Abucheado en la calle, con dificultades para sacar adelante los Presupuestos, Yoon acusa a sus adversarios de negarle legitimidad y encara sin temor las investigaciones sobre él y su esposa
Pedro Sánchez en la XXVII Conferencia de Presidentes. (Europa Press)
Aún pendiente de que el Tribunal Constitucional de Corea del Sur revoque o ratifique la decisión parlamentaria de destituir a Yoon Suk-yeol, el presidente de un país visto como una democracia ejemplar en Asia, piensa resistir, culpa de "comportamientos antiestatales" a la oposición y encara sin temor las investigaciones que pesan sobre él y sobre su esposa.
Abucheado en la calle, con dificultades para sacar adelante los Presupuestos del Estado, acusa a sus adversarios de negarle su legitimidad. Se encuentra suspendido de sus funciones y tiene prohibido salir del país. Eso no le impide declararse resistente en el mismo tono desafiante de Sánchez cuando anuncia "Gobierno para rato" y volver a aplastar a sus adversarios en las próximas elecciones generales.
Los papeles están cambiados. Allí es el centro izquierda (liberales del Partido Demócrata) el que espera tumbar del todo a un primer ministro de centro derecha (conservadores del Partido del Poder Popular) por haber decretado una ley marcial que remedaba el autoritarismo del vecino comunista. Aquellos acusan a estos de simpatizar con Corea del Norte con la misma convicción que el PSOE demoniza a Feijóo por simpatizar con la ultraderecha emergente en el Occidente democrático.
Aunque el síndrome coreano planea sobre la política española, líbrenme los dioses de establecer arteras analogías. Coincidencias, a mucho apurar. Y aún menos después de que Díaz Ayuso lanzara un dardo venenoso contra Sánchez porque, según ella, está afectado por el síndrome "norcoreano". En todo caso, sería al revés, el "surcoreano", pues el argumentario de la presidenta madrileña sugiere tentaciones cesaristas comparables a las de Yoon (en ningún caso a las de la dictadura militar de Kim Yong-un, no vayamos a liarla), que declaró el estado de excepción (ley marcial) para frenar una supuesta conjura interior respaldada por Corea del Norte para derribarlo.
Moncloa y coros mediáticos denuncian el acoso judicial contra Sánchez y hablan de victimismo como una estrategia ganadora
Aquí la conjura interior no cursa con respaldos internacionales, más allá de los debidos alineamientos en el Parlamento de la UE. A los estrategas del PSOE les bastan jueces y periodistas de kilómetro cero para nombrar la conspiración contra el Gobierno "progresista". Hasta el gran Peridis dibujaba ayer en El País la inestable peana de Sánchez de la que tiran con cuerda dos jueces togados. Moncloa y coros han entrado en la campaña. Denuncian el acoso judicial contra Sánchez y hablan de la explotación del victimismo como una estrategia ganadora.
Según eso, denunciar maniobras "de apariencia jurídica y motivación política", informar de que "algunos jueces han tomado la decisión de hacer todo lo posible para debilitar a Sánchez" y acusar al Tribunal Supremo de "retorcer el Derecho hasta límites insospechados" mejora la facturación del PSOE en las encuestas. Sugerente debate sobre quién ha cruzado las líneas rojas ante el dogma de la separación de poderes, ¿la Justicia o el Gobierno? La carga de la prueba debería recaer en el Ejecutivo. Si cree que hay jueces conchabados con el PP, ya está tardando en denunciarlos por prevaricación. Con pruebas, so pena de incurrir en lo mismo que reprochan a quienes denuncian judicialmente la corrupción del sanchismo.
Sin embargo, aquí y ahora se me antoja más excitante saber si es o no rentable el victimismo. Responde que "no" García Page, líder regional socialista con mando en plaza y capital electoral propio, que ejerce de adversario interior, como los diputados del mismo partido que votaron en contra de Yoon en la moción de censura del otro día. Y, como queda explicado, dice que "sí" el propio Pedro Sánchez, convencido de que el acoso político, mediático y judicial "se volverá contra los acosadores". Se admiten apuestas.
Aún pendiente de que el Tribunal Constitucional de Corea del Sur revoque o ratifique la decisión parlamentaria de destituir a Yoon Suk-yeol, el presidente de un país visto como una democracia ejemplar en Asia, piensa resistir, culpa de "comportamientos antiestatales" a la oposición y encara sin temor las investigaciones que pesan sobre él y sobre su esposa.