Los españoles no se van a tirar por la ventana solo porque la UE no vea necesario el uso oficial del catalán, el euskera y el gallego en su funcionamiento diario
El ministro de Exteriores, José Manuel Albares. (EFE/Pablo Garrigós)
El sanchismo patinó ayer en Bruselas. Y a Carles Puigdemont se le complica su sermón independentista. Son las dos únicas causas que pierden con el aplazamiento sine die de la oficialidad del catalán, elgallego y el euskera en la UE a partir de 2027 sin previa reforma de los Tratados.
Los españoles no se van a tirar por la ventana solo porque una Europa recelosa con la propuesta no estime necesario incorporar al funcionamiento diario de sus instituciones el uso de tres idiomas de arraigo muy territorializado. El precedente daría lugar a nuevas pretensiones equiparables porque como esos tres hay al menos cincuenta más en el mapa de la UE, de los que treinta y cinco son cooficiales en sus respectivos países.
Por tanto, no hay motivos serios de frustración por el portazo europeo a la propuesta del Gobierno español. Sin embargo, el ataque de contrariedad está garantizado en el caso de Sánchez y su partido. Tienen motivos para preocuparse porque se juegan la continuidad de una ecuación de poder, ya bastante magullada, que sostiene al todavía presidente del Gobierno.
Pero eso no es problema del Consejo de Asuntos Generales, donde se sientan los veintisiete ministros de Asuntos Exteriores o sus secretarios de Estado. Oídas las intervenciones de los delegados y a propuesta de la presidencia semestral (Polonia) el asunto pasa al congelador porque las dudas ganan a las certezas y porque el escepticismo fue ayer la bandera de países como Alemania, Francia, Italia, Suecia, Austria, Finlandia, que expusieron sus objeciones en relación al encaje legal de la propuesta, así como con el impacto logístico y financiero, a pesar del desprendido ofrecimiento español de correr con los gastos, calculados en unos 132 millones de euros anuales.
La UE entiende que las unanimidades están pensadas para asuntos de mayor cuantía, no para normalizar apaños entre partidos
Al menos ocho países han entendido que la votación era tan prematuracomo innecesaria era el estrés provocado por un asunto de política interior de España, con muy serias posibilidades de que decaiga con un eventual cambio de signo político en el Palacio de la Moncloa.
Hasta las alfombras del Congreso saben que la propuesta del Gobierno español es canjeable por la continuidad del apoyo de Junts a Sánchez, aunque también la apoyen ERC, el PNV y el BNG. Pero, ay, requiere unanimidad y el Consejo ha entendido que las unanimidades en el seno de la UE están pensadas para asuntos de mayor cuantía. No para normalizar apaños entre partidos en lucha por el poder.
Las dudas de los 27 aplazan la votación del catalán como lengua oficial de la UE
Lo cual sea dicho a la vista de la reacción de la Moncloa. A sabiendas de que la apuesta era perdedora, no quiso retirarla del orden del día. Y ahora echa la culpa al PP por su falta de implicación a la hora de defenderla.
Marca de la casa. De nuevo el rubor y la vergüenza ajena (factor Gallardo, caso Leire, máquina de fango, guerra al mensajero, conjura de los seudomedios, campaña de acoso) impiden tomarse en serio el discurso que presentaba la iniciativa como una forma de desactivar el separatismo en Cataluña, País Vasco y Galicia. De modo que el PP habría cometido un delito de lesa patria impidiendo tan noble operación.
Cuesta creer que en la Moncloa y Ferraz relacionan las presiones del PP en Bruselas con el frenazo a la oficialidad del catalán, el vasco y el gallego en la UE.
El sanchismo patinó ayer en Bruselas. Y a Carles Puigdemont se le complica su sermón independentista. Son las dos únicas causas que pierden con el aplazamiento sine die de la oficialidad del catalán, elgallego y el euskera en la UE a partir de 2027 sin previa reforma de los Tratados.