Mazón y Jéssica: versión barata de las dos Españas
Dos figuras no comparables, igual de averiadas en su respectivo significado: la desidia del gobernante arrollado por los acontecimientos y la prueba de cargo contra la inmoralidad del poderoso
Carlos Mazón en el Palau de la Generalitat. (EFE/Manuel Bruque)
La tragedia ha devenido en sainete sobre el banalizado escenario político-mediático de nuestro país. Dediquemos un pensamiento, aunque sea fugaz, a tan lacerante comparación:
Por un lado, el desesperado braceo de 227 personas antes de ser derrotadas por la fuerza salvaje del fango. Por otro, el histérico braceo del presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, por flotar políticamente cuando se siente acorralado por la verdad judicial de lo ocurrido en su tierra aquel 29 de octubre de amargo recuerdo.
La analogía tiene la fuerza de una bomba de racimo de efectos devastadores sobre la conciencia de todos nosotros. Pero nadie se molesta en formularla. Importa más recrearse en este recinto ferial donde se trafica con las intenciones, se intercambian narrativas a precio de mercado y se disfrazan los hechos para que nada sea lo que parece. O para que todo parezca lo que no es.
En este caso, el paso de cierta señorita por el Tribunal Supremo y el chivatazo de una cámara de seguridad del Centro de Emergencias de la Generalitat valenciana pusieron el caldo de cultivo político-mediático en estado de ebullición.
El paso de una actriz de reparto por el TS y el chivatazo de una cámara de seguridad pusieron el caldo de cultivo en estado de ebullición
Y así fue como Mazón acabó compartiendo el escenario con Jéssica Rodríguez,la amiga especial del exministro Ábalos. No con las ninguneadas víctimas de la "dana" que claman desde la tumba contra los poderes públicos por no haber hecho bien su trabajo (no solo Mazón, ojo), puesto que fueron incapaces de prevenir la tragedia (la humana, la irremediable, no la de carácter material) a fin de suavizarla y ahora se enredan en absurdos latigazos del "y tú, más" en turno de reproches.
Le preguntan al superministro, Félix Bolaños por el papelón de Mazón en la tarde de la vergüenza y le faltan palabras para politizar la respuesta y arremeter contra el líder del PP, Nuñéz Feijóo. Ni media palabra para las víctimas de la "dana" y sus pacientes familias. Le preguntan luego por Jéssica Rodríguez, la amante en horas libres de su excompañero de Gabinete, José Luis Ábalos, aquella que cobraba sin trabajar en dos empresas públicas, y entonces no puede ser más escueto. "Dejemos que la Justicia haga su trabajo".
La asimetría argumental es un lugar común de la lucha por el poder en este país, donde jamás se abarató tanto el machadiano salmo de las dos Españas. Dos banderas: la del que gobierna frente a la del que quiere gobernar. El salmo se hunde con el malhadado protagonismo de estos dos actores de reparto: Mazón y Jéssica, Jéssica y Mazón, omnipresentes durante las últimas cuarenta y ocho horas.
Estrellas por un día, caza menor a la que se dispara por elevación (se apunta a Pedro Sánchez y a Núñez Feijóo, por supuesto) Dos figuras no comparables, distintas, distantes, pero igualmente averiadas en su respectivo significado. Jéssica es la carga de la prueba contra la inmoralidad del poderoso y Mazón es la desidia del gobernante arrollado por los acontecimientos.
"Y decimos esto por lo frecuente que es en España disculpar a los grandes hechos criminales y las repetidas defraudaciones del erario público", escribió Lucas Mallada a finales del siglo XIX en su famoso alegato "Los Males de la Patria". Y ahora, frente al discurso del poderoso y el gobernante en ejercicio, ciento treinta años después, nos queda la copla de "Los de la Plazuela": "Me fie de la verdad y la verdad me engañó / cuando la verdad me engaña, ¿de quién me voy a fiar yo?".
La tragedia ha devenido en sainete sobre el banalizado escenario político-mediático de nuestro país. Dediquemos un pensamiento, aunque sea fugaz, a tan lacerante comparación: