"Algo hay que hacer para frenar el impulso hedonista a pensar solo en uno mismo y atender únicamente a los intereses más próximos", escribió en 1990 Victoria Camps, pensadora de referencia en el PSOE (' Virtudes Públicas', Espasa). La alerta iba dirigida al individualismo liberal, por su tendencia a caer en tales tentaciones. Treinta y cinco años después es de estricta aplicación al régimen "individualista" de Pedro Sánchez.
El arquitecto del "régimen" (certero Zarzalejos, como siempre), Santos Cerdán, está en prisión preventiva por conductas presuntamente delictivas que no pueden perpetrarse en soledad (pertenencia a organización criminal, cohecho y tráfico de influencias). Pero la cabeza visible de ese régimen personalista, disfrazado de socialismo democrático, se hace de nuevas. Uña y carne durante los siete años de su salto a la fama ¿y Sánchez se entera hace unos días de que el artífice de su pedestal (primarias, investidura y pacto de socorristas) estaba robando dinero público solo o en compañía de otros? ¿Es que el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE no tenía medios mejores de saberlo que preguntándoselo al propio Cerdán?
Ustedes mismos.
Sánchez lleva adosado a la barriga un cinturón de explosivos que le deja muy expuesto en los tribunales, el Parlamento y la opinión pública. Es cuestión de tiempo que le llamen a declarar como testigo o como imputado, como cómplice por activa o por pasiva. Se extiende cada vez más la sensación de que la desvergüenza aún no toca techo en un régimen acuartelado, cuarteado y tentado de improvisar ruidosas muestras de adhesión incondicional al líder. Y a sus socorristas parlamentarios se les hace cada vez más penosas las tareas de salvamento.
El vendaval no cesa. Rincones inexplorados de los vídeos chivatos de Koldo, investigación pendiente del patrimonio de Cerdán, confidencias de Sánchez a un Ábalos que quiere suavizar su horizonte judicial, supuestos delictivos de aplicación a más personas físicas o "jurídicas"(PSOE o Gobierno, por ejemplo) en relación con la financiación ilegal o el uso indebido de fondos europeos, causas abiertas a la esposa de Sánchez, a su hermano, a su fiscal general, a sus dos alter ego en el partido, etc.
Frente a todo eso, los defensores del "régimen" y sus cotorras mediáticas tratan al pueblo soberano como si fuera un parvulario. Su pobreza argumental potencia la sensación de escalada en la métrica del bochorno: Cerdán ya no es del PSOE, la UCO se deja utilizar en una conjura política, el partido reacciona con contundencia "y no como otros" (aquí la contundencia útil fue policial, judicial y de ciertos medios de comunicación).
"Sin fuertes vendavales creemos imposible se purifique la pestilente atmósfera que nos rodea" (Lucas Mallada, 1890)
Se dispara el quinielismo sobre el desenlace a la crisis. Desde una rebelión interna en el comité federal del sábado (ahí disparan con pistolas de agua) hasta los tanteos del PP con Junts por si cuadra una moción de censura de Feijóo, mientras en Moncloa siguen mimando a los costaleros vascos y catalanes.
La única salida verosímil a la escalada de la desvergüenza es convocar elecciones y dejar que las causas judiciales abiertas sigan su curso en aplicación del sano funcionamiento del Estado de derecho. Que hablen las urnas. Y que el PSOE se reencuentre a sí mismo en una operación de rearme político y moral que solo será posible desde la oposición.
En todo caso, termino con otra cita esclarecedora. En este caso, de Lucas Mallada (' La inmoralidad pública', escrito en 1890). A saber: "Sin fuertes vendavales creemos imposible se purifique la pestilente atmósfera que nos rodea".
"Algo hay que hacer para frenar el impulso hedonista a pensar solo en uno mismo y atender únicamente a los intereses más próximos", escribió en 1990 Victoria Camps, pensadora de referencia en el PSOE (' Virtudes Públicas', Espasa). La alerta iba dirigida al individualismo liberal, por su tendencia a caer en tales tentaciones. Treinta y cinco años después es de estricta aplicación al régimen "individualista" de Pedro Sánchez.