La coincidencia en el elogio es abrumadora. Incluso al precio de ignorar el carácter oligárquico y machista de una gerontocracia vaticana con tendencia a esconder sus pecados bajo la alfombra
El papa Francisco posa para una foto con un niño en la plaza de San Pedro del Vaticano. (EFE/EPA/Giorgi Onorati)
Mientras me abro paso entre las etiquetas y lugares comunes de un invasivo responso mediático ("los huesos del hombre los entierran con cuentos", decía León Felipe), que desmiente la sobriedad reclamada por Francisco para su propia despedida, oigo a un ilustre comunicador destacar la unanimidad de voces propias y ajenas a favor del Papa muerto.
Excelente coartada buenista disponible para buenos y malvados. Todos se han vuelto virtuosos de repente. La coincidencia en el elogio es abrumadora. Incluso al precio de ignorar el carácter oligárquico y machista de una gerontocracia vaticana con tendencia a esconder sus pecados bajo la alfombra.
El elogio no obliga a quien lo predica por la vía del ejemplo o de la imitación. Ni el buenismo es contagioso ni los agnósticos vamos a recuperar la fe de nuestros mayores solo porque el finado sea digno de elogio. Aunque lo sea, que lo es, como faro moral de una sociedad desmoralizada.
Que Ursula von der Leyen repique los cantos a la identificación de Francisco con los parias de la tierra está reñido con sus planes de expulsión de migrantes ilegales. El "Dios lo bendiga" de Donald Trump no acalla su aplauso a la explanación a sangre y fuego de Gaza para convertir el terreno en un prometedor activo inmobiliario. Y, en fin, que Putin ensalce el humanismo y el sentido de la justicia del difunto no le obliga a detener sus injustos bombardeos sobre la población civil de Ucrania.
El "Dios lo bendiga" de Donald Trump no calla su aplauso a la explanación de Gaza para convertirla en un activo inmobiliario
De todas las etiquetas colgadas en la figura de Jorge Bergoglio, la de "incómodo" se ajusta mejor a su papel como representante de Cristo en la tierra. Su obra se acompasó más al Sermón de la Montaña que a las Siete Palabras del sufridor en el Gólgota. Y eso rompió muchos esquemas en una organización resistente a los cambios doctrinales y funcionales.
Solo hasta cierto punto, ojo. Ni un paso atrás, por ejemplo, en eutanasia, aborto o matrimonios entre personas del mismo sexo (la Iglesia solo legitima las parejas heterosexuales), que han sido apuestas políticas reprobadas por este y otros papas, contrarios a valorarlas como distintivas de sociedades evolucionadas. La nuestra, sin ir más lejos.
Aquí se retiraron los crucifijos de los actos oficiales, pero Sánchez, ateo 'sine die', ha decretado tres días de luto oficial
Aquí se retiraron los crucifijos de los actos oficiales, pero el presidente del Gobierno, ateo sine die,ha decretado tres días de luto oficial, conserva en el álbum de visitas oficiales su selfi vaticano y ayer mismo forzó una plañidera apuesta en escena del ministro Bolaños para subrayar el duelo.
Sin embargo, ha tenido el buen gusto de no asistir al funeral del sábado que viene en la basílica de San Pedro, aunque celebre con efecto retroactivo su conversación de 35 minutos con el Papa en octubre de 2020. No debido a su apertura de miras ("la religión no debe salir de las iglesias", dijo en su día) sino por aversión de Francisco a que se aplicasen plantillas ideológicas a su oficio de jefe de la Iglesia católica. "Las ideologías sectarizan", le llegó a decir al presidente del Gobierno.
De ahí lo absurdo del debate sobre si este Papa era de izquierdas o de derechas ("Mi reino no es de este mundo", ¿recuerdan?). Son discursos de consumo interno en los partidos políticos, imposibles de sincronizar con el compromiso de un hombre con la condición humana iluminado por una fe religiosa muy potente en contenidos y cifras.
Mientras me abro paso entre las etiquetas y lugares comunes de un invasivo responso mediático ("los huesos del hombre los entierran con cuentos", decía León Felipe), que desmiente la sobriedad reclamada por Francisco para su propia despedida, oigo a un ilustre comunicador destacar la unanimidad de voces propias y ajenas a favor del Papa muerto.