Poco parece la corrupción de cercanías si la comparamos con los frikis de Trump, la bota de Putin (Ucrania) o la de Netanyahu (Palestina), los 150.000 desaparecidos en Siria o los sangrientos pandilleros de Haití
Félix Bolaños en el Congreso de los Diputados. (EFE)
Navidad, dulce Navidad. Bueno, según y como. Y que conste que todavía sigue viva la tradición indisociable de fiesta familiar y celebración religiosa, aunque nuestro Gobierno se ponga en modo disociativo. A saber: en la última sesión parlamentaria del año, el superministro Bolaños felicitó las "fiestas" —no la "Navidad"— a los padres de la patria.
Nada nuevo en el activismo del mencionado intelectual orgánico de la Moncloa. Hace un año, por estas fechas, su ministerio (Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes) colocó en los circuitos digitales "nuestra felicitación a la comunidad cristiana en el día que celebra el nacimiento de Jesús". Que no cunda el pánico. De momento no figura en la convulsa agenda del Gobierno la intención de suprimir lo que en el calendario y la sociología de los españoles viene celebrándose como fiesta civil vinculada a su fundacional carácter religioso. Por tanto, no veamos en el gesto de Bolaños más allá de un rasgo de exhibicionismo, entre otros muchos que genera el aquí y ahora en la política nacional. Casuística es lo que sobra entre el bandolerismo digital de la fiscalía general del Estado, los amigos de Koldo García y los sueños de emancipación nacional de partidos socorristas de Sánchez.
Hay abundante material a la caza de charlatanes, visionarios y genios sin diagnosticar. Aparecen donde menos te lo esperas. Y aquí procede mencionar la malograda profecía de Pere Aragonés que, todavía como presidente de la Generalitat, aprovechó el espíritu navideño para decir a los catalanes que 2024 iba a ser el año de la autodeterminación.
Pero eso fue hace un año por estas fechas. Ahora, con la invasiva banda sonora de la lotería de ayer, el último Consejo de Ministros del año convocado para hoy y el tradicional mensaje navideño del Rey,Felipe VI, de mañana por la noche, enfilamos el último tramo de un nuevo año en la vida de España y los españoles. Con un razonable nivel de autoestima, que se reconoce en la comparación con los entornos.
Las cenas familiares están amenazadas por el uso de móviles y el teorema de moda: cada vez más conectados, pero cada vez más solos
No vivimos en el mejor de los mundos y quien no se conforma es porque no quiere. Poco parece la corrupción de cercanías en el entorno del Gobierno, la degradación institucional, el paro juvenil o la pobreza infantil, si lo comparamos con los frikis de Donald Trump, la bota de Putin sobre Ucrania o la de Netanyahu sobre los palestinos, los 150.000 desaparecidos en la Siria de Al Asad, las masacres de los sangrientos pandilleros de Haití o las más de doscientas ejecuciones en Arabia Saudí (por penas de muerte) a lo largo del año récord que está a punto de fenecer.
Nada de esto turbará las cenas familiares, expuestas a una epidemia de muy distinta naturaleza. Si algo amenaza al espíritu navideño son los dispositivos móviles. Esos artefactos sobre los que campea el teorema sociológico de moda: el crecimiento de la interconexión digital es directamente proporcional al crecimiento del aislamiento individual. O sea, más conectados que nunca, pero también más solos que nunca.
Leo en alguna parte que un 44 % de los españoles admiten sentirse solos y —este es el preocupante antecedente— que por primera vez son las nuevas generaciones quienes más lo padecen. Con los consiguientes efectos secundarios sobre la salud mental de la gente. Yo lo llamaría ensimismamiento digital. Bloquea al "yo" que se reconoce en el otro (Ortega) y lo alimenta como "artefacto inconsistente" (Nietzsche). Mala noticia de las Navidades de 2024 en adelante.
Navidad, dulce Navidad. Bueno, según y como. Y que conste que todavía sigue viva la tradición indisociable de fiesta familiar y celebración religiosa, aunque nuestro Gobierno se ponga en modo disociativo. A saber: en la última sesión parlamentaria del año, el superministro Bolaños felicitó las "fiestas" —no la "Navidad"— a los padres de la patria.