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La deflactación del independentismo y el dilema de Junts
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Antonio Casado

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La deflactación del independentismo y el dilema de Junts

El Govern, eso sí, seguirá igual de tambaleante que cuando ya nació con fórceps solo hace año y medio, porque la lucha por la hegemonía del nacionalismo está más viva que nunca

Foto: Jordi Turull y Laura Borràs. (EFE/Marta Pérez)
Jordi Turull y Laura Borràs. (EFE/Marta Pérez)
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"Si se rompe el Govern también se rompe Junts". Es el mantra de los teólogos de ERC. Sostienen que el partido de Puigdemont se ha metido en un lío al desafiar la autoridad del presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. Tienen razón. Y si el Govern no se rompe por el lado radical (Borrás), que está en minoría, se rompe por el pragmático (Turull). Salvo que una pausa de hidratación mantenga vivo el dilema. Es lo que va a ocurrir.

Los dirigentes de Junts, a pesar de la presión de grupos sociales (ANC y Òmnium, sobre todo), decidieron en su larga reunión del jueves que no les conviene romper y así lo trasladarán a sus bases en la consulta programada para la semana próxima. Mejor dentro que fuera cuando lleguen las municipales de mayo. La ruptura abriría el paso al tripartito de izquierdas (o Gobierno en minoría con apoyos de PSC y Comunes) y ellos se irían a compartir la irrelevancia en la que ya se ha sumido su juguete roto, Carles Puigdemont, el turista traspapelado en Waterloo.

Foto: Aragonès en el Parlament. (EFE/Quique García)

Así que han optado por deflactar el inesperado órdago a Aragonès (cuestión de confianza en el Parlament) y disimilar el pánico a la cesantía entre los 200 o 300 cargos del partido que viven de los presupuestos de la Generalitat. Serán decisivos en la campaña de la consulta a la militancia.

Lejos de encogerse, el 'president' supo devolver la pedrada con un golpe de autoridad. Después de cesar al vicepresidente Puigneró (Junts) por deslealtad, trasladó toda la presión a sus acosadores: "Decidan ustedes si quieren seguir siendo Gobierno o quieren ser oposición". Ahí les dio. Buscarán la complicidad de los militantes para seguir en la Generalitat. De eso va la consulta del jueves y el viernes que vienen, una vez definidos los términos de la pregunta (el lunes la conoceremos).

El Govern, eso sí, seguirá igual de tambaleante que cuando ya nació con fórceps solo hace año y medio, porque la lucha por la hegemonía del nacionalismo está más viva que nunca. Con evidente ventaja de los republicanos de izquierda, liderados por Oriol Junqueras, que se han impuesto al independentismo impaciente de Junts persuadiendo a los catalanes de que mejorar sus condiciones de vida es más apremiante que ponerle fecha al sueño de la Cataluña una, grande y libre.

Foto: El presidente de ERC, Oriol Junqueras. (EFE/Alejandro García)

Lo que ha prescrito es el independentismo soflamático, unilateral y subversivo que, antes de topar con el muro de un Estado primero justiciero (condenas por sedición) y luego generoso (indultos), alcanzó su cota máxima hace cinco años. Ahora los propios sondeos oficiales de la Generalitat rebajan al 41% el porcentaje de catalanes favorables a la independencia, mientras que los contrarios han subido hasta el 52%, según el último barómetro del CEO (últimos de julio).

Y no es que Aragonés y los suyos (ERC) hayan renunciado a su condición de partido independentista (además de "republicano" y "de izquierdas", como no se cansan de recordar). Ninguno de los dos componentes de la alianza quiere rezagarse en la carrera de sacos hacia la utopía segregacionista.

Su declarado hallazgo de que "el Estado era más fuerte de lo que habíamos pensado" (Gabriel Rufián en recientes declaraciones de prensa) los ha llevado por la vía del realismo negociador a confiar en que, después de picar mucha piedra, el Gobierno de la nación acabe encontrando alguna rendija legal para que Cataluña decida su futuro político en un referéndum pactado.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE/Quique García)

Junts sostiene que esas son palabras, no hechos, y acusa a ERC de olvidar sus pactos de coalición (unidad estratégica, unidad de acción y la autodeterminación como principal objetivo). Pero encontrará la forma de volver al redil institucional porque fuera hace mucho frío. Y así hasta el próximo episodio de esta ya imparable guerra fratricida.

"Si se rompe el Govern también se rompe Junts". Es el mantra de los teólogos de ERC. Sostienen que el partido de Puigdemont se ha metido en un lío al desafiar la autoridad del presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. Tienen razón. Y si el Govern no se rompe por el lado radical (Borrás), que está en minoría, se rompe por el pragmático (Turull). Salvo que una pausa de hidratación mantenga vivo el dilema. Es lo que va a ocurrir.

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