El TC sostiene al tiempo que no hace juicios de intención política y que la ley de amnistía no es un capricho de Sánchez, mientras vuelve a sonar el grito de "¡independencia!" en el Palau
Fachada del Tribunal Constitucional. (Europa Press/Eduardo Parra)
El tiempo político sigue siendo borrascoso para los intereses de Pedro Sánchez en vísperas de la manifestación convocada contra él para el domingo en Madrid. Las ruedas de molino del Tribunal Constitucional, las buenas cifras del empleo y la solidaria ojeada al genocidio de Gaza no sacan al Gobierno del atolladero porque sigue abierto el proceso de degradación que afecta a las cuatro esquinas del sanchismo.
El ya judicializado olor a cloaca (querella del PP), el blanqueo constitucional de la amnistía (ponencia Montalbán) y el futuro separatismo fiscal de Cataluña (poder central contra poder territorial, viernes que viene en Barcelona) esconden la bonanza macroeconómica que, en cualquier caso, no deroga los sueldos de hambre, el paro juvenil y el acceso a la vivienda.
Es lo último de una legislatura marcada por el personalismo de quien alcanzó la cima del poder haciendo lo contrario de lo que predicaba como aspirante. Sin embargo, el máximo intérprete de la letra y el espíritu de la Constitución nos acaba de decir que la ley de amnistía, canjeable en su día por la continuidad de Sánchez en la Moncloa, responde al interés general.
O sea, la pacificación de Cataluña.
Con la ayuda del TC, Sánchez convierte su interés personal milagrosamente en general, como Jesús convirtió el agua en vino en una boda
Consiste en redimir de toda culpa -primero el perdón y luego el olvido- a quienes quisieron reventar el Estado al gusto de unos catalanes contra otros. Una rueda de molino pendiente de ser elevada a definitiva por seis votos a cuatro en una de las instituciones bajo control fáctico del Gobierno.
Dice Gabriel Rufián, portavoz parlamentario de ERC, que en política es más práctico ser útil que tener razón. Pasa por ignorar los motivos personales de Sánchez en el blanqueo judicial de los golpistas de 2017 en Cataluña. Y es la inconfesable propuesta del estudio preliminar de los recursos presentados contra la ley de amnistía por presunta anticonstitucionalidad, coordinado por una magistrada propuesta por el PSOE.
La amnistía es constitucional porque no está expresamente prohibida en la Constitución, dice la ponencia. Ya, pero puede violar derechos fundamentales o principios consagrados en la Carta Magna, como la igualdad de los españoles ante la ley o la seguridad jurídica, como sostiene el Tribunal Supremo en la cuestión de inconstitucionalidad planteada presentada a finales de julio pasado.
¿Acaso el TS va contra el interés general?
Viene a decirnos también la ponencia del TC que su papel no es hacer juicios de intención política. Por las mismas afirma que la ley no responde al capricho de Sánchez porque pretende mejorar la convivencia que es un objetivo de "interés general", justo cuando el televisado grito de "¡independencia!, ¡independencia!" vuelve a sonar en un acto oficial al que asistió el socialista Salvador Illa, presidente de la Generalitat a cambio de asumir una agencia tributaria propia de Cataluña, lo cual convenía a Sánchez para convertir milagrosamente interés personal en general, como Jesús de Nazaret convirtió el agua en vino en una boda.
Demasiadas ruedas de molino. No podemos dar por buena la forzada coincidencia de un oportunista interés particular (mantenerse en el poder) con un noble objetivo de interés general (pacificación de Cataluña). Y tampoco eso despejaría las dudas sobre el encaje constitucional de una ley reprobada por la sociedad española y por el máximo órgano jurisdiccional de uno de los tres poderes del Estado.
El tiempo político sigue siendo borrascoso para los intereses de Pedro Sánchez en vísperas de la manifestación convocada contra él para el domingo en Madrid. Las ruedas de molino del Tribunal Constitucional, las buenas cifras del empleo y la solidaria ojeada al genocidio de Gaza no sacan al Gobierno del atolladero porque sigue abierto el proceso de degradación que afecta a las cuatro esquinas del sanchismo.