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El acoso a bancos y energéticas es un misterio político
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Antonio Casado

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El acoso a bancos y energéticas es un misterio político

Nadie explica cómo se logrará que los poderosos costeen los filantrópicos gastos sociales del Gobierno

Foto: Pedro Sánchez hablando en el estrado del Congreso ante Ione Belarra e Irene Montero. (EFE/Emilio Naranjo)
Pedro Sánchez hablando en el estrado del Congreso ante Ione Belarra e Irene Montero. (EFE/Emilio Naranjo)
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Si al Gobierno no se le reconoce 'verde' en los incendios forestales, ni solidario con los parias de Melilla, ni feminista en las pancartas de la ministra Montero, al menos que se le reconozca como látigo de los poderosos. De eso va el acoso fiscal extraordinario a los bancos y permanente a las compañías energéticas que, según los teólogos de la Moncloa, hacen caja a costa del sacrificado español de a pie.

Muy 'woke', sí, señor; pero se ha convertido en el gran misterio político de un Gobierno acribillado desde todos los flancos. También desde una izquierda decepcionada, cuya vocación ecológica se resiente por la desidia oficial del monte calcinado, constata que se silban melodías ante lo ocurrido en la valla de Melilla mientras se pregona el respeto a los derechos humanos y, en fin, se practica un feminismo de frases hechas sin proteger a niñas tuteladas por gobiernos socialistas.

Este es el PSOE que busca la remontada como insobornable látigo contra los poderosos en defensa de los débiles. No como otros, que solo son fuertes con los débiles, según doctrina Sánchez con éxito de crítica y público puertas adentro: ¡que devuelvan a los españoles los beneficios extra de estos meses!

Estamos ante medidas inexplicadas de un Gobierno acribillado, también desde una izquierda decepcionada

Unos 7.000 millones en total a devolver en dos ejercicios anuales, según las cuentas del gran capitán hechas en la Moncloa. Y con expresa prohibición legal de que bancos y energéticas, dizque vigilados por la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) puedan repercutirlos en los usuarios (comisiones, luz, créditos, calefacción, aire acondicionado…).

¿Pero cómo piensan hacerlo?

Ese es el misterio. Más allá de las soflamas colocadas por Sánchez en el reciente debate sobre el estado de la nación y ante el comité federal del PSOE, nadie lo ha explicado. Los afectados ya han dicho que las medidas serán contraproducentes. Da igual. El caso es que, al menos de momento, se consiga añadir al argumentario oficial de la Moncloa que bancos y energéticas van a costear los filantrópicos gastos sociales del Gobierno.

Lo malo es que no sabemos aún cómo encajarán estos tributos en el sistema impositivo. O cómo los expertos de Calviño y María Jesús Montero piensan llevar al BOE la prohibición de trasladar a los consumidores el gasto suplementario que el Estado reclamara a esos dos grandes 'hubs' económicos de nuestra clase media (¿quién cree Sánchez que pagaría el pato de una banca desestabilizada por los poderes públicos?).

Técnicamente, el patrocinador parlamentario del "sablazo" no es el Gobierno, sino sus dos fuerzas políticas de referencia: PSOE y UP

Demasiadas preguntas sin respuesta. Los representantes de la banca, que se enteraron por la prensa del "sablazo" que viene, igual que las energéticas, no consiguieron saber más en su cita del viernes pasado con la vicepresidenta Calviño, que se limitó a decir que el marco negociador será la representación de la soberanía nacional, aunque sin dejar de advertir a los suyos que "no conviene estigmatizar a la banca".

Por tanto, los detalles y la letra pequeña, en el Congreso de los Diputados, donde mañana o pasado PSOE y Podemos sindicarán la presentación conjunta de una proposición de ley que refleje esa reclamación de que los grandes poderes económicos arrimen el hombro.

Y conviene precisar que, técnicamente, no es el Gobierno el patrocinador parlamentario del "sablazo", sino sus dos fuerzas políticas de referencia: PSOE y UP. Los dos componentes de la coalición negocian entre sí los contenidos (la parte podemita incluso quiere llevar los incumplimientos al Código Penal). Y, luego, cuando la iniciativa empiece a tramitarse, habrán de negociarlos con los partidos del llamado bloque de investidura.

Si al Gobierno no se le reconoce 'verde' en los incendios forestales, ni solidario con los parias de Melilla, ni feminista en las pancartas de la ministra Montero, al menos que se le reconozca como látigo de los poderosos. De eso va el acoso fiscal extraordinario a los bancos y permanente a las compañías energéticas que, según los teólogos de la Moncloa, hacen caja a costa del sacrificado español de a pie.

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