Cancelar el sanchismo: cuestión de higiene democrática
Hasta medios afines al Gobierno entienden que la reacción al informe de la UCO no ha sido convincente ni completa, y no deja margen al mantra del "no es lo que parece"
Sánchez sobre Cerdán: "No debimos confiar en él" (EFE)
No era cosa de pedir perdón, sacar la manzana podrida, echarla a la basura, encargar una auditoría y asunto resuelto. Es el cesto. De rincones todavía inexplorados por la policía judicial. "Problema sistémico", dicen sesudos politólogos en su aproximación al escándalo de los tres parásitos (Ábalos-Cerdán-Koldo) infiltrados en el poder inversor del Estado ante la mirada cómplice o dormilona, que eso está por ver, de Pedro Sánchez.
Tampoco resuelve nada endosar el pecado al partido, como si el Gobierno fuera ajeno. O como si el sanchismo tuviera la buena costumbre de separar los dos ámbitos cuando ocurre todo lo contrario.
¿Hace falta recordar el tufo partidista de las ruedas de prensa de la Moncloa? ¿Han descubierto de repente que las cosas del partido se ventilan en Ferraz?
Cancelar cuanto antes el ciclo político iniciado con el salto a la fama de Sánchez (junio 2018), por las mismas razones que el mismo usó para tumbar a Rajoy, se ha convertido en una cuestión de higiene democrática que no se resolverá si se encomienda al "malmenorismo" de aliados y socios a modo de salvavidas frente a los escándalos que arrastra como ruidosos grilletes en los tobillos.
El dictamen no es exclusivo de los teólogos del PP, que en su órgano oficial recurren al dicho de que la putrefacción del pescado empieza por la cabeza. También se repica puertas adentro, donde resuena el grito de un dirigente socialista que compitió con Sánchez por la secretaria general en julio de 2014: "Hemos de ser demócratas antes que socialistas", nos dijo Eduardo Madina este jueves, durante la entrega del premio Rojana-Alfredo Pérez Rubalcaba a la organización "Save the Children", en acto presidido por Felipe González.
El malestar se oye y se lee en las habituales terminales mediáticas del Gobierno. Entienden que la respuesta de Sánchez al informe de la UCO no ha sido "convincente ni completa". Se lamenta al tiempo que el relato sobre las andanzas del Cerdán no deja margen para acudir al viejo mantra de que "no es lo que parece".
Es lo que parece: golpe mortal al corazón del sanchismo cuya supervivencia depende que sus aliados se conviertan en socorristas
Es lo que parece. Golpe mortal al corazón del sanchismo cuya flotabilidad depende de que sus aliados quieran convertirse en socorristas. Con asterisco especial para las organizaciones territoriales del PSOE, donde es palpable el fastidio por el empeño de Sánchez en seguir braceando hasta 2027 sin anticipar las elecciones generales. Supone optar por la muerte lenta, prolongando el desangrado del partido. Sus candidatos autonómicos y municipales lo pagarían caro en las urnas autonómicas y municipales de mayo de ese año.
No era cosa de pedir perdón, sacar la manzana podrida, echarla a la basura, encargar una auditoría y asunto resuelto. Es el cesto. De rincones todavía inexplorados por la policía judicial. "Problema sistémico", dicen sesudos politólogos en su aproximación al escándalo de los tres parásitos (Ábalos-Cerdán-Koldo) infiltrados en el poder inversor del Estado ante la mirada cómplice o dormilona, que eso está por ver, de Pedro Sánchez.