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La remontada de Sánchez tiene las patas muy cortas
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Antonio Casado

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La remontada de Sánchez tiene las patas muy cortas

Personalismo, amistades peligrosas y un Gobierno esquizoide impiden al presidente caminar con hombros ligeros

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Kiko Huesca)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Kiko Huesca)
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Lo escucho en distancia corta por boca de un compañero y amigo del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE: "Conozco su determinación y su capacidad de trabajo. Pedro no va a tirar la toalla. Va a jugar el partido". Es el estribillo generalizado en las filas del sanchismo tras el debate sobre el estado de la nación, con reiteradas referencias del propio Sánchez a su firme voluntad de agotar la legislatura y volver a ganar las elecciones.

No entraré en detalles sobre la prospectiva de una reputada consultora cuyo máximo responsable anticipa una diferencia de tres millones de votos del PP sobre el PSOE en las próximas elecciones generales. Pero creo que solo un inesperado 'deus ex machina' o un vuelco en positivo del panorama frenaría la tendencia hacia el derechazo que viene.

Foto: Sánchez y Díaz, en el Congreso. (EFE/Kiko Huesca) Opinión

Y me explico: el presidente no se inspira en la firmeza ni en su pasión por la estabilidad en vísperas de una recesión europea y un otoño caliente en la España empobrecida por la inflación. Lo suyo es una declaración de guerra a las encuestas conjuradas con los poderes "ocultos" para echarle de la Moncloa. Cada uno se engaña como quiere. El subidón tiene patas muy cortas, como las de la mentira. Y el espejismo vive en la muy propagada idea de que Sánchez está remontando, que el PSOE vuelve a meterse en el partido y que el Gobierno recupera la iniciativa tras el debate sobre el estado de la nación.

Mejoría del enfermo dentro de la gravedad porque los males de fondo siguen latiendo bajo la victoria parlamentaria de la semana pasada

Mejoría del enfermo dentro de la gravedad. Los males de fondo siguen latiendo bajo las victorias parlamentarias de la semana pasada. Tienen difícil arreglo porque son tres bolas de hierro encadenadas a los tobillos de Sánchez. A saber: personalismo, amistades peligrosas y Gobierno esquizoide. Las tres le impiden caminar con paso alegre y hombros ligeros. Nada que ver con la percepción instalada.

Del personalismo en la toma de decisiones dan fe sus ministros, sus diputados, sus amigos progresistas y plurinacionales, los miembros de la ejecutiva y el comité federal del PSOE, sus "barones", el líder del principal partido de la oposición, los representantes de las instituciones, etc.

El malestar de su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, por falta de información y consulta previa a las medidas anunciadas en el debate sobre el estado de la nación, solo es el enésimo episodio de la tendencia de Sánchez al “presidencialismo” (término usado por sus colaboradores más cercanos para dignificar la tendencia a ejercer por mandato de su real gana).

Los independentistas canjean sus votos de apoyo a Sánchez por el estudio de nuevas formas de poner en jaque al Estado

El cambio de bando en el conflicto del Sáhara, la cumbre de la OTAN, la cuestión catalana, el informe Pegasus, la cumbre de la OTAN o las iniciativas improvisadas de un día para otro dan para escribir un libro en materia de decisiones tomadas al hilo del personalismo en la gestión de los intereses generales.
El segundo peso muerto es el carácter de los aliados elegidos para conducir la nave del Estado. Justamente los que trabajan por el hundimiento de esta con un persistente acoso al régimen del 78, la monarquía parlamentaria y el principio de soberanía nacional única. Miedo da en ese sentido la alianza estratégica ERC-Bildu, que canjean sus votos de apoyo a Sánchez por el estudio de nuevas formas de poner en jaque al Estado.

De cara a las urnas, el negocio es ruinoso. Ni un solo voto más para el PSOE en territorios confiscados por el independentismo catalán y vasco, pero un generalizado castigo en el resto de las comunidades, como se ha demostrado en Madrid, en Castilla y León y, sobre todo, en Andalucía, donde casi una quinta parte de los votos socialistas fue a parar al PP.

A efectos electorales, tampoco es menos ruinoso el tercero de los pedruscos que carga Sánchez. Un Gobierno esquizofrénico cuya mano derecha recela de lo que hace su mano izquierda, y al revés. Los encontronazos son continuos y solo el estado de necesidad de cada una de las facciones del Consejo de Ministros (PSOE, Podemos y el acertijo político de Yolanda) mantiene vivo este matrimonio de conveniencia. Pero, en virtud de la Ley D'Hondt, una izquierda nacional partida en tres ofertas es viento en las velas del derechazo que viene, a la vista de las rencillas entre las tres y dentro de cada una de las tres.

Lo escucho en distancia corta por boca de un compañero y amigo del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE: "Conozco su determinación y su capacidad de trabajo. Pedro no va a tirar la toalla. Va a jugar el partido". Es el estribillo generalizado en las filas del sanchismo tras el debate sobre el estado de la nación, con reiteradas referencias del propio Sánchez a su firme voluntad de agotar la legislatura y volver a ganar las elecciones.

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