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Puigdemont: el socorrista se toma unas vacaciones
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Antonio Casado

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Puigdemont: el socorrista se toma unas vacaciones

De estadista a estadista, a cuál más averiado, el líder de Junts sugiere a Sánchez hacer lo que haría cualquier demócrata en las actuales circunstancias: "Convocar elecciones"

Foto: El líder de Junts tras reunirse con miembros del partido. (EP/Nùria Martínez)
El líder de Junts tras reunirse con miembros del partido. (EP/Nùria Martínez)
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Carles Puigdemont se niega a ser un juguete roto olvidado en las aburridas tierras de Flandes. Por eso extorsiona al presidente del Gobierno. Es su forma de hacerse visible, sabiendo como sabe que este lo necesita para seguir atornillado a la Moncloa. Ejercer de socorrista de Sánchez y poner a la foto con Junqueras el pie de "lo volveremos a hacer" son las dos palancas reactivadoras de sus desalentados seguidores, pues el fulgor de Waterloo ya no es lo que era en las filas de Junts.

En esas estábamos cuando la mesa del Congreso (gobierno de la Cámara, donde Moncloa gana por cinco a cuatro), decidió procrastinar respecto a la anómala exigencia de Junts para que Sánchez se someta a una cuestión de confianza. Más hilo a la cometa. Ni sí ni no a la tramitación de la exigencia. Simplemente, la mesa pospone la respuesta.

Las dos partes ganan tiempo. El Gobierno, para intentar seguir negociando "hasta la extenuación" (vicepresidenta María Jesús Montero dixit) la continuidad de los siete diputados de Junts como costaleros de Sánchez. Y Puigdemont, para seguir especulando con el ahora sí, ahora no, dando señales de vida política en el auto destierro.

Ahora toca que no. Lo hemos sabido tras la reunión del fugado con su estado mayor en Bruselas. Tratos cancelados (inmigración, amnistía, promoción europea del catalán, policía autonómica en puertos y aeropuertos, etc) "hasta que se restablezca la confianza y el Gobierno cumpla lo acordado en el pacto de investidura con Junts". Es decir, que el principal socorrista de Sánchez se toma unas vacaciones, le castiga sin PGE y disfruta viéndole con la espada de Damocles sobre su cabeza.

Gobierno y Junts estiran la cuerda sin romperla. No hay voladura de puentes y los de Puigdemont no se encierran en el "no a todo"

Vacaciones, no divorcio. Estirar la cuerda, aunque no romperla. Puigdemont extorsiona sin aparearse con el PP en una moción de censura ni encerrarse en la trinchera del "no a todo", mientras Sánchez da largas en lugar de plantarse. Pero no hay voladura de puentes por ninguna de las dos partes, donde Sánchez prolonga su condición de extorsionado permanente y el fugado deja la puerta abierta a una eventual reunión "extraordinaria" en Suiza de los dos en carne mortal o por personas interpuestas, incluidos los "verificadores", para cantar "olvidemos el pasado y volvamos al amor".

Entretanto, lo cantado era que habría consecuencias si la mesa del Congreso no daba luz verde al debate y votación de la mentada cuestión de confianza de Sánchez, aunque el fugado se felicita por haber evitado —de momento, al menos— un "no es no" a la cuestión de confianza. Y, a partir de ahí, pista para los artistas políticos y mediáticos sobre las consecuencias del frenado a la tramitación de una herramienta constitucional de uso exclusivo, personal e intransferible de Sánchez (artículos 112 y 114). La más concreta, la más tangible de tales consecuencias, es esa admonición de estadista a estadista (¿Cuál de los dos está más averiado?) sobre lo que en estas condiciones haría cualquier demócrata: "Convocar elecciones", dice Puigdemont.

Foto: vivienda-fracaso-politica Opinión
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Se admiten apuestas. Hagan juego ustedes porque uno ya está curado de espanto sobre inesperados desenlaces en el permanente culebrón de la política nacional. Pero no olviden un último elemento de análisis: la posición del PP. Cualquiera de las dos vías de examen parlamentario a Sánchez (cuestión de confianza o moción de censura) inflaría las velas de Feijóo. Por eso ya no hace ascos a Puigdemont, aunque haya aclarado que una eventual complicidad con Junts evitaría las líneas rojas de la Constitución, los marcos legales, la unidad de España, etc.

¿Estará Puigdemont por la labor de cambiar de bando cuando esas líneas rojas son más permeables si el compañero de viaje es Sánchez?

No lo creo, pero tampoco lo descarto.

Carles Puigdemont se niega a ser un juguete roto olvidado en las aburridas tierras de Flandes. Por eso extorsiona al presidente del Gobierno. Es su forma de hacerse visible, sabiendo como sabe que este lo necesita para seguir atornillado a la Moncloa. Ejercer de socorrista de Sánchez y poner a la foto con Junqueras el pie de "lo volveremos a hacer" son las dos palancas reactivadoras de sus desalentados seguidores, pues el fulgor de Waterloo ya no es lo que era en las filas de Junts.

Carles Puigdemont
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