El Gobierno y sus terminales rastrean en el caso Montoro los elementos compensatorios que suavicen la pisada del paquidermo en una habitación que huele a podrido
Montoro, hasta en la sopa. Y de nuevo la asimetría argumental marca el culebrón del día. Fácil de entender y fácil de explicar. Es como una regla de tres. Solo en términos políticos (los judiciales tienen su propio recorrido). A saber: Ábalos es a Sánchez en el presente lo que Montoro fue a Rajoy en el pasado. No a Feijóo, ni en el pasado ni en el presente.
No se trata de reconvenir al PSOE en su carrera de sacos por empatar a desvergüenza con el PP. Y mucho menos de señalar al expresidente Rajoy con efecto retroactivo. Nada de eso. Se trata de volver sobre la infantil pretensión de blanquear la cordada Ábalos-Cerdán-Koldo (el corazón del sanchismo) por cuenta de la simbiosis Montoro-Feijóo que nunca existió.
Claro que es grave meter la mano en la caja común, impulsar rebajas fiscales al dictado de intereses inconfesables o abusar del poder del ministro para beneficiar a una trama. Antes y ahora. Pero lo cierto es que Feijóo no nombró a Montoro. Sánchez sí nombró a Ábalos y Cerdán en altos puestos de poder.
Disparar contra Montoro a estas alturas es disparar contra una tumba política. Más nos cundiría a todos aplaudir la reactivación judicial por unas conductas presuntamente delictivas. Y en todo caso cabría reprochar al PSOE y al Sánchez recién llegado a la Moncloa en el verano de 2018 que levantasen el cerco judicial y político que en vísperas de su moción de censura contra Rajoy ya acorralaba al ministro de Hacienda.
Lo cierto es que Feijóo no nombró a Montoro. Sánchez sí nombró a Ábalos y Cerdán en altos puestos de poder
Sin embargo, Gobierno, PSOE y sus terminales insisten en rastrear siete años después los elementos compensatorios que suavicen la pisada del paquidermo en una habitación que huele a podrido. "El caso del exministro del PP reequilibra la batalla política", titula "El País" en una de sus numerosas piezas sobre el culebrón. Es como cuando después de un clásico Madrid-Barça, el perdedor busca consuelo en sus victorias del pasado. O, al revés, como si el vencedor ya se sintiera repuesto de sus anteriores derrotas. De hecho, suele ocurrir. Pero el aficionado solo hace cabriolas con las victorias del aquí y ahora, sin llorar por las esquinas sus antiguas derrotas.
Simetría argumental, por favor. Es deshonesto rasgarse ahora las vestiduras porque la conducta de Montoro dañó los pilares de la democracia sin escandalizarse al mismo tiempo por parecidos ataques en la era de Sánchez, canjeables por posiciones de poder, colonización de instituciones o señalamientos a jueces ("fachas con toga"), periodistas ("pseudomedios" y "fabricantes de fango"), empresarios y "ultrarricos", dizque conjurados para bajarle del pedestal si antes no lo remedia el plan de "regeneración" urdido por los teólogos de la Moncloa.
El hermanamiento PSOE-PP incluye su endeble compromiso con la transparencia, siempre pregonado desde la Moncloa
Estamos ante la enésima ocasión malograda de valorar el papel de los funcionarios por encima de los vaivenes políticos. Antes y ahora caen en saco roto sus denuncias por injerencias en su trabajo. En el escándalo de la cementera CEMEX (corría el año 2013), una inspectora de Hacienda fue destituida por Montoro. Nada distinto a lo ocurrido con Lorenzo Serena, el funcionario navarro que denunció las arbitrariedades en la adjudicación de las obras del túnel de Belate a una empresa de Cerdán.
Así crece el mantra de que "todos son iguales", rentabilizado por las fuerzas extremistas. Y es que el hermanamiento PSOE-PP (cainita, claro) incluye su frágil compromiso con la transparencia, siempre pregonado desde la Moncloa, al margen que su inquilino fuera de un partido o del otro. Véase la elocuente coincidencia de VOX y Podemos contra el bipartidismo que debería representar esa insatisfecha sed de centralidad de los ciudadanos.
Montoro, hasta en la sopa. Y de nuevo la asimetría argumental marca el culebrón del día. Fácil de entender y fácil de explicar. Es como una regla de tres. Solo en términos políticos (los judiciales tienen su propio recorrido). A saber: Ábalos es a Sánchez en el presente lo que Montoro fue a Rajoy en el pasado. No a Feijóo, ni en el pasado ni en el presente.