Más de lo mismo en el 41º Congreso del Partido Socialista. Que Sánchez arremeta contra los enemigos de la verdad y el autoritarismo de las derechas es como si Errejón disertara sobre el amor platónico
Pedro Sánchez durante el Congreso del PSOE. (Europa Press/J.Olmo)
Que Pedro Sánchez arremeta contra los enemigos de la verdad y el autoritarismo de las derechas es como si Errejón disertara en defensa de los valores del amor platónico. En ese, y otros terrenos del ejercicio de la política ("Este es un Gobierno limpio"), el mensajero ha perdido credibilidad si nos atenemos a los antecedentes.
Así que las virtuosas propuestas (reducción de la jornada laboral, creación de una empresa pública de la vivienda, profundización del reto medioambiental, la cruzada contra la violencia de género, etc.) se pierden ante la arrogancia de ofrecer su obra como "un modelo de éxito" entre soflamas preventivas del "vienen a por nosotros".
Más de lo mismo vendió el 41congreso del PSOE a la búlgara clausurado con el tronante discurso de un líder que se propone repetir como candidato a la Moncloa en las próximas elecciones generales. Claves continuistas, pues la ratificación de María Jesús Montero y Santos Cerdán confirma el estado de victimización en el que quiere vivir el PSOE por decisión de Sánchez. ¿Tal vez por quedarse fuera de la línea de fuego si ofrece dos blancos fijos en las prácticas de tiro del PP?
El PSOE se ha convertido en un partido que cierra filas sin atraer a nuevos votantes. Un partido que vuelve a reconocerse en la aversión a la derecha-ultraderecha ("Somos mejores") y en la conciencia de partido asediado por una conjura de jueces y periodistas. "Odiadores profesionales", según él. Pero así solo consigue que jueces y periodistas reaccionen como instituciones (una del Estado, otra de la sociedad) agraviadas por la ofensiva del Ejecutivo contra dos dogmas de la democracia: separación de poder y libertad de expresión.
El PSOE cierra filas sin atraer a nuevos votantes y asume la conciencia de partido asediado por una conjura de jueces y periodistas
Reparemos en la relación incuestionable entre malestar de la magistratura (jueces echando el resto en casos de corrupción del entorno político y familiar de Sánchez) y desautorización del Gobierno al Tribunal Supremo que condenó a los dirigentes de un intento secesionista en Cataluña. Tan incuestionable como la que relaciona animadversión mediática con los "regeneradores" planes de Sánchez contra la desinformación, los "pseudomedios" y los difusores de bulos.
Por ahí van las objeciones de García Page, dirigente territorial con mando en plaza y facturación electoral propia, cuando denuncia el mal negocio de atribuir a una supuesta conjura mediática y judicial el intento de tumbar a "un presidente legítimo". Crecido como figura visible del antisanchismo tras la estigmatización del líder socialista madrileño, Juan Lobato ("incompatible con la dirección actual de mi partido"), el presidente castellano-manchego critica la mentalidad de partido asediado y sostiene que el victimismo no es rentable en las urnas.
Se reactivan los sectores críticos que se malician una derrota en las urnas como condición necesaria para la regeneración del PSOE
Por otra parte, con su habitual lucidez nos ilustra Zarzalejos sobre una venidera ecuación derechista de poder (PP-Vox, la alternativa que viene). Más verosímil ahora que el PSOE ya ha roto en Bruselas el cordón sanitario a la ultraderecha. So pena de facilitar un renovado frente plurinacional, antimonárquico, feminista, antitaurino y descolonizador, que pone la estabilidad del Estado en manos de los reventadores del Estado.
Tiene sentido. Las encuestas desmienten los aires de suficiencia de Sánchez en su arenga ("Volveremos a ganar, adelantando por la izquierda"), mientras se reactivan los sectores críticos que se malician una derrota en las urnas. Y no por cercanía a la derecha, sino como condición necesaria para la regeneración del PSOE.
Que Pedro Sánchez arremeta contra los enemigos de la verdad y el autoritarismo de las derechas es como si Errejón disertara en defensa de los valores del amor platónico. En ese, y otros terrenos del ejercicio de la política ("Este es un Gobierno limpio"), el mensajero ha perdido credibilidad si nos atenemos a los antecedentes.