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Ni rompedores de España ni fascistas sin diagnosticar
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Antonio Casado

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Ni rompedores de España ni fascistas sin diagnosticar

Un PP a la defensiva y un PSOE frustrado por no haber podido hacer por la izquierda lo que Mañueco ha hecho por la derecha

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE/Chema Moya)
El líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE/Chema Moya)
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El PP se lo buscó con un mal calculado adelanto electoral en Castilla y León. Un pan de obleas cuyo resultado fue descentrarse sin Ciudadanos. Pero eso no justifica la agresiva reacción de sus adversarios.

Si no arde Francia ante la posibilidad de que la ultraderechista Le Pen pueda convertirse el próximo día 24 en presidenta de la República, no entiendo el rasgado de vestiduras por la entrada de Vox en un Gobierno regional.

Hasta el Gobierno central afea a Feijóo que su primera decisión haya sido gobernar con Vox. Como si hubiera podido elegir

De repente, la cultura del pacto, como elemento de estabilidad, divino tesoro, ha sufrido un interesado apagón. En su lugar, una impostada carrera de sacos por ver quién se pone más estupendo dando lecciones de democracia. Manda huevos. El pacto es la “infamia”. “Retroceso histórico” en Castilla y León. Un “caballo de Troya” para empoderar a la ultraderecha. Hasta el Gobierno central afea al nuevo líder del PP que su primera decisión haya sido gobernar con Vox (ministra portavoz). Como si hubiera sido su mejor apuesta teniendo donde elegir.

Isabel Rodríguez alerta: "Feijóo le está abriendo las puertas de par en par a la ultraderecha"

Tanto interés por cargar de ultraderecha la mochila de Feijóo ha generado una teatral sobreactuación de los actores en la reciente investidura de Mañueco. Un acontecimiento político de menor cuantía, si tenemos en cuenta que solo afecta a un territorio con menos del 5% de la población española.

Mucho ruido y poca música. Demasiados aspavientos para disimular los complejos de un PP a la defensiva y un PSOE frustrado por no haber podido hacer por la izquierda lo que Mañueco ha hecho por la derecha. O sea, formar un Gobierno condicionado por la aritmética electoral.

¿Qué tiene eso de raro?

Nada, salvo que interese ver al anticristo en la figura de Santiago Abascal y miremos a los votantes de Vox (212.605 en CyL y 3,6 millones en toda España) como una peligrosa masa de fascistas sin diagnosticar. Si así fuera, mejor tenerlos condicionados institucionalmente por el componente mayoritario de la coalición y no pregonando indeseables postulados racistas, xenófobos y euroescépticos.

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, en el debate de investidura de Alfonso Fernández Mañueco. (EFE/Nacho Gallego)

Véase la experiencia del PSOE en su coalición con Podemos y otros aliados de declarada aversión al vigente orden institucional. Si la alerta antifascista es el comodín de los adversarios del PP, el de los adversarios del PSOE es su alianza con los enemigos del Estado, alérgicos al régimen del 78, comunistas, separatistas y herederos de ETA.

Reparemos en la simetría. Con el pacto PSOE-UP, España no se ha roto, la Constitución no se ha derogado y ahí sigue Felipe VI

Reparemos en la simetría de las situaciones. A la vista está que después de dos años y medio de legislatura, España no se ha roto, la Constitución goza de buena salud y la monarquía sobrevivió al lamentable comportamiento del rey anterior. Si no ha ocurrido nada de eso será porque Sánchez y su partido, la parte dominante de la coalición (120 diputados junto a 35), garantizaron y garantizan la estabilidad del sistema frente a planteamientos abiertamente rupturistas.

Por cierto, unos planteamientos bastante más desestabilizadores que pretender diluir la robusta legislación nacional contra la violencia de género en una normativa autonómica sobre 'violencia intrafamiliar'. O cuestionar la Ley de Memoria Histórica con un decreto sobre 'concordia histórica' de alcance regional, con el que Vox quiere convencernos de que las víctimas del llamado bando nacional de la Guerra Civil han sido las grandes olvidadas (un insulto a cientos de miles de españoles víctimas de la represión franquista, incluso después de la Guerra Civil).

El PP se lo buscó con un mal calculado adelanto electoral en Castilla y León. Un pan de obleas cuyo resultado fue descentrarse sin Ciudadanos. Pero eso no justifica la agresiva reacción de sus adversarios.

Partido Popular (PP) Castilla y León Vox
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