Al Grano
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El PSOE se echa tierra en los ojos
Por cosas mucho más graves que el empapelamiento judicial de su esposa Sánchez no se retira al rincón de pensar si vale la pena el vía crucis de su permanencia en el poder
Todo es instrumental en el PSOE de Sánchez. Despersonalización del poder y purga en la Ejecutiva. Borrosos indicadores de un supuesto propósito de enmienda. Incluye voluntad de rearme ético y guerra a los consumidores de prostitución. Pero el caso de Paco Salazar arruina lo uno (todas sabían que era un acosador). Y el mantra progresista de que "la mujer es dueña de su cuerpo" contradice lo otro.
Una forma de echarse tierra en los ojos. La patología es mucho más grave de lo que parece. Se llama crisis de credibilidad y cursa con distintos síntomas de descomposición. Pero el mal de fondo sigue ahí porque quien dicta la solución es quien ha creado el problema. Así que de nada van a servir las medidas adoptadas el sábado en el Comité Federal.
No hay un antes y un después de la inmoralidad detectada en el entorno del presidente del Gobierno (sus hombres de confianza, su esposa, su hermano, su fiscal general…). Es un suma y sigue, con heridas abiertas en los tribunales, en las policías judiciales (media docena de informes están en el telar indagatorio de la UCO), en el Parlamento, en la opinión pública y, por supuesto, dentro del propio partido.
Mal vamos si hacen falta unas tablas de la ley para infundir en un gobernante el deber de detectar y perseguir la corrupción en la distancia corta. Esa vocación ha de traerla de fábrica el gobernante. Y si la trae pero no la aplica por motivos personales (aferrarse al poder con todos los pronunciamientos en contra, por ejemplo), de poco servirá la purga en la Ejecutiva y unos retoques en el código ético.
Opinión Por cosas mucho más graves que el empapelamiento judicial de Begoña Gómez a Sánchez no se le ha ocurrido retirarse al rincón de pensar si vale la pena el vía crucis por cuenta de su irreductible vocación de permanencia en el poder. "Resistid conmigo: lo hago para avanzar", dice desde su narcisismo, sin atenerse a las reglas del juego democrático.
En vez de recabar la confianza de sus costaleros parlamentarios o dar la palabra a los españoles en las urnas, en el uso de sus facultades como presidente del Gobierno, ha elegido suicidarse a cámara lenta durante los minutos basura que le quedan a una legislatura arruinada. Nadie cree que dure los dos años que le faltan hasta su agotamiento reglamentario.
Opinión O sea, "morir a pellizcos", en ocurrente frase de Susana Díaz que, dicho sea de paso, ha tenido la decencia de no hurgar en el pucherazo perpetrado desde Ferraz contra ella en las primarias del PSOE andaluz (junio de 2021, frente a Juan Espadas, que era el candidato del trío Sánchez-Ábalos-Cerdán).
La misma decencia que está teniendo Emiliano García-Page, dirigente socialista con mando en plaza otorgado por los votantes, al no prestar oídos a quienes le retaban a expresar su disidencia en los órganos del partido. Ya lo hizo el sábado pasado de una forma civilizada, respetuosa y leal con su partido. Pero los mismos que le acusaban de no discrepar puertas adentro le tacharon entonces de "traidor", "desleal" "hipócrita" y de "comprar el discurso del PP", amén de invitarle a abandonar el PSOE, como ya hicieron con Felipe González.
Esta forma de guerracivilismo también en un síntoma de descomposición en el partido cuya pauta política e ideológica se confunde con la propia historia de España desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.
Todo es instrumental en el PSOE de Sánchez. Despersonalización del poder y purga en la Ejecutiva. Borrosos indicadores de un supuesto propósito de enmienda. Incluye voluntad de rearme ético y guerra a los consumidores de prostitución. Pero el caso de Paco Salazar arruina lo uno (todas sabían que era un acosador). Y el mantra progresista de que "la mujer es dueña de su cuerpo" contradice lo otro.