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Antonio Casado

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Sánchez 22: el año decisivo

Moncloa puede neutralizar las amenazas. Pero no a base de amplificar la falsa alarma antifascista. Ni mediante el camuflaje verbal mostrado por Sánchez en su última comparecencia

Foto: Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, tras la aprobación de los PGE 22. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, tras la aprobación de los PGE 22. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Las preguntas que el PP ha puesto sobre la mesa del Parlamento Europeo, a responder por la Comisión, anticipan los primeros debates del año recién estrenado. Cuestionan el uso de los fondos de recuperación y denuncian un marco presupuestario desbordado por la realidad. Sobre ellos planean dos sombras negras. La del clientelismo, en el primer caso. La del frenazo a la remontada económica, en el segundo.

Un tercer asunto oficia de telonero en un año político decisivo para la ecuación Frankenstein y la continuidad de Sánchez en el poder: la sanción parlamentaria de la reforma laboral pactada por los agentes sociales. Paso adelante en la regulación del mercado de trabajo y, se mire como se mire, un éxito del Gobierno. Las inexplicables objeciones de sus amigos nacionalistas, sumadas a la oposición conservadora (PP), constituyen la enésima expresión de la banalizada política nacional.

A partir de esos apuntes preliminares, un laberinto de variables impide cualquier anticipación seria a lo que será el año político. Salvo algunas cosas, que diría Rajoy. Por ejemplo, la patada al tablero es segura por crecimiento de la ultraderecha en las urnas (Vox condicionará un eventual Gobierno del PP como Podemos condicionó en su día al PSOE de Sánchez). Solo probable, por irrupción electoral de provincias olvidadas, mientras que el 'Junts per Yolanda' se limitará a recoger la menguante cosecha de Podemos.

La credibilidad del mensajero no la da ponerse a los pies de un Gobierno que presume de cumplir lo que promete

En las manos del estado mayor de Moncloa está la posibilidad de neutralizar esas amenazas. No precisamente a base de amplificar la falsa alarma antifascista. Mucho menos mediante el camuflaje verbal mostrado por Sánchez en su última comparecencia pública de 2021. A pesar del blindaje presupuestario obtenido en las Cortes Generales y haber sumado puntos con una reforma laboral apoyada por patronal y sindicatos, la credibilidad del mensajero no la da ponerse a los pies de un Gobierno que presume de cumplir sus promesas y culpa a una oposición montaraz (PP) de no estar todavía en el mejor de los mundos.

El relato oficial, elaborado en el departamento de máscaras, no encaja en el clima de incertidumbre derivado de una ecuación de poder tóxica y unos PGE 22 desmentidos por todos los organismos internacionales. Si además la pandemia sigue frenando el turismo (nuestra primera industria nacional), mientras se echa encima el calendario electoral (Castilla y León y Andalucía, teloneras de territoriales y generales de 2023), estamos encarando un año políticamente inestable y económicamente incierto.

Foto: Sánchez aplaude a Montero en el Congreso. (EFE/Fernando Villar)

Son hechos de fácil verificación, ausentes del relato oficial. Coste de la vida disparado con marcadores desconocidos en los últimos 30 años. España debe mucho más de lo que produce. Niveles de crecimiento escasos para una verdadera remontada. Creciente malestar sectorial. Y un poder político que se recuesta sobre declarados enemigos del Estado.

Culebrones aparte, como el atomizado independentismo catalán o el retorno del emérito, ahí están descritas las fuentes de variables políticas, económicas y sociales que, más allá del quinielismo propio de avispados contertulios y finos analistas, demuestran que no hay ciencia cierta sobre lo que está por venir.

El relato oficial no encaja en el clima de incertidumbre derivado de una ecuación de poder tóxica

Esos brochazos no son precisamente inductores de optimismo en una ciudadanía sedienta de normalidad. Así que no demos por infalible el generalizado diagnóstico de que la aprobación de los PGE 22 consolida el poder de Sánchez y garantiza el agotamiento de la legislatura.

Necesitará pagar un precio extra y retribuir a sus costaleros mediante concesiones incompatibles con la historia de su partido. Salvo improbable viaje al centro deshabitado. No imposible si las vacunaciones y la recuperación económica le echan una mano.

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