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Arde el PSOE: ¿A qué viene la ira contra Felipe?
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Antonio Casado

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Arde el PSOE: ¿A qué viene la ira contra Felipe?

La ira del sanchismo contra González calienta las vísperas del comité federal del PSOE y desmiente la tesis enlatada en Moncloa de que su histórico líder no representa a nadie

Foto: Felipe González, expresidente del Gobierno. (EP/Fernando Sánchez)
Felipe González, expresidente del Gobierno. (EP/Fernando Sánchez)
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La de Pedro Sánchez y Felipe González es la enésima querella personal en la zurrada historia del PSOE, que se calienta de cara al comité federal convocado para el sábado que viene. Salvando las distancias, me recuerda a la que enfrentó a Indalecio Prieto con Juan Negrín en el último tramo de la guerra civil y primeros años del exilio, aun con el recuerdo fresco de los 34 diputados socialistas asesinados por el régimen franquista (de un grupo parlamentario de 99).

Las hemerotecas nos han legado un durísimo choque de egos en torno al anticomunismo de Prieto (cabeza visible del partido en los primeros años de la posguerra) frente al colaboracionismo de Negrín (jefe del Gobierno hasta 1945). Pero también giró, y de qué manera, en torno a la gestión de fondos en ayuda de los exiliados, con duras discrepancias sobre las prioridades (traslados de exiliados o ayudas asistenciales, por ejemplo).

Se dijeron barbaridades. Mucho más gruesas que las que se dedican hoy sanchistas y felipistas. Pero me interesa el arsenal argumental de ambos y su traslación a la larvada guerra civil dentro del PSOE.

Ya digo que entonces el colaboracionismo estaba en el fondo de la controversia. Prieto contra Negrín, por su entreguismo a los comunistas, que podía reflejarse hoy en día en el acercamiento de Sánchez a todo lo que se mueve a su izquierda. Y Negrín contra Prieto por el supuesto "entreguismo" de éste a la monarquía (incluso a Franco, se llegó a decir), cuya extravagancia podría compararse con la no menos desquiciada acusación de que Felipe ha comprado el discurso del PP. Es la retahíla de reciente enlatado en la Moncloa. Pero no acaba ahí el paralelismo. A González también se le acusa, como a Prieto en su día, de hablar en nombre de "cuatro resentidos" y de no representar a nadie.

Foto: el-no-final-de-pedro-sanchez Opinión
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Esta fue su respuesta:

"Si no represento a nadie, el esfuerzo de sus gestos es completamente inútil ¿A qué combatir lo que no existe?". Y a renglón seguido: "Si mi propaganda carece de volumen, porque detrás no hay más que mi solitaria palabra, es lástima malgastar tanta energía en combates absurdos" (Risas)". Eso leo en el acta taquigráfica de su informe ante lo que quedaba del grupo parlamentario socialista (11 noviembre 1944, México).

Me parece pintiparado frente a las pedradas que le lanzan contra Felipe desde el entorno de Sánchez: traidor, desleal, pasarse a la derecha, petrificarse en el pasado y otras descalificaciones ad hominen. Incluidas las de algunos ministros. O la del propio portavoz del grupo parlamentario, Patxi López (no es el único) pidiéndole que se vaya del partido. Amén de las que le llegan desde las fuerzas que acampan junto a Sánchez en nombre de la izquierda y los independentistas.

A González le acusan de comprar el discurso del PP como a Prieto le acusaron de entreguismo a la Monarquía y a Franco

Tantos insultos y tantas frases oprobiosas contra el hombre que hizo del PSOE la espina dorsal de la democracia alumbrada tras la larga noche del franquismo, deberían ser un timbre de gloria para él. Como aquellos insultos y aquellas frases oprobiosas lo fueron para Prieto en la España expatriada por el fascismo en abril de 1939. Como un honor se tomó el "haber atraído la capacidad agresiva verdaderamente canallesca de quienes han vertido sobre mi toda clase de calumnias e injurias".

Para que no queden dudas el arriba firmante se adhiere a la letra y el espíritu de un reciente artículo del exdirigente socialista, Javier Lambán, profesor de Historia y expresidente de Aragón, cuando se refiere a la etapa de los gobiernos de González como "edad de oro del PSOE", y cuando llama a los militantes de hoy a defender la Constitución y la democracia por encima de todo.

La de Pedro Sánchez y Felipe González es la enésima querella personal en la zurrada historia del PSOE, que se calienta de cara al comité federal convocado para el sábado que viene. Salvando las distancias, me recuerda a la que enfrentó a Indalecio Prieto con Juan Negrín en el último tramo de la guerra civil y primeros años del exilio, aun con el recuerdo fresco de los 34 diputados socialistas asesinados por el régimen franquista (de un grupo parlamentario de 99).

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