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Empleo al alza: cara y cruz de un dato histórico
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Antonio Casado

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Empleo al alza: cara y cruz de un dato histórico

El empobrecimiento de los españoles a causa de la inflación es la cara B de las buenas noticias sobre la caída del paro

Foto: El presidente Sánchez junto a los miembros de su Gobierno. (EFE/Mariscal)
El presidente Sánchez junto a los miembros de su Gobierno. (EFE/Mariscal)
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La reseña de los menos de 3 millones de parados y los más de 20 millones de afiliados a la Seguridad Social desborda el ámbito de lo opinativo. Son cifras sin precedentes desde 2008 y hay que celebrarlas, pero puestas en contexto.

La buena noticia queda ensombrecida, o matizada al menos, por el hecho, también descriptivo, de que seguimos encabezando el ranking europeo en tasa de desempleo (13,3%). Y dos sombras más: la calidad discutible del empleo creado y la pérdida de poder adquisitivo de los españoles.

Foto: Rueda de prensa tras la reunión del Consejo de Ministros. (EFE/Javier Lizón)

En cuanto a la calidad del empleo, sigue abierto el debate: ¿se va a consolidar el contrato indefinido tras la última reforma laboral? Efecto indeseable sería que las modalidades de "fijo discontinuo" (por temporadas) o "a tiempo parcial" (por horas) acaben siendo nuevas formas de precariedad en un mercado de trabajo cuya tasa de temporalidad está en torno al 24%.

En la cara B de la buena noticia del empleo hay una sombra más preocupante. Me refiero a la insoportable tasa de inflación, que en el mes de mayo escaló hasta el 8,7%. Dato precursor de un empobrecimiento general, de severas consecuencias sobre las capas sociales más desfavorecidas (el "impuesto de los pobres", como suele decirse).

Foto: Vista de los precios de la fruta en el mercado de Es Claustre de Mahón, Menorca. (EFE)

Un ítem más, los expertos sostienen que la subida de precios de la energía y los alimentos han venido para quedarse una larga temporada, en contra del discurso oficial de Moncloa, aferrado a que los nubarrones son "puntuales", "testimoniales" (Pedro Sánchez), "temporales" y "transitorios" (ministro Escrivá), en el marco de una "economía robusta" (ministra de Hacienda, María Jesús Montero).

Junto a unas previsiones de crecimiento a la baja, unos PGE desbordados y una ejecución de fondos europeos muy lenta (de los 27.000 millones de euros previstos para 2022 solo se han autorizado 7.000 millones), la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos aporta al minuto y resultado de la marcha del país un factor de malestar social e inestabilidad política que el discurso oficial ignora por no dar cuartos al pregonero en vísperas de las elecciones andaluzas.

Foto: Así quedan las encuestas de las elecciones en Andalucía: el PP y Vox, la suma de Gobierno más probable (EFE/PP/Morón)

Se entiende el estado de ansiedad de un presidente del Gobierno que, frente a claros síntomas de desgaste y una imagen declinante ante la opinión pública, sostiene que cuenta con un "equipazo", que está orgulloso de sus ministros y que el país sigue avanzando también en el terreno económico, a pesar de los nubarrones que aparecen en el horizonte.

Si todo fuera tan de color rosa, no habría hecho falta la agresividad de los ministros de Sánchez contra los objetores del voluntarista discurso de Moncloa en torno a las últimas cifras de empleo y afiliaciones a la Seguridad Social, que se endosan a beneficiosos efectos de la última reforma laboral pactada por la patronal y los sindicatos.

La agresividad de ministros como Escrivá o la propia Yolanda Díaz muestran el estado de nerviosismo que vive el Gobierno antes del 19-J

Véanse las desapacibles reacciones de José Luis Escrivá y la vicepresidenta Yolanda Díaz, contra el líder de la oposición, Núñez Feijóo, al que calificaron de "ignorante" por decir que el Gobierno maquilla los datos referidos a los trabajadores fijos discontinuos (sostiene que no se contabilizan como parados en los periodos de inactividad).

Más calado tiene, porque no es el primero ni será el último, el encontronazo de la segunda en el escalafón del Gobierno, Nadia Calviño, con el gobernador del Banco de España, Hernández de Cos, después de que este advirtiese sobre la falta de ahorro y el optimismo consumista de las familias españolas.

Y entonces la vicepresidenta y ministra de Asuntos Económicos reconoció, ahora sí, que bastante tienen las familias españolas con llegar a fin de mes, si es que llegan. Entre otras cosas, por el hachazo de la inflación al poder adquisitivo de los salarios, aunque "solo" haya menos de tres millones de españoles en paro.

La reseña de los menos de 3 millones de parados y los más de 20 millones de afiliados a la Seguridad Social desborda el ámbito de lo opinativo. Son cifras sin precedentes desde 2008 y hay que celebrarlas, pero puestas en contexto.

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