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¿Es creíble la firmeza de Sánchez frente a los planes independentistas?
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Antonio Casado

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¿Es creíble la firmeza de Sánchez frente a los planes independentistas?

El historial del presidente no ayuda a tomar su palabra como garantía de que los anuncios de Aragonès no van a ninguna parte

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/ Juan Carlos Hidalgo)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/ Juan Carlos Hidalgo)
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A partir de ahora, ya cuesta abajo hacia las urnas de mayo (territoriales) y de diciembre (generales, domingo 3, apunten), el Gobierno va al reencuentro de sus descuidados votantes. Toca suavizar el esfuerzo de los españoles para llegar a fin de mes y, por otro lado, distanciarse del independentismo catalán. Al menos hasta saber si sus escaños siguen siendo tan necesarios como hasta ahora en la ecuación del poder. Sobre todo, los de ERC, con quienes tanto quiere Sánchez.

Tres cositas:

La primera (Palacio de la Zarzuela, noche del sábado). En su tradicional mensaje navideño, el Rey de España hace un llamamiento a la paz institucional y la necesidad de cumplir la Constitución. Mientras la banda sonora del discurso inunda los circuitos políticos y mediáticos, el portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián, cuelga en las redes sociales una foto de Felipe VI de niño saludando a Franco y la ilustra con esta frase: “No hay que olvidar nuestros orígenes”.

A renglón seguido, el escritor Arturo Pérez-Reverte se apropia de la frase y la coloca junto a una estampa de los escamots, juventudes de ERC que desfilaban con fascista marcialidad en los años 30 del siglo pasado por las calles de Barcelona a las órdenes de los hermanos Badía (tan admirados por Quim Torra) en nombre del Estat Catalá, fundado por Francesc Macià antes de que este fuera cofundador de ERC y después de haber sido teniente coronel del Ejército español.

Efectivamente, conviene no olvidar los orígenes. Dicho sea, con el mismo rigor que transpira el golpe bajo de Gabriel Rufián. O el del presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, cuando se reafirma en la voluntad de seguir trabajando para superar el régimen del 78 mientras sostiene que “Felipe VI no es un ejemplo de integridad”.

Segunda cosita (Biblioteca de Cataluña, lunes 26, día de Sant Esteve). Pere Aragonès se viene arriba en su mensaje navideño y anuncia que de este año no pasa (año entrante, se entiende) lo del referéndum de autodeterminación “legal y pactado”. La carga afectiva del mensaje se dejó para la tradicional ofrenda floral ante la tumba de Francesc Macià, en el 89 aniversario de la muerte del cofundador de ERC y primer presidente de la Generalitat de la era moderna (1932-1933). “Nos sentimos continuadores de la obra de Francesc Macià”, “su figura nos anima a seguir luchando por la libertad de Cataluña”, dijo el president.

Y la tercera (la Moncloa, ayer a mediodía). A la pregunta de Iván Gil, el presidente del Gobierno en la rueda de prensa-balance del año que agoniza, Pedro Sánchez, está contundente, inequívoco, firme, rotundo. No es no a un referéndum de autodeterminación en Cataluña, ni legal ni pactado, “por mucho que lo reclamen”. Porque “el derecho de autodeterminación no cabe en nuestro orden constitucional ni en el de ningún país del mundo”, porque va contra el tiempo que vivimos, y porque “nosotros estamos en el respeto a la Constitución, a la soberanía nacional y a la integridad territorial”.

Amén.

Sí, amén, así sea, aunque los antecedentes no ayudan a tomar la palabra de Sánchez como garantía de que, mientras él esté al frente del Gobierno de la nación, no van a ninguna parte los planes de Pere Aragonès. Sobre todo, el que plantea un referéndum de autodeterminación que sería pactado con el Gobierno durante el año entrante.

Foto: El presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Oriol Junqueras (d), charla con el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE/Marta Pérez) Opinión

En la Moncloa encajan eso en la necesidad de ERC de ir primeros en la carrera de sacos por la hegemonía del nacionalismo. Pero solo escondiendo en un cajón el historial de Sánchez podremos dormir tranquilos quienes estamos contra los atajos no previstos en el Estado de derecho para lograr objetivos políticos que exigen una drástica reforma constitucional con la participación de todos los españoles. No solo los de un determinado territorio.

¿No le preocupa su falta de credibilidad?”, le preguntó ayer May Mariño. Y puso la misma cara de quien sale del cine después de ver una película de largo metraje, mientras recurría a frases enlatadas sobre lo que bien que gestiona el Gobierno las consecuencias de la guerra de Ucrania y lo mucho que se parece Feijóo a Casado en las tareas de oposición.

A partir de ahora, ya cuesta abajo hacia las urnas de mayo (territoriales) y de diciembre (generales, domingo 3, apunten), el Gobierno va al reencuentro de sus descuidados votantes. Toca suavizar el esfuerzo de los españoles para llegar a fin de mes y, por otro lado, distanciarse del independentismo catalán. Al menos hasta saber si sus escaños siguen siendo tan necesarios como hasta ahora en la ecuación del poder. Sobre todo, los de ERC, con quienes tanto quiere Sánchez.

Pedro Sánchez
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