe del Estado

Huelga especular sobre el retorno antes de que los fiscales del Supremo decidan si archivan o acusan. Eso sí cambiaría los motivos del alejamiento, al menos los judiciales. Tienen un plazo de seis meses, tras la prórroga otorgada por la Fiscalía General del Estado para seguir investigando en las tres causas abiertas: dinero opaco, comisiones ilegales y pagos cargados a la cuenta de un empresario amigo.

Ahí estamos. Sobre la Fiscalía General, dirigida por una exministra del Gobierno, Dolores Delgado, pende el dilema de presentar un escrito de acusación contra quien ocupó la jefatura del Estado durante 39 años. O explicar en lenguaje jurídico que no hay razón para sentarlo en el banquillo. Es lo previsto, según ha ido transcendiendo en los últimos días.

No le arriendo la ganancia al teniente fiscal del Tribunal Supremo que dirige la investigación, Juan Ignacio Campos, cuando firme los argumentos que le llevan a pedir el archivo de las tres causas. Implícita será la tarea de dedicar algún párrafo del escrito a explicar el principio de igualdad ante la ley.

Sin duda se respetarán los protocolos judiciales. Pero los juicios morales van por otros caminos. Y no van a conformarse con la inviolabilidad (hasta 2014), las dos regularizaciones fiscales presentadas de forma “voluntaria” y “espontánea” y la prescripción por mero paso del tiempo.

Los juicios morales no se conformarán con la inviolabilidad, las dos regularizaciones fiscales y la prescripción por mero paso del tiempo

Amén de la demanda presentada por Corinna Larsen en Londres por “acoso”, con muy pocas posibilidades de prosperar, quedan dos portillos abiertos a la remota posibilidad de que don Juan Carlos acabe en el banquillo. Uno, que la Agencia Tributaria declare incompletas o no veraces las dos regulaciones fiscales del emérito (diciembre de 2020 y febrero de 2021). Otro, que los informes solicitados a las autoridades judiciales de Suiza desvelen indicios delictivos no detectados hasta ahora.

Una derivada: Felipe VI no tendrá que condicionar su mensaje de Navidad al contenido de un escrito de archivo, o de acusación en su caso, sobre las irregularidades cometidas por su padre. Porque es evidente que lo uno o lo otro, la exculpación (archivo de las actuaciones) o la inculpación (querella), va a polarizar inevitablemente a la opinión pública.

Sin embargo, la prórroga de las investigaciones (no tiene por qué agotarse) nos puede trasladar a las vísperas del verano, que es tiempo de dispersión, gozo e indulgencia.

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